Catapultó a Julio Iglesias a la verdadera fama internacional. Hizo de su hijo Enrique, escuálido y de ligera voz, un ídolo. Convirtió al parcero tímido de Medallo, Juanes, en rockstar mundial. Guio a Chábeli Iglesias, privada de toda malicia, en el camino de convertirse en una entrevistadora sagaz y cálida. Animó el mito de que Cristina Saralegui es la reina incuestionable del mundillo del talk show miamense. Puso la primera piedra del imperio Sofía Vergara en Estados Unidos. Convenció a Petro de que prestara un estadio vetado para conciertos y trajo por primera vez a Colombia a un Beatle, a Paul McCartney. Algo tiene que traerse entre la cabeza o entre el corazón o entre los calzoncillos alguien que hace todo eso en una sola vida. No vende la receta del éxito, pero contesta preguntas para que cada quien se formule como le plazca, aunque aclarando que no tiene mucho ánimo de hablar de Juanes. Habrá que empezar por Julio…

¿Uno puede decir que a usted lo descubrió Julio Iglesias? 
Mi papá, que era una persona muy querida por la gente de Popayán, caminaba mucho y saludaba a medio mundo. Un día, poco después de que se hiciera público que yo me iba con Julio, alguien le dijo a papá en la calle:“Manolito, que se va Fernán con Julio. ¡Debes estar dichoso!”. El viejo lesonrió y le contestó: “Estoy muy contento, ¡pero más contento debe estar el papá de Julio Iglesias!”.

¿Cómo conoció a Julio? 
Trabajaba en el diario El Pueblo, con Daniel Samper Pizano. Yo era un pichón de abogado tentado por el periodismo y la fotografía, y Samper me mandó a cubrir la visita de Iglesias. “Mono, vaya y escríbase una nota de esas suyas, con mucho color, para el domingo”, me dijo. Me había hecho a cierta reputación en Cali y, cuando me vieron entrar a la rueda de prensa, los organizadores se preocuparon. La verdad es que yo tenía mi venenito y mi vergajada; era como ver entrar hoy a un evento de farándula a Antonio Caballeroo a Félix de Bedout...

Sea sincero: ¿a usted le gustaba Julio? 
Tenía una novia, Clarita, que lo adoraba y me propuse hacerle una nota bien dura para demostrarle a ella que su novio se podía cagar en Julio Iglesias, que hasta maricón debía ser, pensaba. De la rueda me salí y convencí a Teresa González, de relaciones públicas del Intercontinental, que Julio me había pedido que lo esperara en la suite presidencial. Y allá lo esperé. Brincó cuando entró y me vio, pero lo tranquilicé y lo senté a charlar por hora y media. Trataba de ser muy inteligente y muy cool.

 ¿Qué tan venenosa fue la entrevista publicada?
Cero. Y dejé loco a medio mundo. La gente esperaba que acabara con él. Y no. Eso fue lo más sorprendente. El tipo quedó encantado; dijo que nunca habían escrito nada así sobre él, y me invitó al concierto, con mesa y todo, junto a mi novia, que estaba en las nubes. A partir de ese momento, Julio se la pasaba diciendo: “Tienes que trabajar conmigo algún día”.

 Usted lo dejó ir… ¿no era su boleto para conocer el mundo? 
Me fui para Bogotá a trabajar en la revista Antena. Atrás dejé mi gusto por Voltaire y Rimbaud, y me volví el rey de la farándula. Andaba en un Simca destartalado y vivía en Pontevedra, pero tenía una columna que ya hacía en Cali y que seguí firmando con el mismo seudónimo, pero ahora enfocándola en el espectáculo.

¿Cómo el Juan Sin Miedo de Yamid Amat? 
Algo así, pero en Antena yo era Idi Amín, como el dictador caníbal, pasado de peso y de vicios de Uganda. Jugaba con unas alteraciones en el nombre de la gente que estresaban a los artistas y presentadores, porque yo hablaba de doña Gloria Valencia de Antaño, de Bizcor Hugo Ayala, de Jorge Barrón y de una que era clásica, de Virllejo Vaginia.

