Se ha hablado de la película En busca de la felicidad como una historia de la pobreza a la riqueza, pero para mí fue mucho más que eso. Detrás de lo que la gente vio en el cine, donde Will Smith interpretaba la vida de un joven que tenía que dormir en las calles con su hijo, y que a fuerza de tenacidad soñaba con trabajar en Wall Street, está la verdadera historia de todo: el sueño de darle a mi hijo todo lo que nunca tuvo, un papá. Eso no tiene precio. Yo nunca conocí al mío, pero crecí al lado de un padrastro que se empeñó en recordármelo con frecuencia: “Tú no tienes un papá”, me decía, incluso me apuntaba con su escopeta y me lo recalcaba. Fue desde entonces, a los cinco años, que me prometí a mí mismo que nadie tendría la posibilidad de hacerle eso a mi hijo. Y me propuse superar todas las adversidades.

Por eso fui osado y persistente, cualidades que adquirí desde muy pequeño gracias a las palabras de mi madre, quien todos los días me decía: “Hijo, tú puedes hacer lo que quieras o ser quien quieras en la vida”. Me enamoré de la música y me convencí de que iba a ser Miles Davis. Pero no funcionó. Y empecé a pensar cuál sería mi botón. Hay un botón que uno oprime para prender la luz, para prender la televisión, y hay un botón adentro de cada uno de nosotros y yo tenía que encontrarlo. ¿Qué era lo que me podría prender de la misma manera que me prendía la música? Y ahí fue cuando descubrí a Wall Street. Eso era lo que iba a hacer con mi vida. Recuerdo la primera vez que entré a un cuarto de intercambio de Wall Street, lo sentí, ahí estaba mi botón. Eso fue a los 27 años. 
Mi historia en la película es diferente a mi libro, en la película mi hijo sale como si tuviera cinco años, pero en realidad esa escena del baño de un metro, donde yo duermo junto a él porque no había donde más dormir, ocurrió cuando él tenía 14 meses. Todavía estaba en pañales y yo no tenía a dónde llevarlo. Estuve con un bebé deambulando por las calles de San Francisco durante este periodo de mi vida. Solo eso hace que todo cambie. 
 La fe y la confianza en las palabras de mi madre ayudaron a que yo supiera sobrellevar los momentos difíciles, porque los hubo y siguen existiendo. Ella se mudó al cielo hace 17 años pero cada día de mi vida sigo hablándole. Oigo sus palabras: “Los pequeños pasos también cuentan”, decía. 
Siempre supe que yo podía lograr mis metas. Así que cuando finalmente me dieron el trabajo en la firma de inversiones tuve ganas de seguir trabajando. Si había llegado hasta allá podía llegar a cualquier sitio, y así sigo pensando. Si eres realmente apasionado, las oportunidades son tan grandes como el cielo, y el cielo es más grande de lo que la imaginación permite visualizar. Yo luché por lo que quería y lo sigo haciendo, esa es la clave de la vida.
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