Una amiga barranquillera me presentó a un señor que le decían ‘Zayas‘, que buscaba gente para participar en El show de Cristina, uno de los programas más vistos en el continente. El punto es que no había necesidad de sufrir una tragedia familiar, una infidelidad o algo por el estilo, lo que necesitaban eran personajes que se prestaran para un montaje y que tuvieran vigentes sus visas americanas.

Junto a mi suegra, mi esposa y mi hermano decidimos aceptar la oferta y viajamos a Miami. Nos pagaron los tiquetes, nos recogieron en limusina y nos hospedaron en uno de los mejores hoteles de la Florida. Allí nos dieron el libreto que teníamos que cumplir: El melodrama que teníamos que contar consistía en una historia tipo Romeo y Julieta moderno donde yo me peleaba con mi hermano por una mujer (mi actual esposa) y bajo el beneplácito de la mamá (mi suegra).

Armamos toda la novela, la idea era estar tres días en Miami y grabar en la tarde del último día. Nos atendieron como reyes, nada nos faltó y hasta viáticos nos dieron. El día de la grabación nos llevaron a los estudios de Univisión, había mucha gente pero a los que nos tocaba exponer nuestras "miserias" humanas nos ubicaron en otro lugar, sin dejar de recalcarnos la importancia de hacer bien el papelón.

Conocí a Cristina un minuto antes de salir al escenario, los cuatro estábamos sentados frente a las cámaras y mi función era la del "pendejo", ya que era el que estaba en la mitad de las dos familias y el que supuestamente me iba a casar a escondidas.

Cristina se encargaba de hacernos preguntas para caldear los ánimos y obligarnos a mi hermano y a mí a irnos a los golpes. Ella agitaba más el conflicto y les hacía señas a los encargados de la seguridad, que estaban detrás de nosotros, para que hicieran la pantomima de tratar de separarnos cuando fingíamos que nos íbamos a agredir.

Nunca supe con toda honestidad si Cristina supo si todo era un montaje, a la hora del té el que hacía toda la vuelta era el tal ‘Zayas‘. El punto es que dijimos mentiras ante más de 300 millones de personas en un programa que repitieron muchas veces y que vieron en Europa y Australia.

Todos nuestros conocidos en Barranquilla se sorprendieron al vernos echar todo ese rollo en El show de Cristina, ya que somos una pareja que nos llevamos muy bien y mi suegra es una bacana. Después de nuestra intervención en el programa le correspondió cantar al dúo Pimpinela y para seguir con la farsa, lo hicieron con pista.

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