Para alguien que luego se convertiría en mánager de estrellas, este “ganado” criollo le debió ser sumamente útil en la tarea de conocer las flaquezas de las estrellas. ¿Qué fue lo más terrible que hizo en Antena? 
Era la época de oro de Claudia de Colombia, en que se sentía tres veces más importante de lo que hoy es Shakira, y era muy vanidosa. Me averigüé que su papá, en cambio, era una persona común y corriente, que era dueño de una carnicería en La Vega, Cundinamarca, y me fui a entrevistarlo. Saqué una foto del señor untado de sangre, con una hachuela, cortando a los golpes un costillar. El título puso histérica a Claudia, que, desde entonces, se salía de cualquier reunión en la que yo estuviera. No quería pasar un minuto junto al periodista que había titulado “Mientras Claudia lucha por la fama, su padre la tiene hace 30 años”.

¿‘Cargarse’ a Claudia de Colombia le costó el puesto?
No. Mi salida de Antena fue porque la directora comercial se metió a cambiarme unas cosas del orden de la publicación y trapeé con ella de pared a pared, sin saber que era la mocita de uno de los duros de la revista. La vacié un viernes y el lunes era un desempleado más, con Margot Ricci sentada en mi oficina. Me salvó don Enrique Santos, quien, por recomendación de Paco de Zubiría, me llevó a El Tiempo. Allá me dediqué a la crónica y tenía toda la libertad del mundo, pero Julio seguía con la lora de “tienes que trabajar conmigo algún día”. Hasta que me convenció y me puso en la mano un dinero que no me iba a ganar nunca en el periódico.

¿Le costó dejar El Tiempo para irse con un baladista de señoras? 
A don Enrique le escribí una carta en la que le contaba la historia de Adelfa, una empleada fiel de mi mamá que terminó yéndose por plata a donde otra señora, pero que, antes de irse, le hizo prometer que si le iba mal, la volviera a recibir. Yo era la Adelfa de don Enrique, pero nunca volví. Después de leer la carta, él salió a buscarme en la redacción y me dijo: “Paco de Zubiría sí me había dicho que a usted cada seis meses le daba la bobada de Julio Iglesias, pero que uno le aumentaba 500 pesos y listo”. Esta vez no funcionó el aumentico. Lo último que hice fue una crónica muy guerrera en Mocoa, que acababa de ser arrasada por una toma guerrillera. En el aeropuerto vi cómo la publicaron, con una foto de la Virgen del cuartel de policía llena de plomo. Al domingo siguiente leí la nota que le habían encargado al poeta Echavarría Barrientos para despedirme: “Fernán Martínez: restaurador de iglesias”. 

 Con un par de ternos de Arturo Calle en la maleta, Martínez llegó a Miami y a su nueva vida como jefe de prensa de Iglesias, uno de esos tipos que vienen bronceados desde el vientre materno. En el aeropuerto lo recogió un Rolls Royce azul y lo llevó a Indian Creek, isla a once minutos de Miami Beach donde Iglesias pagó once millones por una casa. Tan chica la mancha de tierra en el mar, que la casa lo convierte en el dueño del 15 % de la isla, apeñuscado con Beyoncé, Jay-Z, Adriana Lima, un entrenador de baloncesto, un senador, un jeque y algunas otras mujeres que en alguna oportunidad Iglesias debió tratar de llevarse a la cama. Un momento. Ese asunto de Iglesias como gran picaflor de Miamiamérica no se puede pasar por alto.

¿Cuántas mujeres se han acostado con Julio?
Julio no contaba las mujeres con las que se había acostado, sino las mujeres con las que no se había acostado. No es un acosador;  es un seductor. Pero sabía que tenía que contarle algunas cosas a alguien que, como yo, se iba a encargar de conservar esas historias para que no se evaporaran. Cuando se acostó con Priscilla, la viuda de Elvis, por ejemplo, estaba encantado y me lo contó, porque sabía que yo algún día lo haría público. En otra ocasión se llevó a la cama a una japonesa, y me llamó: “Ferni, ¿de qué tamaño es el clítoris más grande que has visto”. “No sé, Julio —le dije—,¿unos tres centímetros?”. “Pues esta japonesa lo tiene del tamaño de un dedo y es una delicia”, me contestó.

 Eso con la Presley, pero déjeme preguntarle algo de la Preysler, su exesposa. ¿Es cierto que se desmayaba cuando tenía un orgasmo? 
Eso lo preguntó alguna vez el periodista Jesús Quintero,“El loco de la colina”, al propio Julio, pero él era muy discreto con esas cosas. 


