Jorge Luis Pinto soñaba desde niño con ser director técnico de Millonarios y lo cumplió muy pronto, cuando tenía 32 años: en 1984 debutó en el banco del equipo capitalino. Trabajó después en Santa Fe, Unión Magdalena, Deportivo Cali, Atlético Bucaramanga, Atlético Junior, pero su primer título lo obtuvo en 1997 con Alianza Lima, en Perú. Luego vendrían otros títulos con el Alajuelense de Costa Rica, el Deportivo Táchira en Venezuela y, claro, el único que ha logrado en Colombia: con el Cúcuta Deportivo hizo una campaña perfecta en 2006 que le significó su nombramiento como director técnico de la Selección Colombia. Sin embargo, allí no tuvo una buena campaña. En la Copa América de Venezuela 2007, el equipo quedó eliminado en primera ronda, y en las eliminatorias al Mundial de Sudáfrica 2010 fue relevado tras la goleada 4-0 contra Chile. Su revancha vino después a nivel de selección, tras ganar la Copa Centroamericana con Costa Rica, llevar a este país a un Mundial después de ocho años y, como si fuera poco, alcanzar los cuartos de final, la mejor posición en su historia. Al primero que le calló la boca fue al periodista Carlos Antonio Vélez, quien se refirió despectivamente al equipo centroamericano, menospreciando cualquier aspiración en el certamen.

Pinto nunca pasará desapercibido. Es un personaje que genera amores y odios, y ni siquiera la gloria que alcanzó en el Mundial de Brasil ha estado intacta: una vez la Federación costarricense anunció que no se le renovaría su contrato, sus antiguos asistentes y algunos jugadores hablaron de su maltrato en el vestuario, de roces con el arquero Keylor Navas. En la rueda de prensa de despedida, Pinto dijo que llevaba más de un año conviviendo con la deslealtad de sus asistentes. Su petición para seguir no era un asunto económico, quería tener sus propios asistentes.

Solo un día después de eso, consigo verme con él en el aeropuerto Eldorado de Bogotá. Tenemos un par de horas para hablar antes de que se suba a un avión que lo llevará a Mannheim, Alemania, donde es uno de los invitados al Congreso Internacional de Entrenadores. Estará al lado de Joachim Low, el técnico campeón del mundo. Pinto hablará de cómo un equipo que no estaba en los planes de nadie estuvo a una tanda de penaltis de jugar una semifinal contra Argentina.

Después del anuncio de que no va a renovar con Costa Rica, algunos jugadores y sus asistentes han salido a criticarlo. ¿Qué piensa de eso?

Después de lo que me hace Wanchope (asistente técnico) yo no podía seguir, ni loco. Pienso que, en principio, la lealtad es lo más importante y no había lealtad.

¿Wanchope quiere quedarse con su puesto?

Sí, claro, es obvio. No les decía nada a los jugadores, fue muy complaciente. Lo que yo sufrí ese tiempo fue durísimo. Y lo mínimo que yo pedía era seguir con unos asistentes de mi confianza.

¿Por qué Wanchope no fue leal?

En ninguna de las decisiones que tomé en el Mundial —y lo digo públicamente— Wanchope estuvo de acuerdo. El esquema y todas las decisiones que yo tomaba, él no las apoyaba. Así era muy duro trabajar, imagínese ese ambiente.

¿Y él qué le decía al ver los resultados positivos durante el Mundial?

Nada, no toquemos ese tema. En la rueda de prensa en la que se anunció que yo no seguía, dije lo que tenía que decir. Ellos quieren buscar que Costa Rica no me quiera, pero al pueblo no se le puede mentir ni engañar. Están mintiendo, engañando, pero en chismes no me meto.

¿Cómo era su relación con los jugadores?

Muy buena. Es que en el fútbol no todo es belleza, todos se equivocan, yo tengo necesidades de corregir y a algunos les molesta. Pero no me vengan a decir que no había buena relación. Tácticamente, 10 puntos; corriendo, 10 puntos; luchando hasta el final por cada partido, 10 puntos, ¿y ahora resulta que están bravos conmigo? Es una contradicción. Al pueblo no se le miente.

Uno de los que más lo criticaron antes del Mundial fue Carlos Antonio Vélez. ¿Qué piensa hoy de esas críticas?

