“Jugando con Parma, tuvimos un partido en Suecia. Después de almorzar, tocaba dar una caminata, y en el hotel había un lago. Me fui con Apolloni, y le dije que diéramos una vuelta en un bote que había por ahí. Cuando llegamos al muelle, le tiré la cuerda para amarrarlo, y Apolloni no lo amarró. Cuando salté caí en el fondo del lago, que estaba helado, salí empapado y me fui corriendo. Tenía que dar una entrevista a unos periodistas, y ellos con Scala (el técnico) me vieron entrar al lobby del hotel emparamado, pisando y dejando charcos de agua. Les dije: ‘Ya vengo’, subí al cuarto a cambiarme de ropa y a secarla con la calefacción. Ese día íbamos perdiendo 1-0 y ganamos 2-1 con goles míos. Desde entonces me molestaban con el lago, que siempre me tenían que meter a un lago para hacer goles”.



“En los Olímpicos de Barcelona 92, faltaba un partido, y estábamos todos en la Villa Olímpica, concentrados. Una tarde, Bolillo, Juan José Peláez y Elkin Sánchez se fueron dizque a caminar para planear el partido, y desde lejos fueron viendo que había mucha algarabía en una especie de discoteca, para los deportistas que ya estaban eliminados de otros deportes. Se fueron acercando y vieron que había un círculo grande de gente haciéndole ‘barra’ a un tipo bailando break dance. El Bolillo decía: ‘Ve, quién ese que baila tan bacano’, y cuando se acercaron más, era Harold Lozano. Se imaginarán el regaño. Más pillao…”.



“En esos Olímpicos, Bolillo metió a Cañas (Ómar ‘el Toro’ Cañas) y nadie sabía que estaba gordo. Él entrenaba con sudadera. Y cómo sería que Bolillo le dice a Elkin Sánchez, ahí en la banca: ‘¿Quién es ese gordo que está en la punta?’. ‘Pues Cañas, el que acaba de meter’, le respondió. Y Bolillo le gritó: ‘Vení, Cañas, salite, prefiero jugar con 10’. Ese Cañas, que terminó asesinado, es uno de los mejores jugadores que vi en mi vida, qué berraco para jugar”.



“Una vez lloré de rabia, porque Scala (técnico de Parma) no me dejó jugar en Wembley, era la final de la Cup Winners’ Cup. Y lloré, porque 15 días atrás tuve que enterrar a mi mamá. Fue un mes muy complicado. Fui a jugar, y no me puso porque no le dio la gana. La orden del dueño del Parma era que yo jugara, pero no me metió. El día que más dolor me dio en mi carrera, creo yo. Hoy en día, la relación con él es buena”.



“En Newcastle, uno de los que más mamaban gallo era Alan Shearer, era muy bromista. Un día estábamos en un hotel de Londres, íbamos a jugar contra el Arsenal, y yo oía un ruido en la puerta de mi cuarto, como que la arañaban. Cuando miré por el huequito, oí que algo había caído al piso, y era el vidrio del ojo del puerta. Cuando miré por ahí, me metieron un chorro de agua en el ojo, casi me mata, y salí a perseguirlo por todo el hotel… en las concentraciones hay muchas bromas. Es parte de convivir tanto tiempo”.



“Después del 5-0, fuimos a un restaurante en Buenos Aires que se llama Los Años Locos. Invité a Mondragón, a Aristizábal y a Carepa, y comimos con Bilardo, Menotti y muchos más. Recuerdo que cuando entramos al restaurante toda la gente nos empezó a aplaudir. Muchos argentinos aplaudiéndonos. Fue muy emocionante”.

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