Por cuenta de mi trabajo estoy familiarizado con la nueva toxina botulínica pura desde hace ya un buen tiempo. Mejor dicho: sabía que existía, había escuchado algunos testimonios de compañeros que se la han aplicado, pero seguía pensando, equivocadamente, que el tema de la estética y el cuidado del cuerpo era algo femenino. Es una creencia arraigada en el hombre eso de que la vanidad es cosa de mujeres. Pero estamos equivocados.

Hasta hace apenas unos meses estaba convencido de que la toxina botulínica servía solo para poner la piel tiesa y dejar la cara desfigurada, tal y como uno ve en las revistas o en televisión a esas señoras a las que no se les mueve un solo músculo. Pero el deseo de verme bien, sumado al hecho de que conocí la última generación de toxina botulínica alemana con efecto natural, me convenció de que podía aplicarme el producto y tratar de ganarle un ciclo más a la vejez.

Cuando al fin me decidí, no sentí miedo. En el fondo, estoy convencido de que uno tiene que experimentar cosas nuevas. El caso es que me apliqué la primera inyección hace 15 días. Lo hice, más que todo, por prevención: tengo 32 años y aunque uno piensa que a esta edad todavía tiene todo bien puesto, la realidad es muy diferente.

Me pusieron la inyección en la frente y arriba de los pómulos, donde salen las famosas patas de gallina. La verdad, es superfácil, un procedimiento sencillísimo que no produce dolor ni deja ninguna cicatriz. No se nota. El resultado dura unos seis meses, más o menos, y luego cada quien decide si vuelve o no a aplicárselo, según como le haya ido. Yo, que ya he visto los resultados, no tengo duda de que seguiré haciéndomelo.

Lo sorprendente es que el efecto es inmediato. En mi caso, al día siguiente ya me veía la frente sin arrugas. Cuando le comenté a mi mamá que lo había hecho, me dijo que casi ni se notaba; lo único que veía, eso sí, era que arrugaba menos la cara cuando fruncía el ceño, por ejemplo. Ya no se me ven arrugas cuando lo hago.

Está claro que envejecer es algo que inevitablemente nos sucederá, y eso nos llevará a tener una calidad de vida más baja, más triste. Es así, aunque nos cueste aceptarlo. Creo que hay que disfrutar la vida, y si uno puede sentirse joven, ¿por qué no hacerlo? En mi caso, no hay duda: esta es una de las mejores cosas que he podido hacerme. ¿Qué tal si lo prueba usted?.

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