No fui al Mundial para demostrarle algo a alguien, y menos a Carlos Antonio Vélez. Fui para mostrarle al mundo que mi trabajo tiene prestancia, categoría, y fue el mejor momento que me dio la vida. Esa es la satisfacción que tengo. Muchos me criticaban, pero el Mundial es lo mejor para decirle al mundo que mi trabajo sí tiene validez.

¿Se vio con Vélez en el Mundial, se lo encontró por allá?

No. Es que hablar de él ya no vale la pena. Para mí, él no tiene la menor importancia ya. Hablemos de otros temas que sí valgan la pena, por favor…

¿Usted está pendiente de lo que dice la prensa?

No, nada. No oigo radio, no leo prensa y no veo noticieros, o si los veo es muy poco. Además, en el Mundial no había tiempo para eso. Si he mirado Internet un par de veces, es mucho.

¿Hay un periodista deportivo que admire?

Barraza, Jorge Barraza. Me encanta el concepto que tiene del fútbol.

¿Cómo preparó usted los partidos, cómo hizo para estudiar a sus rivales?

Yo tenía cinco videos de los ataques de un solo equipo y cinco en los que solo se veían las defensas del mismo equipo. Por eso uno va viendo cómo atacarlos y cómo defendernos. Personalmente hice esquemas en los que sabía cómo atacar a Italia, a Inglaterra y a Uruguay.

¿Y de la teoría a la práctica se cumple todo? ¿Así tal cual pasó?

Tal cual. A Italia los tapamos. Yo sabía que un pelotazo de Pirlo me ganaba el partido, que un centro de Candreva podía dejar mano a mano a cualquiera. Candreva es el jugador que más ponía balones para dejar mano a mano a los delanteros antes del Mundial y en nuestro partido solo alcanzó a poner uno. Para eso sirven los videos.

Entiendo que usted venía estudiando a Pirlo desde muchos años antes de ese partido…

Le he seguido la pista desde que me acuerdo no solo para aprender a marcarlo sino por verlo, porque lo admiro, me encanta ese tipo de jugador. Tan es así que tengo una anécdota muy buena con Campbell (jugador de Costa Rica): él cambió la camiseta con Pirlo y Prandelli (DT de Italia) me mandó la camiseta de Balotelli, y entonces le dije a Campbell en el camerino: “Cambiemos de camiseta, yo me quedo con la de Pirlo, hágame ese favor”, tomándonos el pelo.

¿Contra Italia qué otras cosas tenía planificadas que le salieron bien?

Manejé cuatro conceptos: 1. Les llené la zona central del campo para que ni Pirlo ni De Rossi recibieran la pelota. 2. Por si acaso Pirlo iba a recibir, lo presionaba cualquiera para impedirle que acomodara el balón y tocara. 3. Si él recibía y acomodaba, le tapábamos el perfil para que no pudiera lanzar el balón sino que simplemente tocara al lado o hacia atrás. 4. Si llegara a ganar la posición y lanzar el balón, la línea de cuatro defensas o la achicaba o le agrandaba, para dejar a Balotelli en fuera de lugar: en ese partido, Balotelli quedó 14 veces en fuera de juego.

¿En algún momento sintió que sus planes no funcionaban?

Recuerdo uno que ratificó todo mi trabajo: el primer tiempo contra Uruguay. Era el primer partido y nos fuimos al descanso perdiendo 1-0. A todos les pedí calma, equilibrio, no moví el equipo, todo el mundo pensó que iba a hacer muchos cambios, pero no. Estoy convencido de que los esquemas se hacen para jugar en los mundiales, no para raticos, no para cambiar porque sí. Al final ganamos 3-1.

¿Y todo eso que usted estudia es fácil de que los jugadores lo entiendan?

Ahí está el éxito. Por ejemplo, sabíamos cuál era el jugador al que más se le podía atacar en el mano a mano. En Italia había dos: uno que no jugó, De Sciglio, y el otro, Chiellini, que por lo pesado y grande se le podía sacar mucho provecho en eso. Y así fue.

Para que todo el mundo lo entienda, dígame aspectos básicos, elementales, para ver el fútbol como usted lo hace…

El fútbol se maneja a dos momentos: el tiempo y el espacio. Y a esos dos momentos usted los mira en ataque o en defensa. Se ataca y se defiende bajo principios de individualidad y colectividad, y ambos los trabajo yo. Alguna vez dijo Freddy Rincón en la revista Caras —y lo digo con humildad— que todos los ejercicios que se hacen hoy, el profesor Pinto los viene haciendo hace 15 años.

