Dichosa esa que tiene a su lado un hombre bruto que no anda por la vida creyéndose dios e insultando y descalificando a otros seres humanos, como el inteligentísimo y preparadísimo Juan Carlos Echeverry, porque de ellas será el reino de los cielos en la tierra. Alabados sean aquellos hombres que no quieren dominar el mundo y que se conforman con lo que la vida les va dando, así no sea la hembra que sale por la televisión ni el puesto de poder que los ?inteligentes? quieren o tienen ya, y desde el cual acaban con la vida de todos los que se atraviesen en su camino al éxito. Larga vida a todo obtuso que define la palabra éxito como ?un supermercado francés o paisa en el que vivió una escritora (muy guapa, por cierto).

Bendecida sea esa chica que anda con un básico porque, al hablar, su macho la escuchará y, sin importar cuán inteligente sea, será tenida en cuenta en las reuniones sociales y hasta a lo mejor tenga espacio para hablar de fútbol, política y otras cosas que para los ?inteligentes? no son temas sobre los que una hembra pueda opinar.

Hermoso el día en que la naturaleza echó al hombre bruto al mundo y lo dotó con mucha fuerza y poca astucia. Afortunada la mujer que esté con un cromañón que la agarre con pasión y se la coma sin pensar o, mejor aún, sin intervenir en la mitad del coito con una cita poética o con una insoportable frase existencialista de artista incomprendido, porque de ella será el reino del placer, sin más vericuetos que los de la piel.

Bienaventurada esa que encuentre a un hombre bruto que no calcule nada, que le diga que la quiere cuando sienta que la quiere, y que la llame cuando sienta que quiere oír su voz, porque no se cree un mariscal de campo, ni Alejandro Magno, y no sabe nada de estrategias ni de tácticas. Bendecida la hembra que lo acompaña por la vida sin tener que casar peleas y dar batallas como si fueran Frank y Claire Underwood.

Bienaventurada toda aquella que salga con un hombre bruto, por cuanto no tendrá que soportar ese tipo de charla que surge luego del cine con uno inteligente. Qué dicha un hombre que no quiera comentar la película, que no pretenda explicarnos la diferencia entre un plano medio americano y uno italiano y que solo quiera meterse a un cine para poder cogernos la mano. Ese al que no le importa pararse en la mitad de la peli para traernos crispetas, ni que tampoco tiene que ver todos los créditos del film para sentirse satisfecho.

Suertuda, incluso por poder compartir un auto con un hombre que no quiere dominar el universo, por cuanto tendrá el placer de manejarlo en carretera y de llevar otras riendas de su vida que el llamado hombre inteligente nunca cederá.

Bienaventurada esa chica que no se preocupa por ser convertida en un trofeo para su brillante esposo, que, de tan brillante, tiene complejo de ñoño y necesita demostrarle al mundo entero que es capaz de levantarse una hembra digna del más alfa de los alfa y que incluso ella gira en torno a él (porque, como en tiempos arcáicos en que se pensaba que la Tierra era el centro de todo, el macho inteligente cree lo mismo).

Afortunada ella, que puede impresionar a su hombre con cualquier ocurrencia porque, de tan bajita que está la vara, ella se va por encima del nivel. Lástima, eso sí, que a la largavaya a terminar aburriéndose, quiéralo o no.

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