Volvamos al tipo de Popayán recién llegado a Juliolandia. No ha desempacado, cuando Julio ya lo tiene en un avión rumbo a París, escala en Mónaco, para una fiesta en el Sporting Club a beneficio de la Cruz Roja (que, hasta ese momento, para Fernán era una organización encargada de sacar a la gente que se despeñaba por los buses en las carreteras del Cauca). Se hospedan en el Ritz. Lo llevan a la Rue du Faubourg Saint-Honoré, a Lanvin, y le compran un esmoquin (tuxedo, dice) que cuesta lo que él pagaría hoy por tener pelo. ¿Iba a seguir Julio enseñándole lujos y mundos ajenos? No: cual cría de culebra, Martínez comienza a defenderse solo. Antes de partir a Mónaco, importa cuatro hembras despampanantes de Inglaterra y se asegura de que entren al Sporting Club de Mónaco, dos prendidas de cada brazo de Iglesias. Una semana antes, Martínez caminaba entre escombros en Mocoa; ahora está en Mónaco, con Carolina y todos los Grimaldi. Y su tuxedo comprado en algo que pronto aprendería a pronunciar: “lan-van”. “Yo —dice— era una estrella de pop… ¡de Popayán!”. 

Forrando a Julio de mujeres… ¿Enseñándole a su papá a hacer hijos? 
Julio es el gran maestro del manejo de la imagen. Es un provocador. Solo necesitaba de un cómplice que le llegara a los medios para vender su producto. Un día entramos a un restaurante y me llamó la atención sobre lo atractivo que era el mesero. Me pareció apenas un comentario estético, pero, entonces, me aseguró que el barman también era muy guapo, y un cliente de una mesa vecina, y otro más. Ya me estaba poniendo nervioso cuando me dijo: “Ferni: todos esos hombres son más apuestos que yo, mucho más guapos y atléticos… pero, ¿sabes a quién están mirando las mujeres? ¡A mí, me miran a mí! Y ese es tu trabajo, que ellas crean que este tipo con piernas delgadas, al que comienza a faltarle el pelo y con una piel nada especial, es el más atractivo del mundo. De eso, de que piensen eso, depende que tú y yo comamos”. Impecable manejo de la percepción.

¿Cómo hacía con las cosas que no podían depender de usted, los paparazzi, por ejemplo?
Es que la mayoría de los buenos paparazzi eran míos. Julio me decía que iba a tal restaurante y que quería estar solo, y me encargaba de contratar un fotógrafo que lo sorprendiera. Las fotos las escogía yo, personalmente, y las hacía llegar, como una primicia a Paris Match, a las agencias de noticias, a Bunte. Y Julio se reventaba de la ira, pero no sabía que era yo el que lo traicionaba por su propio beneficio. La regla para escoger las fotos sigue siendo la misma: nunca se envía a medios una foto en la que, al lado de la estrella, aparezca alguien más joven, más guapo o más alto.

 ¿Y los que trabajan por su cuenta, cómo controlaba sus cámaras?
Uno los deja trabajar y si, de causalidad, le toman fotos en una mala compañía, siempre hay cómo negociar. En una ocasión, lo pillaron con alguien que me parecía no le daba la talla. Le dije al fotógrafo que le cambiaba esas fotos terribles por unas espectaculares de la novia negra de Julio en Brasil. Santo remedio. En otra ocasión, al paparazzi que lo acosaba se le rompió la cámara. “Julio, démosle 2000 dólares para que compreotra”. “¡Estás demente, Ferni!”, me respondió: “¡Darle para otra cámara al tipo que me acosa!”. Le pagamos y se compró una cámara nueva y me encargué de que los periodistas supieran que la generosidad de Julio alcanzaba para los paparazzi.

