Un 6 de abril de 1956 nació en Monterrey, Nuevo León, un hombre conocido como El Rebelde del Acordeón, que se enamoró de las cumbias y vallenatos e impuso estos ritmos en su región como género tradicional. Él es Celso Piña, el pionero y mayor exponente de la música colombiana en México, aunque solo conoció nuestro país hasta 2010.

Celso Piña es un maestro del acordeón, instrumento que aprendió a tocar a oído con canciones de Alfredo Gutiérrez y Aníbal Velázquez, sus mayores influyentes. Su interés era tan grande que en su adolescencia prefirió el acordeón que perseguir muchachas.

Su éxito en Monterrey y ciudades aledañas fue tal que la competencia no dio espera, miles de agrupaciones en México copiaron su estilo. Eso lo impulsó a renovar su cumbia, se arriesgó a fusionarla con otros ritmos como hip-hop, rock, boleros y ska, experimento que le dio un sello personal a su música. Este año, Celso cumple 35 años de carrera y es uno de los invitados especiales al Festival Rock al Parque 2015. Días antes de su presentación habló en exclusiva para soho.co y nos contó algo de su historia, anécdotas, y el por qué ese amor por los ritmos colombianos.

¿Quién es y de dónde viene Celso Piña?

Para empezar, yo ya llevo 35 años en la música. En 1975 me llamó la atención la música vallenata, la de Los Corraleros de Majagual, Diomedes Díaz, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Anibal Velásquez y otros grandes exponentes de este género. Por esa época yo andaba en un grupo tropical de Monterrey y me preguntaba: ¿por qué no interpretar ese tipo de música si no es tan popular acá? Y aunque al comienzo el resto de mi banda no aceptó porque les parecía un poco difícil por la instrumentación, yo no me quedé con esa espinita y con el gran empujón de mi padre, quien me regaló mi primer acordeón, empecé a escuchar esa música y luego traté de interpretarla.

¿Ese era un gusto que venía desde niño o en qué momento se dio cuenta de que lo suyo era la música?

Yo tenía 16 años cuando me llegó ese gusto. Desde ese entonces empecé a escuchar más seguido las canciones de los personajes ya mencionados y empecé a sacarlas en el acordeón a puro oído. Fueron tres años entregados al acordeón, tanto así que prefería encerrarme a tocarlo que salir a perseguir a las muchachas.

¿Por qué la cumbia y no los corridos o la polka que son los ritmos representativos de Monterrey?

Porque aquí en Monterrey que es la cuna de los corridos, la polka, el huapango hay miles de grupos tocando lo mismo, entonces yo dije: ¿y si toco diferente? ¿Qué irá a pasar? Y ahí fue donde me decidí a no tocar lo que todo mundo tocaba en mi región. Y ahí fue donde nació mi grupo, que inicialmente lo formé porque era lo que me gustaba. Yo no pensaba en tocar para la gente, yo tocaba para mí. Cuándo decidí tomarme esto muy en serio dejé mi trabajo en el que me pagaban muy bien. Hasta hubo un problema con mi madre y algunos parientes por eso. Me decían que yo qué iba a hacer con ese acordeón, que no me iba a ganar la vida, que eso era para huevones para flojos. Y bueno, acá estoy.


Foto: cortesía La Tuna Records
¿En qué año grabó su primer disco?

En 1980 me llegó la oportunidad de grabar mi primer disco y desde ese entonces grabé música de grandes personajes colombianos como Los Hermanos Zuleta, Juancho Polo Valencia, Nafer Durán, Alejandro Durán, así todo este tipo de vallentatos hasta en el 2000. 

¿Por qué hasta el 2000?

Porque en el 2000 hubo una transformación musical, ya que cuando yo empecé a hacer mis primeras presentaciones en fiestas, cumpleaños y otros eventos en el barrio empezaron a salir bastantes grupos igual que yo. Y ni hablar cuando salió el primer disco. De ahí en adelante como vieron que ese cuento del acordeón me estaba funcionando empezaron a salir grupos hasta debajo de las piedras como hormigas. Inclusive tres de mis músicos desertaron e hicieron La Tropa Colombiana, y les fue muy bien. Luego salió la Tropa Vallenata. Entonces empecé a pensar que me tenía que reinventar. Además, que como desde 1995 se estaba poniendo duro, porque mientras yo cobraba mil pesos por una presentación, venían otros y cobraban 300. Ahí fue donde me tomé muy enserio esa frase que dice “renovarse o morir”. 

Podemos decir que de ahí nació la idea de fusionar la cumbia con otros géneros como el rock, ska, hip hop…

Sí, ahí fue donde surgió la idea de hacer la misma cumbia, pero más roquera, más rapera. Metiéndole algunos instrumentos que yo no tenía como la guitarra eléctrica, la batería para que se escuchara diferente. También gracias a un amigo que era el bajista de El Gran Silencio quién me hizo la propuesta de hacer algo diferente con su música, eso sí, mi condición siempre fue la misma: se debían mantener los sonidos del acordeón, la caja y la guacharaca. Condición que me respetaron, lo probamos hicimos algunas maquetas, se las lleve a la disquera y nos dieron luz verde. De ahí nació el álbum Barrio Bravo, el primer disco donde metimos roqueros, norteños y raperos.

