¿Qué tienen en común El Quijote, Benny Hill y La Luciérnaga? ¿Por qué nos producen risa las aventuras de un caballero andante escritas hace cuatro siglos, las caras de idiota de un comediante inglés o una buena imitación de un personaje público?
Samuel Johnson contestó a esta pregunta hace muchos años cuando afirmó que el hombre ha sido sabio de diferentes formas pero siempre ha reído de la misma manera. Probablemente no ha reído por las mismas razones, pero lo ha hecho de forma similar. Las carcajadas no tienen idioma y un payaso de un circo ruso es un buen ejemplo de cómo europeos, asiáticos y suramericanos pueden reír sin entenderse entre ellos. Por ello, intentar analizar el humor es como abrir un canario para saber porqué canta. Nos quedamos sin saberlo y el canario muere. Pero nada más universal que el humor. Y nada tan humano y tan connatural a nuestra condición. Una de las cosas que más llama la atención cuando se conocen otras culturas es comprobar que para reír o para encontrar de qué reír, no hay fronteras. Los chistes políticos cambian de lugar pero no de fondo. La estupidez de un gobernante se manifiesta con los mismos chistes, cualquiera que sea el lugar donde gobierne. Por algo decía Mark Twain que Adán fue el único hombre que cuando dijo algo chistoso sabía que nadie lo había dicho antes.
El hombre ha sido definido por muchos autores como el único animal que ríe. Sin embargo Bergson hizo una acotación inteligente cuando afirmó que el hombre es el único animal del cual se ríen. Es verdad. A nadie se le ocurriría reírse de un perro que cojea o de una abeja sin alas. El hombre, por el contrario, ríe de los demás y ríe de sí mismo, y quien se ríe de sí mismo, logra de alguna manera evitar que se rían de él. Con razón Bernard Shaw aseguraba que no existe satisfacción en ahorcar a un hombre que está de acuerdo con que lo ahorquen.
El humor es, pues, profundamente humano y en muchas ocasiones inhumano. Reímos de nosotros o de los otros. Los defectos físicos, los errores de comportamiento o las equivocaciones pueden producir una explosión de risa que actúa como remedio o paliativo. Reímos de la felicidad de no tener que llorar. Alguien dijo que el sufrimiento del hombre es tan profundo que tuvo que inventarse la risa. Inclusive las lágrimas, que son a la vez antídoto o confirmación de la risa, también son exclusivas del ser humano. Al menos como tales, es decir, como respuesta corporal al dolor o a la risa. Es una lástima que así como la cebolla nos hace llorar, no exista un vegetal que nos haga reír. La risa es, además, una de las maneras más efectivas para entender a una persona, y, de hecho, saber qué cosas encuentra risibles es en cierta medida una forma de conocerla.
El humor suele ser una radiografía de la personalidad. Enamorarse de alguien cuyo sentido del humor es diferente al nuestro es, por decir lo menos, difícil. La risa une y desune. Por supuesto que existen situaciones que son divertidas para la mayoría de los seres humanos. Pero si algo produce risa en nosotros y no la produce en nuestro compañero, en muchas ocasiones esto constituye síntoma de futuros desacuerdos. Discutir con alguien es mucho más fácil y sencillo si se comparte el sentido del humor.
Por ello, el humor es parte fundamental y necesaria de la vida. Y la vida sin risa sería una equivocación. O una tragedia.
Hace algunos días, mientras leía un periódico en una cafetería un sábado por la mañana, leí el siguiente aviso:
"La ciudadanía en general le solicita y encarece de manera especial a los diferentes tipos y modalidades de delincuentes que operan en el país, tales como atracadores, rateros, apartamenteros, secuestradores, violadores, guerrilleros y al hampa en general, abstenerse de ejercer sus actividades delictivas en los horarios no autorizados por el Gobierno para el porte de armas".
No sé quién pudo haber redactado este aviso. No he intentado averiguar quién se tomó el trabajo de pagar unos pesos por publicar este mensaje. Pero quien haya sido, y ojalá pueda leer este artículo, es sin duda una persona con sentido del humor. Porque redactar y pagar un aviso con el único propósito de reír y hacer reír a alguien es el verdadero sentido del humor. O mejor. El verdadero sentido del sentido del humor.

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