 La generosidad podía ser de icopor… pero su vanidad, no. ¿Qué tan enamorado de sí mismo vive un ídolo como Iglesias?
Juzgue usted: cuando estábamos en Los Ángeles, siempre nos quedábamos en un hotel que no era la gran cosa. Una y otra vez traté de llevarlo a un mejor sitio, pero él insistía en que no y así fue por años. Un día, entre el ascensor, me dijo: “Oye, gilipollas, ¿sabes por qué nunca dejaremos de venir a este hotel”. ¡Al fin iba a enterarme! “Porque en el espejo de este ascensor me veo perfecto… ¡es el mejor espejo del mundo!”. Entendí que quien rodea a una estrella tiene que ser como ese espejo del ascensor, decirle a la estrella que el vestido le queda bien, que la corbata combina, que le luce el corte de pelo. Uno debe ser el espejo de la persona que se quiere convertir en ídolo. Mi papá hacía eso: para él no había ni niños feos ni mujeres feas. Para todas tenía un piropo, un comentario amable y galante…

 “Cuando me muera, usted se va a dar cuenta de todo lo que me quiere este pueblo”, le decía Manolo Martínez a su hijo Fernán. Definirlo sin haberlo conocido es difícil, pero todos coinciden en que era el típico sujeto al que le enfermaban los abusos. Y eso le costó la vida. Murió víctima del coletazo de un oscuro episodio, por denunciar a un familiar del clan Urdinola que había asesinado a un discapacitado que le había piropeado a la novia. Manolo, que tenía programa de radio, se entregó al micrófono para señalar que, luego del crimen, el verdadero asesino había quedado en libertad y había sido reemplazado en prisión por un calanchín. Lo asesinaron entrando a su casa, mientras su esposa, la mamá de Fernán, se interponía entre él y las balas de los sicarios.

Fernán estaba en Miami cuando se enteró. Llamó a casa y le contestó una vecina que, además de confirmarle la muerte de su padre, le dijo: “Parece que tu mamá se salva”. No sabía que ella estaba herida. Eran las nueve de la noche, al otro día, luego de conseguir cupo en un avión de carga, estaba a las 7:30 de la mañana en Popayán, llorando a su papá y pidiendo por su mamá. El entierro fue una eterna romería de gente agradecida con Manolo, devoto de causas ajenas y generoso de bolsillos.

 Entrada la noche, se quedó solo en el Concejo, donde erala velación, con su hermano y con el cadáver. Y, entonces, apareció envuelta en un pañolón una mujer muy humilde. Manolo tenía una costumbre que a Fernán le parecía repugnante: los viernes iba a la galería del pueblo, a  la plaza, a comer una preparación de ternero nonato, y esta era la señora que se lo preparaba. “¿Quieren que caigan los asesinos de don Manolito”, les preguntó. Contó que tenía un método que ellos, incrédulos, pusieron en práctica: lequitaron los zapatos al cuerpo y le amarraron los dos dedos gordos con unacabuya. Aunque parte de los autores intelectuales permanecen en la impunidad, a los pocos días los asesinos estaban detenidos.

Una vez fuera de peligro su mamá, Fernán volvería al lado de Julio, a cumplir una de las tareas que mejor sabe hacer: crear noticias.

¿Qué hace un jefe de prensa, el publicista, cuando la estrella no produce noticias? 
Las crea. Uno tiene el deber de crear noticias atractivas para que los periodistas las crean. Se aplica el principio universal de la pesca: uno no atrae a los peces con lo que a uno le gusta, sino con lo que les gusta a los peces. No se pesca con lomo de tira, sino con gusanos. Y hay quesaber qué gusanos les gustan a los periodistas y qué le interesa al público.

De periodista a periodista, ¿qué gusanos nosgustan? 
Cuando viajamos a Japón, y Julio cantaba en el BudokanHall, se me presentó un “gusano”: a él le encantaba comer shabu-shabu en elSeryna, uno de esos restaurantes en que hay que entrar sin zapatos. Tal vez poraccidente,  alguien se llevó los de Julio. Armé noticia: en un paísdonde no se pierde nada, solo a un ídolo le roban zapatos. Y hasta apareció unadama que dijo que los tenía en su poder y ofrecía 500 dólares por conservarlos…¡noticia mundial! En otra ocasión quería que registraran que Julio tenía suavión privado. Método infalible: le comenté a un periodista que Julio habíahecho devolver su jet porque habían olvidado subir la salsa de tomate con quese come sus hamburguesas… ¡noticia mundial! Y verdaderas.