Cumbia Poder es la canción que hizo junto a El Gran Silencio y que hace parte del disco Barrio Bravo
¿Por qué la idea de llamar a su grupo Ronda Bogotá?
Cuando hicimos la agrupación por ahí en el 1977 mi padre –quién fue mi piedra angular para ser lo que soy- me preguntó sobre el nombre de la banda. Porque si ya teníamos varias canciones para tocar muy bien una hora, debíamos tener un nombre. Yo le dije, pues grupo tropical guapachoso, que sé yo. Y él no, no espérate, me dijo: “Si tú estás haciendo algo muy diferente a todos los demás así mismo debe ser el nombre. ¿Cuál es la capital de Colombia?”, le dije: Bogotá, entonces ponle Bogotá, ¿qué tal Ronda Bogotá?, y pues aunque a mí ronda me parecía un montón de gente ahí brincando y bailando, y me sonaba a ronda infantil, así se quedó.

Celso, ¿por qué el Rebelde del Acordeón?

Una vez estábamos en un festival organizado por varias estaciones de radio acá en Monterrey y me invitaron como representante del folclor de Colombia. Y mientras nos preparábamos en camerino con mi Ronda Bogotá, escuchábamos que todos los grupos tocaban las mismas canciones, se nos hizo raro pero lo dejamos ahí. Ya cuando tenía que tocar, y mi banda estaba en el escenario, el principal organizador me buscó y me dio una hoja donde estaban las canciones que todos estaban tocando y que nosotros teníamos que tocar. Yo di tres pasos atrás y le dije: “yo no voy a tocar eso, voy a tocar lo que la gente me pida y lo que yo quiera”. Hice bolas esa hoja y se la boté en el pecho. El organizador me contestó: “Ah rebelde”. “Si compadre, pero mira”, y le enseñe el acordeón. Él me resaltó: Rebelde del Acordeón. Y Yo: “Así es”. Me subí e hice lo que quise. De ahí quedé bautizado el Rebelde del Acordeón.

¿Cuánto tardó en conocer Colombia?

Yo fui apenas en el 2010. Aunque si yo hubiera querido ir a Colombia por mis propios medios habría viajado desde que empecé a ganar dinero, pero para mí eso no tenía chiste. Yo quería que me llevaran invitado a algún festival, a un cumpleaños, a algo. Y me tuve que aguantar varios años hasta que me hablaron del Carnaval Internacional de las Artes en Barranquilla. Cuando llegué, los que me dieron la bienvenida fueron nada más que Anibal Velásquez y Alfredo Gutiérrez. Para mí fue un sueño hecho realidad. Yo terminé tocando con los músicos de ellos. Fue una experiencia muy bonita, la gente bailaba, nos aplaudían mucho y todo fue fiesta.

El viaje, canción que compuso Celso Piña después de su primera visita a Colombia
¿Con qué otros artistas colombianos ha tocado?

Con grandes bandas como Bomba Estéreo, con el maestro Alfredo Gutiérrez, Aniceto Molina, Aníbal Velásquez y con otros muchos artistas vallenatos que vienen acá a Monterrey me invitan a tocar con ellos. Para mí es un gran honor.

¿Por qué su cumbia es diferente a las demás?
Porque acepté renovarla, porque la cumbia tradicional con la que toqué durante 20 años ya estaba muy sonada. Entonces yo dije: "tengo que hacer un cambio sí quiero seguir sonando o sino al rato te olvidan". La gente es muy ingrata. Te escucha y ahí está contigo, pero tárdese en sacar un nuevo disco y ya luego andan preguntando quién es ese. Y era lo que yo no quería.

Si tuviera que elegir su disco emblema, el que lo identifica, el que marcó su carrera, ¿cuál sería y por qué?

En estos 35 años de carrera ese disco que me identifica y para mí es el mejor, sin duda es el primero que grabé. Todo mundo creía que yo era de Colombia, todos me buscaban como el colombiano, el hombre que toca bien chido, y desde ahí fui criando mi fama y ganando seguidores. Y pues claro, cuando grabé ese primer álbum la gente ya lo estaba esperando y fue fantástico; hasta la disquera me dio disco de oro.

Celso Piña junto a Pato Machete, con quién estará tocando en Rock al Parque 2015.

¿Quién es Celso para la música y Latinoamérica?

Un músico, no un artista.

¿Está casado?


Sí, claro, ya llevo varios años en esas.

¿Tiene hijos?


Sí, tengo cinco.

¿Piensan seguir con su legado?

No, una es abogada, uno es criminólogo, el otro es ingeniero, la otra es comunicadora y la más chiquita es veterinaria. Nada que ver con la música. Pero pues tampoco los voy a obligar. El ingeniero toca el piano, pero para él no más.

Por último, ¿porque los lectores de soho.co no se pueden perder su show en el Festival Rock al parque?

Este 15 de agosto no pueden perderse mi show porque nunca he estado allí y esperamos que toda la raza nos acompañe y nos apoyen con su presencia. Que ese lugar se vea bonito, lleno de música colombiana



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