JEANS

Una verdadera joya. No por nada tuvo su origen, a mediados del siglo XIX, en la minas del Oeste de Estados Unidos. En ese entonces, un comerciante pensó que la tela de los toldos de las carretas podía servir para hacer pantalones y creó los primeros ‘dénim’ en tonos cafés y con tirantes. Luego de ser considerados ropa únicamente para trabajadores, el 20 de mayo de 1873, Mr. Levi Strauss y su socio, Jacob Davis fueron los primeros en registrar como marca los primeros blue jeans que iniciarían todo un imperio. El verdadero descubrimiento en las minas no fue el oro, ¡fueron los jeans!

PIZZA

“Cuando se piensa en pizza se piensa en Napoli”, dicen orgullosos los italianos. Y no están muy equivocados, pues documentos del año 1000 hacen referencia a un alimento llamado picea. Alrededor de 1770, Fernando de Borbón, rey de Napoli, viola las reglas de la etiqueta y entra con toda la gula del mundo en la pizzería ‘n’Tuono’ de Antonio Testa para saborear este regalo de los dioses. En la actualidad una pizza sirve para todo: para mirar tele, para caerle a una mujer un viernes en la noche y para decir que “cuando se piensa en pizza se piensa en vida descomplicada”.

Gafas de sol

El sol no fue creado precisamente para dar calor, sino para que se inventaran las gafas de sol. Así de sencillo. Gracias a este invento —el más grande entre los grandes— podemos esconder los rezagos de una rumba con excesos detrás de unos lentes oscuros, o mirar las piernas de una mujer sin ser descubiertos, o tostarse bajo el sol sin tener que soportar los rayos que nos impiden gozar los hilos dentales que abundan en las playas. “La gafa, la gafa” es, a todas luces, el mejor invento que se ha hecho para el mundo masculino que se esconde en la oscuridad.

Cerveza en lata

Aunque usted no lo crea, la cerveza es más vieja que el pan. 3.500 años antes de Cristo ya se fermentaban los granos para producirla. Pero fue sólo hasta 1935 cuando se puso en venta la primera cerveza enlatada, época en la cual la guerra la popularizó. ¿La razón? La sed de los soldados gringos, durante la Segunda Guerra Mundial, hizo indispensable su uso para que el preciado líquido llegara lo más rápido posible a la gargantas de los uniformados en el campo de batalla. Hoy, tener una cerveza en lata en la mano, fría y espumosa, se ha convertido en el pan de cada día.

Condones

25 millones de parejas utilizan cada año mil millones de ‘forros’. El primer hombre en utilizar un condón fue el Rey Minos (1200 a.C.), que no era de látex sino de pulmones de pescado. En el siglo XVI, por recomendación del médico Gabrielle Fallopio, los aristócratas los mandaban a hacer de lino a la medida (para darle mayor clase algunos los forraban en terciopelo o seda). Y no fue sino hasta 1921, producto de un accidente, cuando Alfred Trojan introdujo su miembro en un barril de goma líquida en estado gelatinoso y… ¡eureka!, apareció el condón tal y como lo conocemos.

Boxers

Aunque los han tratado de reemplazar por lycras que se adhieren como una segunda piel, ninguna cosa en el mundo puede acercarse al sentimiento de libertad que se consigue al utilizar unos buenos boxers. El aire circula sin ninguna censura y, por mucha moda que se imponga, seguirán siendo la casa de nuestros preciados órganos sexuales. Nótese que el anti–invento en materia de ropa interior masculina, la tanga narizona, jamás ha sido patentado y nadie se ha atribuido su creación. En cambios, de los boxers… hay una larga lista de diseñadores peléandose su paternidad.

Navaja suiza

¿Qué sería de Mc Gyver sin una de ellas? ¿O de los integrantes de Misión Imposible? En cada jornada de trabajo de la fábrica de Victorinox salen 34 mil ejemplares de este invento que Carl Elsener desarrolló en 1897 basado en la navaja que se le entregaba a cada recluta al ingresar en el ejército. A este modelo lo llamó ‘navaja deportiva’. Y fue tal su acierto que el Museo de Arte Moderno de Nueva York la tiene incluida en su colección de ‘Buenos diseños’. Sin duda, al terminar de leer este párrafo, usted fijará su mirada para ver que su navaja esté donde siempre debe estar: al alcance de la mano.

Máquina de afeitar

Así Carlos Marx, Fidel Castro y Charles Darwin, entre otros personajes famosos, pusieran de moda dejarse las barbas, Mr. King C. Gillette se la jugó toda al inventarse en 1895 la máquina de afeitar desechable. Desde entonces, no han parado de cortar barbas, mostachos y bigotes. Eso sí, jamás ha podido entrar al mercado de rabinos ortodoxos y árabes que se ciñen estrictamente a las palabras escritas en sus libros sagrados.

Porque se puede perder todo, pero menos las barbas y los bigotes.

Control remoto

Sin él, la vida sería una catástrofe. Sólo piense en la molestia de tener que levantarse de la cama para cambiar de canal. Y no una sola vez en el día sino ¡muchas! Es difícil creerlo pero así era. Antes de la década del 50 todo era oscuridad y caos, hasta que a Mr. Robert Adler, todo un ‘pepo’ de la Zenith, creó un aparatico para ahorrar esa dificultad. Fue entonces, en 1956, cuando nació el ‘Space Command TV’, una caja que traía cuatro botones en fila. Ese fue el comienzo del reino del zapping. Hasta ahí llegó el “pienso luego existo” para darle paso al “zappeo luego existo”.

Salsa de tomate

A nadie sensato se le pasa por la cabeza tener un plato de papas a la francesa en donde no haya rastro de salsa de tomate. De este manjar divino, no se sabe exactamente su origen. Italia, Grecia y otros países del Mediterráneo se pelean su creación. Mucha salsa de tomate ha de correr antes de que se pongan de acuerdo sobre el asunto, pero hay una cosa de la que estamos seguros: nevera que se respete y cocina que quiera llamarse cocina, lo primero que debe tener es esa botella llena de salsa roja dispuesta a mezclarse con el alimento que sea. Todo por una buena sazón.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

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