Hoy en día cada vez es más parejo el fútbol: Alemania casi no le gana a Argelia, Argentina le ganó a Irán en el último minuto… ¿es por los técnicos?

Antes, los chicos no se preparaban bien y no tenían roce competitivo. Empecé a valorar a Italia, a Inglaterra, a Uruguay por medio de sus jugadores que están en Europa. Yo veía mucho fútbol inglés y decía: “Este juega en Manchester, vamos a mirarlo; este otro, en Juventud”, y así. A Cavani (uruguayo) lo vimos mucho, por ejemplo. Me sabía todos sus movimientos.

Muchos técnicos exitosos como Van Gaal o Mourinho ganan siendo muy defensivos…

No me parece. Uno de los estudiosos más profundos, el técnico Rinus Michels, creador de “la naranja mecánica”, dice que el fútbol parte de un orden defensivo. Me río de aquellos que dicen que se defienden mucho. Italia ha ganado varios mundiales partiendo de un concepto defensivo. Alemania, el campeón, partió de ese concepto. Eso no quiere decir que no se ataca, no. Mis entrenamientos son 50 % ataque y 50 % defensa.

Usted jugó en el “grupo de la muerte”, ¿cuál fue el partido más duro de todos?

Para mí, el partido más complicado no fue en la primera ronda sino contra Grecia, en octavos. Ese fue el más duro de todos, por todas las connotaciones. Era un equipo que fue a defenderse y a contragolpear. Nosotros íbamos bien en el 1-0, pero la expulsión nos complicó y ahí tomó otra cara el juego. Al final ganamos por penaltis.

En ese partido usted se veía especialmente tenso….

Fue duro, en un momento miré hacia la banca y le dije a uno de mis jugadores: “Prepárese que va a entrar”, pero todos me dijeron: “Pero si ya hizo los tres cambios”. Son cosas del fútbol.

¿Lo cogió de sorpresa que en el partido contra Holanda le cambiaran al arquero para la definición de los penaltis?

Es cierto que valoramos mucho al arquero titular, miramos qué penaltis había tapado y cuáles no, pero también las características de los cobradores. No le dimos trascendencia a eso. Íbamos con el convencimiento de cobrar bien y de que Keylor (arquero de Costa Rica) en cualquier momento tapaba un penalti. Estábamos seguros. Fallamos en los cobros, eso es todo.

¿Sintió que le podía ganar a Holanda?

Claro. Faltando cinco minutos del alargue me pasó algo curioso. Yo acompaño los ataques, los de mi equipo y los del otro equipo, y en uno de esos fui caminando muy allá, casi cerca del área y regresé riéndome. Un jugador de Costa Rica se paró del banco y me dijo serio: “Usted de qué se ríe”, y le dije: “De los espectaculares achiques que está haciendo el equipo”. Era cierto, fue algo inconsciente, pero tal y como lo había planeado antes del juego.

¿Vio el partido de Brasil contra Alemania?

No lo he visto, porque justo estábamos viajando, solo vi los goles. Brasil tuvo una decepción muy profunda: en otros mundiales solo atacaba y no defendía; en este ni se defendió ni atacó. El equipo no encontró el modelo de juego y eso creó una disgregación de ideas terrible en el campo.

En individualidades estaba muy mermado y sin Neymar parecía no tener más…

No sé qué pasó, el equipo no produjo. Hoy tengo dudas de las vivencias del jugador que viene de Europa, no sé si está bien preparado, en todos los sentidos. Fui a muchos equipos a visitar jugadores míos y muchos de ellos me dijeron: “Profesor, acá no se trabaja tanto”.

¿La parte física?

No, la táctica. Hoy todo es integral. Desapareció lo que hice muchos años aquí como correr en la pista o subir al cerro. Hoy todo se hace a través del balón.

¿Cómo es una charla técnica suya antes de los partidos?

En el hotel. Me gusta un sitio cómodo, donde haya gran concentración. Por ejemplo, hay charlas técnicas que duro preparando cinco días. Veo cinco, seis, siete partidos, a cada uno le saco detalles, después concluyo y ahí sí hago la charla técnica. Todas las que he hecho, en especial las del Mundial, las tengo escritas.

Debería publicarlas…

Se las quiero dejar a mi hijo.

¿Qué tan cierto es que usted usó el mismo vestido para dirigir el Mundial?

Todos los partidos los dirigí con el mismo vestido, tenía tres más que no usé. Dirigí con el mismo vestido, la misma camisa, la corbata, los zapatos, las medias y todo lo demás. Fue un vestido que compré en Estados Unidos, y yo mismo le mandé a poner el escudo de la Federación de Fútbol de Costa Rica.

