Por culpa de un error médico nací sin brazos y hoy tengo una estatura de un metro con 20 centímetros. A mi mamá le dio trombosis cuando tenía un mes de embarazo y los doctores se equivocaron en la dosis de la droga y eso ocasionó mi malformación, pero me doy por bien servido ya que por poco me muero. Para acabar de completar, en el parto llegué en una mala posición, me enredé en el cordón umbilical y quedé con una pierna más larga que la otra.

Según me cuenta mi madre, no tuve problemas para adaptarme al hecho de no tener brazos. El tetero lo tomaba sosteniéndolo con los pies, y a punta de agilidad aprendí a caminar y a salir adelante.

Soy el mayor de cinco hermanos que nacieron normales, y a mis 31 años tengo una vida normal, con novia, y mi lugar de trabajo desde hace 13 años es el semáforo de la 92 con 15.

A medida que fui creciendo tuve la oportunidad de ir a un colegio de discapacitados que manejaban unos extranjeros y era gratuito, allí me enseñaron a "sobrevivir" y aprendí a leer y escribir. Mi pie izquierdo es mi principal herramienta, para todo uso mi zurda, incluso para jugar microfútbol en el torneo del barrio. Juego como cualquier persona, me dan duro y doy y no me amilano, incluso he anotado varios goles y gambeteo muy bien.

Cuando mi mamá tuvo a mi último hermano la situación económica se volvió insostenible y la calle se convirtió en un escenario para conseguir dinero. Una amiga me sugirió que trabajara en el 20 de Julio, allá desde las 5:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde me sentaba en el piso cerca a la iglesia, me quitaba los zapatos y empezaba a pedir plata, en un día bueno me hacía 50.000 pesos.

Luego mis hermanos llegaron a la zona de la carrera 15 con 92, donde hay más gente de plata, y me vine con ellos hace ya 13 años. Recuerdo que en mi primer día de trabajo me dio mucha pena pedir, no era lo mismo que en el 20 de Julio, acá me tocaba hablar, pasar carro por carro y no era fácil decir: "¿Me colabora con cualquier monedita?".

Llego a las 10:30 de la mañana, desayuno en una cafetería del sector y empiezo a las 11:30 a trabajar. En un cambio de semáforo alcanzo a cubrir unos siete carros y a pesar de mi estatura la gente es prudente y nunca me han atropellado. Mi jornada termina alrededor de las 6:00 de la tarde y regreso a mi casa en la moto de mi hermano, obviamente como parrillero y sosteniéndome con las piernas, aunque a veces me toca coger bus hasta el sur de la ciudad.

En mi trabajo hay días buenos y malos, la plata siempre llega, pero lo más duro es aguantarse la humillación de la gente. Muchas veces corren el carro, me cierran el vidrio en la cara, no me contestan y lo ignoran a uno. Eso duele, pero a veces no les paro bolas. De igual forma hay gente muy buena que me regala ropa, comida, y jamás olvido la vez que una persona me dio 200.000 pesos. También he conocido a muchos famosos como Álvaro Lemon el ‘Hombre Caimán‘, que pasa mucho por este sector y no me falla con la propinita.

Cuando llueve el "negocio" se daña y toca meterme en los restaurantes a esperar que escampe; cuando hace sol hay que trabajar y aguantarse la quemada ya que no hay plata para bloqueadores solares y no uso gorras porque no me gustan y me pica la cabeza.

De mi cotidianidad les cuento que abro la llave de la ducha con la boca (mi otra gran herramienta), puedo tener una vida sexual normal, incluso me dicen que soy buen amante. Cocino con los pies y para hacer un huevo lo parto con mi pierna zurda, me subo a la mesa y con agilidad caliento el fogón y me preparo lo que quiera. También me lavo los dientes, me afeito solo y soy buen bailarín.

Lo que no puedo hacer solo es amarrarme los zapatos, enjabonarme en la ducha y la limpieza a la hora de ir al baño, ahí me ayudan mis hermanos y mi novia. Lo que sí les quedo debiendo son los abrazos, no puedo darlos pero los recibo.

Vivo agradecido de la vida, tengo salud, trabajo y una familia que me quiere y respeta. No tengo hijos pero estoy enamorado de Aura, una niña maravillosa que es ciega y trabaja en el otro semáforo de la 92. Nos amamos y es un gran apoyo para mi vida.

Me gustaría aprender a nadar, pero mi gran sueño es pintar. Lo he tratado de hacer pero vale mucha plata y aprovecho esta oportunidad para solicitar la ayuda de alguien que me quiera enseñar a hacerlo. En la vida hay que tener paciencia, no acomplejarse por nada. Eso lo tengo claro. Los espero en mi oficina: el semáforo de la calle 92 con 15.

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