Ya entrados en confianza, revéleme la fórmula que usópara convencer a tanta gente de que Iglesias canta bien y, además, de quetambién canta bien Enrique…
Está equivocado: Julio Iglesias es uno de los cantantesmás afinados que existen. Su melodía es universal. No entra nunca antes ni después: siempre en el momento preciso y nota enseguida si un instrumento de la orquesta desafina. “Los cantantes buenos están en las catedrales, en el coro—decía Julio—, pero nunca van a triunfar, porque no expresan; artista no es elque hace las cosas perfectas, sino el que comunica”. Creo en que los Iglesias, cada uno en su estilo, comunican y se conectan con la gente, ¿o será que susconciertos están llenos de autómatas?

¿Es cierto que usted “sembraba” de fans las localidades claves de los conciertos de Enrique?
Sí, porque mientras los organizadores se guardan las mejores boletas para venderlas, creo que esas boletas tienen un fin. Cuando Enrique cantó en el Madison Square Garden, me fui a todas las iglesias cristianas del área y regalé 3000 boletas a los pastores para que las dieran a sus fieles por una donación simbólica. Eso aseguraba público, pero necesitábamos algo más contundente, así que en primera fila senté a ZackHorovitz y Jimmy Iovine, de Universal, y a Frederick DeMann, mánager de Madonna y cofundador de Maverick. Me aseguré de que por todos lados estuvieran rodeados de fanáticas, que recibieron gratis esas boletas. Sembré con mujeres gritonas y excitadas toda silla cerca a este par y salieron creyendo que, después de Enrique, si acaso Dios. Así Enrique salió enriquecido. Pero hay que saber hacerlo: hace unas décadas hubo lío cuando la prensa descubrió que la chica quese desmayó en un concierto de Sinatra en Kentucky era la misma que se había desvanecido en París.

Cuando Brian Epstein comenzó a manejar a los Beatles, sefue de tienda en tienda comprando todas las copias de su primer single para que fuera un éxito, y lo logró. ¿Es cierto que en una ocasión usted no compró sencillos de Juanes sino calzones? 
Japón aterraba a Juanes. Él es más bien apocado en estas cosas: siempre cree que es menos de lo que es y creía que Japón era demasiado lejos para él. Con la complicidad de la disquera hice forrar el metro y muchas calles con pósteres en los que su foto iba acompañada de unos caracteres que él nunca entendió. Lo presentaban como “el príncipe de la canción”, que aquí es José José, pero allá tiene una connotación imperial de respeto. Cuando cantó en vivo, comenzaron a lloverle calzones y brasieres, y toda la prensa lo registró. Conozco muy bien al que los compró y cómo se repartieron entre tímidas fanáticas pura sangre que se los tiraban “espontáneamente” mientras cantaba. Pero confieso que con Juanes hice cosas… ¿cómo le digo?… digamos que más “osadas”.

¿Como cuáles?
Fíjate bien dónde pisas...

¿Entonces es cierto que hay un acuerdo firmado de confidencialidad entre usted y Juanes?
Más que acuerdo, es algo natural. No es necesario pregonar cómo se hace el chorizo, ni el paté, ni mucho menos la morcilla.

 Si lo rompe, supongo que perderá mucho dinero…
Mmmm… desconectado.

 Entiendo…Volvamos a Enrique. ¿Cómo tomó la separación profesional con él?
Este negocio se llama show business. Me gusta el show, pero él éxito se mide en business. Cuando el proceso del show se corona, aparecen los buitres y la amnesia borra los años cuando nadie daba un peso porun acto. Es un proceso común. 

 El éxito a veces está cerca al fracaso. ¿Enrique fracasó cantando en italiano? 
Fracasó cantando en italiano, pero no en Italia. En este negocio, me va usted a entender, uno tiene que ser a veces buen carnicero. Quería que Enrique triunfara en Francia y se me ocurrió la brillante idea deponerlo a cantar en italiano, pues en el mercado francés había cantantes italianos como Ramazzotti, pero pocos españoles. Grabamos un CD en italiano y el resultado fue impresionante: no se vendió ni una sola copia. Fue el fracaso más  estruendoso y exitoso de mi vida. Meses después, con un depósito lleno de discos imposibles de comercializar, se me prendió un bombillo estando en Argentina. Conocí al dueño de Carnicerías Coto y le dije: “¡Qué cuentas de argentinos, si aquí todos son italianos!”. Le ofrecí la ganga de 100.000 álbumes de Enrique cantando en italiano para obsequiar por cada compra de un vacío o de un bife, y me los compró todos. Todavía no entiendo qué proceso mental me llevó a creer que un madrileño, que habla español con acento cubano y que conversa con sus amigos en inglés, podía triunfar en Francia cantando en italiano. 

