Cuando miro a grandes artistas de la historia como Rafael, Miguel Ángel, Rubens, Botticelli, entiendo que solo el tiempo dirá qué es y qué no es una obra maestra. Quién es y quién no es un buen artista. Incluso, pasaron siglos antes de que estos grandes pintores tuvieran el reconocimiento del que hoy gozan. ¿Qué dirán de mi obra en un siglo, en dos, en tres? Varios críticos y estudiosos de mi pintura dicen que Los obispos muertos (1958) es una obra maestra. Yo hoy la veo, con el paso de los años, como una obra muy temprana, de juventud, no tan sólida como otras que vinieron después. Pero me halaga que piensen eso. La apoteosis de Ramón Hoyos, que pinté a mediados de los cincuenta, fue una obra importante, fue llamativa en la época porque retraté a ese gran ciclista que ganaba todas las Vueltas a Colombia, y fue curioso que alguien “popular” tuviera esa magnificación a través del arte. Además, ese cuadro participó en el Salón Nacional de Artistas, y alguien, al ver el éxito de la pintura, se lo robó. Y pasaron muchos años antes de que un señor me llamara y me dijera que tenía el cuadro y que si no le pagaba una cifra ínfima —que no recuerdo ahora— lo destruiría. Acepté porque no quería que se perdiera la obra y la recuperé hace unos 15 años. Ahora está itinerando en una exposición por los Estados Unidos.  Sé que hago unas obras mejores que otras, y trato de conservar las que más me gustan. Muchas las tengo guardadas o las guardé en esa colección que hoy hace parte del Museo Botero de Bogotá y el Museo de Antioquia de Medellín. Lo que sé es que trabajo todo el día, pinto sin parar. Primero hago unos bocetos que dejo reposar un par de meses. Una pintura mía no sale de un impulso y ya. Al contrario, soy muy crítico, y antes del resultado definitivo hay muchos cambios. Al final, el boceto no se parece en nada a la pintura definitiva.  Lo que sé y puedo decir es que pintar es una pasión, es el placer máximo. Si pasa un día en que no pinte, me siento mal, vacío. Debo hacerlo, es un placer del que espero disfrutar hasta que me muera. Y entonces, comenzará el juicio real sobre mi obra.

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