¿Siempre ha sido de cábalas?

A veces, sobre todo con ropa. Aquí con Cúcuta tuve una chaqueta con la que gané siempre. En Costa Rica tuve otro blazer que me lo ponía para los partidos más complicados…

¿Es verdad que toma tinto todo el día, incluso durante los partidos?

Sí, el día del partido tomo más. En el intermedio tomo tinto también y así. Primero, por la voz, es algo caliente, y como grito tanto, me conviene. Segundo, con un tinto bien concentrado me siento fuerte, estimulado, activo.

Usted tiene fama de estudioso. ¿Cómo es un día suyo, cuándo ve fútbol, cómo lo ve, qué lee?

Analizo mucho, cuando un partido me llama mucho la atención, lo repito. Normalmente grabo todos los partidos de la Champions League, y de este Mundial mandé grabar todos. Ya los comencé a ver poco a poco. Adelanto, atraso, tomo notas.

Entiendo que usted siempre va a las finales de los mundiales, ¿desde cuándo?

Desde Argentina 78. Veo los partidos, tomo panorámicas y después los veo en televisión para confrontar cosas. La de este año fue un partidazo, el mejor partido del Mundial. El partido tuvo mejor categoría, mejor espectáculo que lo que muestra la televisión.

¿Por qué dice que fue el mejor partido del Mundial?

Alemania es un equipazo, es lo ideal del fútbol. ¿Sabe una cosa? Fui a esa final con la camiseta de Alemania puesta.

Además de lo táctico, ¿cuál fue el éxito de Costa Rica?

La convivencia de los jugadores con sus familias, eso me gustó. Después de los partidos se veían con sus familias. Yo podía estar con mi esposa, mi hijo y mi hija, y no sabe cuánto me ayudó. Ellos fueron fundamentales. Uno se sentía tranquilo, acompañado.

¿Se arrepiente de alguna decisión en el Mundial?

De pronto hubiera rotado algunos jugadores en el partido contra Holanda. Había jugadores muy desgastados porque contra Grecia fueron 120 minutos, pero sentí temor de que el que entrara no lo hiciera con ritmo. Esa duda la tuve, sobre todo por la parte física.

Usted siempre ha tenido fama de estricto, ¿por qué?

Primero, porque hay que buscar que las cosas se hagan bien. Busco la excelencia siempre, dicto una conferencia que se llama Disciplina en la ejecución. Me gusta controlar todo, me gusta que la efectividad de los ejercicios se haga. La mejor hora para entrenar es a las 8:00 de la mañana, cuando el organismo está más descansado. Ya por la tarde hay desgaste, se ha caminado, no se sabe lo que ha hecho el jugador durante el día. Me critican: es que Pinto entrena mañana y tarde, y eso depende. Quiero decirle que el entrenamiento mañana y tarde hace que sea más efectivo todo: en una jornada no se puede hacer acondicionamiento físico y táctico.

¿Es verdad que cuando usted era muy joven se sentaba en la tribuna para ver cómo dirigía Ochoa Uribe?

Sí, fue un año haciéndome detrás de él, escondido, y él no sabía que yo estaba ahí para ver qué órdenes daba. Miraba el partido y le ponía cuidado a él.

A usted lo han expulsado muchas veces y le ha tocado dirigir en la tribuna…

Pero no crea, no solo por eso. Hubo un tiempo en que me gustaba dirigir desde la tribuna, se ve mejor el panorama de juego. Claro que un día, un jugador, Jorge Amado Nunes, me dijo: “Profe, a usted lo necesitamos en la línea”. Eso fue en el Deportivo Cali.

¿Vio a Colombia en el Mundial?

No vi los partidos completos. El único completo lo vi después del de Grecia, porque iba a ser mi rival. Vi el primer tiempo contra Costa de Marfil, vi un tiempo contra Brasil, no pude ver el de Uruguay. En general lo vi muy bien, buen talento, buen desequilibrio, bien en ataque.

En Colombia todos piden que siga Pékerman. ¿Le duele que no lo pidan de vuelta a usted?

Volver a la Selección es algo muy remoto, lo tengo claro. Es una posibilidad que no está cerca y lo sé.

¿Pero cómo es su relación hoy con la Federación?

Buena, me mandaron unos mensajes a raíz de las clasificaciones. Me he encontrado con ellos en eventos sociales, creo que bien.