Lo devuelvo al pasado: aquello de “restaurador deI glesias” del poeta Echavarría usted sí que se lo tomó en serio. Tuvo a Julio ya Enrique y, entre los dos, a Chábeli Iglesias. ¿Más astuta ella que el padre yel hermano?
Con Chábeli hicimos un show que batió todos los récords y que era de una factura impresionante. Venía de hacer el de Cristina, una mujer inteligentísima, pero con la maña de humillar a la gente... incluso hacía ejercicio oyendo casetes con un método para intimidar a los subalternos.

 ¿Le tocaba trabajar con ella temas… exóticos? 
Todos. Cuando no eran monjas lesbianas vegetarianas era “mi marido me dejó por la sirvienta” o, para más rating todavía, “mi mujer me dejó por la sirvienta”.

Volvamos a Chábeli…
Hacíamos solo seis capítulos al año, pero en uno de ellos podía aparecer Marco Antonio Solís, el Buki, en Venecia, para luego tenerlo esquiando en Suiza, o Vicente Fernández cantándole a ella en un caballo oThalía sobre un elefante. Lo estresante era que había que “empujar” a Chábeli para que la cosa marchara. Chábeli era capaz de escuchar a Thalía contando queel hijo muerto de un expresidente, del que ella había estado enamorada, se le parecía y le hacía el amor en la ducha y su siguiente pregunta era “¿cómo te sueñas tu próximo álbum”… entonces había que cortar y decirle que siguiera preguntando sobre la cópula extrasensorial y ella, juiciosa, obedecía.

¿Así como “empujaba” a Chábeli en las entrevistas, a Juanes había que iniciarlo con cables? 
Ni Cuba, ni Cúcuta, ni Alemania, ni Japón ni muchos otros eventos que agrandaron su leyenda fueron voluntarios. Fíjate bien dónde pisas. No toreemos el avispero, que soy alérgico. 

El histórico concierto de Juanes en la Plaza de la Revolución con un millón doscientas mil personas es lo más grande que se ha hecho en Hispanoamérica. ¿Que no fue voluntario aquí?
El riguroso periodista y escritor cubano Ernesto Juanestá escribiendo un libro sobre las entrañas de ese concierto. Que sea él quienlas cuente… ¡que revele cómo se hace realmente un chorizo!

 Usted es un entusiasta twitero y metió a Juanes en elvicio de los 140 caracteres. Y fue víctima de un trino en el que, frente a casi seis millones de personas que seguían al cantante, lo cancelaron. ¿Qué originó ese trino? 
No lo sé todavía, pero, Gustavo, habíamos quedado que notocaríamos el tema de Juanes por muchas razones, entre ellas mi admiración y respeto por el artista y la persona. Hay seres que frente a las emociones instantáneas y la pantallita vacía somos más peligrosos que un mono con AK-47sin seguro. Trato de contar hasta diez antes de hundir la tecla tweet y a veces me gana la sangre. Se han dicho muchas cosas sobre esa sorpresiva ruptura, y hay quienes creen que es otra estrategia mía para generar noticia.

 No insisto más con el tema, pero,  ¿realmente cómo es Juanes? 
Transparente. Los gringos dicen WYSIWYG, que quieredecir “What You See Is What You Get”.

 ¿Hay vida después de Juanes? 
Mientras haya alcanfor, no se acaba la bailarina. Obvio,hay que seguir haciendo apuestas. Ahora estoy más dedicado a promover talentolatino en cine, televisión y publicidad. Es una cara del negocio que me gustahasta más que el de la música. 

¿De qué está hecho un buen mánager? 
No es un negocio fácil, como todos los negocios. Creo que hay que tener una buena visión, energía, carácter, conocimiento total de cualidades y virtudes del talento para destacar unas y ocultar otras; conocimiento del mercado y de los medios, para inflar y vender el producto y, obviamente, una buena capacidad de venta para generar facturación, que es la hemoglobina de cualquier negocio. Mucha inspiración, pero más transpiración.