¿Colombia debe seguir con técnico extranjero así no sea Pékerman?

Si produjo buenos resultados, sí.

Usted también ha sido exitoso como técnico extranjero. ¿Funcionan mejor los extranjeros?

Es relativo. No considero que haya choque en eso. Al contrario, es más difícil y más complejo ser extranjero porque todo el mundo lo ve solo a uno. Hay más expectativas, más presión.

¿De qué se arrepiente cuando dirigió la Selección Colombia?

Darles la oportunidad a esos jugadores que están florenciendo, que motiva la prensa, que motiva el público, no es de utilidad. Es mejor llevar al jugador que viene en un proceso continuado, que no es tan popular pero que hace bien su trabajo.

¿De qué jugadores habla?

Unos que puse por la emotividad y la competencia local, pero sintieron el peso, como en el partido contra Chile cuando perdimos 4-0.


Precisamente en ese partido que significó su salida de la Selección, usted mandó a Falcao a la tribuna, ¿no se arrepiente?

No, y si tengo que ponerlo en la tribuna, lo vuelvo a hacer. Para ese partido necesitaba jugadores de otras condiciones, otras características, contragolpeadores. Es que no se puede hablar del Falcao de hoy. Ustedes los periodistas no se acuerdan de que el Falcao de hoy tiene 200 partidos más en Europa, no sé cuántos con la Selección, y en ese entonces tenía 200 partidos menos y tres o cuatro con la de mayores, máximo. Pero no vieron al Falcao que empezaba con la Selección, que era el que yo tenía.

¿Es cierto que usted tuvo una discusión fuerte con Iván Ramiro Córdoba?

Todo el mundo cree que yo discutí con Iván Ramiro, jamás, nunca. Hablamos por teléfono y le dije: “Los muchachos están jugando bien, Aquivaldo (Mosquera) viene bien, ten paciencia”. Pero jamás discutimos.

A usted también lo criticaron mucho por las cámaras hipóxicas que mandó a comprar…

No me arrepiento tampoco. A los ignorantes en fisiología del deporte les pareció mal. Hoy los grandes deportistas las utilizan, y solo hay que decir que Pinto era un adelantado, así les duela. Porque ese es el problema y por eso no me quieren, porque tengo principios de conocimiento, me he preparado. Los que no se han preparado no pueden opinar.

¿Bogotá sí era buena sede para la Selección?

Era buena. Ecuador jugaba en Guayaquil y no clasificó, y se fue a jugar a Quito, a la altura, y clasificó.

Uno de sus grandes descubrimientos fue Carlos Sánchez, ¿cómo llegó a él?

Alguien me dijo que había un colombiano muy bueno en Uruguay, fui a verlo y me gustó todo: su biotipo, su estilo, su condición, y lo traje. Jugó en un partido contra Panamá en una sub-23, y ahí nos convenció.

¿De qué otro descubrimiento se siente orgulloso como técnico?

Del Pibe. Todo el mundo dice lo contrario, cuando yo fui el que lo trajo y empecé a ponerlo en Millonarios. Nunca lo saqué como han dicho. En el restaurante Eduardo, de la calle 90, que hoy no existe, me invitaron a comer los directivos Camilo Llinás, Guillermo Gómez y Jorge Franco, y les dije: “El único favor que les pido es que no vendan al Pibe”, y todo el mundo me achaca eso. Lo traje negociado con el presidente del Unión Magdalena, lo negocié para Millonarios.

¿Cómo es su archivo de videos?

No sé cuántos tengo, porque hemos pasado del betamax, el VHS al DVD, estamos hablando de más de 1000, tal vez.

Si pudiera armar un equipo ideal, ¿cuáles serían los jugadores infaltables?

Schweinsteiger y Müller me encantan. Con esos, uno ya estaría tranquilo. El primero es creativo, con porte físico, que pisa el área. Müller por la rotación que da, se mueve por dentro, por fuera.

¿Se merecía Messi el Balón de Oro?

No, era para Schweinsteiger o Robben.

¿Qué equipos le han propuesto que dirija después del Mundial?

Hay países de Suramérica y de Oceanía. Unos estuvieron en el Mundial y otros no. No puedo decir cuáles todavía.

Con la mano en el corazón, ¿usted alguna vez pensó que llegaría tan lejos en este Mundial?

Alguna vez le dije con pleno convencimiento a un amigo: no sé si gane el Mundial; pero que me ganen va a ser muy jodido.

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