 ¿Es posible para un mánager lograr algo tancomplicado como enloquecer a la gente por un artista?
Obvio que sí, pero el artista debe tener arrastre. Ángel,que llaman. Con Enrique lograba actos de verdadera demencia muy lejos de España. Cuando, por ejemplo, vendió un millón de discos, organicé en México ‘La firma del millón en el Estadio Azteca’, que era una verdad mentirosa: ni íbamosa firmar un millón de discos ni era en el Estadio Azteca, sino en un rincón del parqueadero. Me decían que era mejor adentro, que afuera era peligroso. No iba a entrar, porque sabía que nadie llena el Azteca y me mantuve en la idea de hacerlo en el parqueadero. Llegó tanta gente que fue un caos y hubo que cancelar, con lo que Enrique se apoderó de todos los titulares de prensa.

 ¿Enrique sí ha tenido todas las novias que dicen que ha tenido, incluida Sofía Vergara?
Las mujeres se enloquecen por él. Había que alimentar la prensa y engordar la leyenda en esos comienzos. Necesitaba un romance. Lo armé con unas fotos que mandé tomar sin que él supiera de un encuentro casual. Sofía Vergara apenas comenzaba su carrera en Estados Unidos y quería ayudarla a ella también. Siempre fue para Enrique una obsesión saber quién lo había fotografiado y si algún día lee esto, sabrá que fui yo, y que trabajando para él, a espaldas suyas, desmonté rumores y se creó una pareja de cartel.  En este negocio, los personajes se crean a punta de combinar accidentes, incidentes y eventos extraordinarios.

 ¿Así logró que Julio fuera estrella en Estados Unidos? 
¿Qué creían que era Julio? Un amante latino. La estrategia para meterlo en el mercado de Estados Unidos fue muy clara, usando su charm, el tuxedo gringo y poniéndolo a cantar, primero con Willy Nelson, desgarbado, hippie, viejo, gringote, y, luego, con Diana Ross, que les hablaba a los afroamericanos. Recuerdo que no lograba que le hicieran algo en Los Angeles Times, porque el jefe de la sección de entretenimiento decía que Julio no era nadie. Me averigüé dónde vivía, en un barrio habitado en su mayoría por afroamericanos, donde nadie sabía quién era Julio, y mandé poner una valla frente a la casa donde decía “Julio Iglesias, 100 millones de discos vendidos, estrella en 60 países, 80 conciertos en Estados Unidos…”. Me dijeron que era una locura gastar dólares en una valla, en ese barrio  de clase media, pudiendo ponerla en Sunset Boulevard. 

¿Y qué pasó, funcionó o no?
A los diez días, en pleno consejo, el otrora obtuso jefe de entretenimiento les comentó que Julio había vendido 100 millones de discos, que era famoso en 60 países y que tenía 80 conciertos en el país, y que había que hacerle algo grande. Vuelvo al punto: no puedes cambiar la realidad, pero sí la percepción de la realidad. Eso es todo.

 Conversamos tres horas más. Tres largas y jugosas horas en las que me entero de que toda la vida le dolió, siendo director de TvHoy, que lo‘chiviaran’ con el video del asesinato de Galán, pero que se sacó el clavo con la exclusiva de la muerte de Rodríguez Gacha (y que lo amenazaron de muerte por ir a la finca del capo a grabar con sus caballos)… de que aborrece los mariscos y los pescados, que no soporta ver un pargo muerto en el plato, mirándolo con los ojos henchidos de aceite… de que lo cabreaba que Julio Iglesias llegara con él a los eventos y se lo llevara a la media hora, y terminaran, solos, a las nueve de la noche, comiendo hamburguesas en el hotel (“hay que irse temprano, Ferni: Julio Iglesias siempre tiene algo que hacer”)… de que, siendo periodista en ejercicio, se cagó en el Seguro Social de Cali y en Gonzalo Arango, cuando fue a dar conferencias a Popayán… de que confía en que tres buenas acciones borran una mala: “Si llegas borracho a casa, al otro día no te disculpes: dile a tu mujer que almuercen con la mamá de ella, llévala de compras y arregla algo en casa”… y de que cuando le consiguió a Sofía Vergara el primer contrato en Univisión, le dio un consejo que vale oro: “Lo realmente importante para ser alguien es orinar donde orinan los famosos”. La entrevista se hizo en la bella casa que tiene Fernán a los pies de los cerros bogotanos. Oriné tres vecesallí. 

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