Durante la celebración del Real Madrid, en plena cancha del estadio San Siro de Milán, mientras todos los jugadores se peleaban por levantar el trofeo de la Champions League que acababan de ganar, James Rodríguez, que estaba a mi lado, se volteó y me dijo: “¡Hermano, pasa la copa, álzala, álzala!”. (Yo me colé en una foto oficial del Manchester United)

Me llamo Gaspare Galasso, tengo 23 años, estudio Economía y trabajo en Sicilia en el negocio de mi familia, una agencia inmobiliaria. Como la mayoría de los italianos, veo partidos casi todas las semanas y me encanta ir al estadio, aunque nunca quise ser jugador de fútbol. Eso sí, logré algo que la mayoría de los futbolistas profesionales sueñan, aunque pocos logran hacerlo: alzar la copa de la Champions League. ¿Cómo llegué a tener la “Orejona” en mis manos? Pues colándome, como lo vengo haciendo desde 2012.

Antes de eso, nunca se me había ocurrido meterme a un estadio sin boleta. Es más, la primera vez que lo hice fue casi de manera accidental. Siempre he sido hincha del Palermo, equipo de la primera división italiana o Serie A, y con mi amigo Antonino íbamos mucho a ver los entrenamientos, así que ya nos conocían en el club. Los del equipo supuestamente nos iban a regalar dos boletas para ver el partido contra Roma, pero solo recibimos una, y estaba a nombre de Antonino. Pero dio la casualidad de que el día del encuentro los dos íbamos vestidos con la sudadera oficial del equipo y por eso yo, que no tenía boleta, pasé sin problema por el primer filtro de seguridad. Luego, sin pensarlo, seguí derecho y llegué hasta los camerinos.

Sergio Ramos, el capitán del equipo.

Solo un guardia se percató de mi presencia, me paró y me preguntó para dónde iba. Le respondí muy seguro que yo era uno de los jugadores, que había salido a entregarles unas boletas a unos amigos, que me dejara pasar porque ya se me había hecho tarde. Entre la confusión, mi tono de voz y la vestimenta, el guardia me dejó entrar y terminó pidiéndome perdón. Ahí me di cuenta de que podría hacer lo mismo muchas veces y pensé en lo divertido que sería probar en otros partidos.

Poco después, me gané el título de “Rey de los Colados”. Fue exactamente el 20 de mayo, cuando entré sin pagar al Estadio Olímpico de Roma a ver la final de la Copa Italia, entre el Napoli y la Juventus. Ese día terminé apareciendo en el póster oficial del Napoli, que resultó campeón. Con el tiempo perfeccioné la técnica en diferentes estadios, incluido el Emirates de Londres, donde vi en 2013 al Arsenal, también contra el Napoli, en un partido de Champions. Así descubrí que, irónicamente, mientras más grande el estadio, es más fácil colarse.

Una vez logras entrar a zonas restringidas, el partido lo ves de cerca, como si fueras uno más del equipo, y te diviertes muchísimo. Tienes acceso al bufet y puedes estar con los jugadores, hablarles, comentar el partido directamente con ellos. Luego, vuelves a la casa y les muestras las fotos a tus amigos y a tu familia, y todos se ríen.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.

Cuando anunciaron que la final de la Champions de este año iba a ser en Milán, no planeé colarme, pero quería ver el partido así tuviera que comprar la boleta. En realidad, mi objetivo era ir a los alrededores del estadio antes del encuentro entre el Real y el Atlético de Madrid a ver qué pasaba. Ese día llegué al San Siro y vi a unos vendedores ambulantes con mercancía pirateada del Real Madrid. Ahí vi la oportunidad: por 10 euros, compré un portaescarapelas con el logo de la Champions, y por 5, un pin para la chaqueta. Seguí tanteando el terreno y, finalmente, me acerqué a los buses del Real Madrid, que estaban parqueados afuera.

En ese momento me decidí del todo: comencé mi actuación y entré en el papel. Resuelto a interpretar a un guardia de seguridad, empecé a gritarles a los hinchas y a organizarlos. Les decía: “No puedes estar acá, ve para allá, párate acá”. Y así, en medio del caos, terminé dentro del estadio. Ahí fue cuando un guardia de los de verdad me paró para pedirme la boleta, pero yo seguía actuando y bastó con decirle en tono de indignación: “¿Perdón?, ¿de verdad me está pidiendo la boleta a mí?”. Y me dejó entrar sin problema; no me preguntó nada más, probablemente pensó que yo era un supervisor de seguridad. (La vida y el fútbol según Pablo Repetto (el técnico de Independiente del Valle))

Seguí actuando y, gracias a las dos baratijas que había comprado afuera, logré engañarlos a todos. Dependiendo de quién estaba alrededor, me quitaba o me ponía el pin, o escondía el portaescarapelas, que obviamente estaba vacío. Entre idas y venidas, terminé viendo el partido desde la tribuna Autorità, la mejor del estadio, sentado al lado de Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid.

Con el goleador ucranianoPaolo Mandini, estrella del Milán y la selección italiana.

Esto de colarse es un juego doble, porque no solo debo actuar con la gente de seguridad, sino con los jugadores y con el staff del equipo. A la hora de entrar al estadio no siento miedo. Todavía no sé si eso es bueno o no, pero nunca pienso en lo que podría pasar. Cuando llega el momento de actuar, me sumerjo completamente en el personaje; estoy tan metido en el cuento que olvido que existe el Gaspare “normal” y por esas dos horas soy un jugador de fútbol profesional, un jefe de seguridad o el personaje que haya escogido.

Obviamente, ver a los jugadores es emocionante, pero debo mantener la sangre fría, porque para mí esto es como una misión. Basta el mínimo detalle que te delate para que te echen del estadio, así que hay que mantenerse serio. En la final de la Champions, con Sergio Ramos, James y todos los jugadores de uno de los mejores equipos del mundo al frente, habría sido fácil volverme loco. Pero en vez de eso, logré desfilar a su lado hasta la tribuna donde alzaron la copa. Ronaldo estaba detrás de mí, me apoyaba las manos en la espalda y, mientras subíamos por las escaleras, me decía: “Camina, que vamos por la copa”.

A pesar de no haberlo planeado, sí pensaba que iba a poder entrar al estadio, pero nunca me imaginé que estaría también en la premiación. Lo más curioso es que jamás se dieron cuenta de que yo era un colado. Todos los del Real estaban tan emocionados con la victoria que querían compartir la euforia con la gente alrededor, sin importar quién era. (11 Frases del fútbol colombiano para sentarse a reír (o llorar))

Tengo muchísimas fotos y videos de esta última experiencia en Milán, también del Emirates, en Londres, y de los otros estadios a los que he entrado. En el futuro me gustaría hacer un documental o una película con todo el material que tengo, pues seguro haría reír a la gente. Y aunque pienso que podría seguir metiéndome sin pagar a los estadios por muchos años más, pararé un rato, porque esta colada de la Champions fue una grande. Definitivamente, quisiera hacerlo algún día en un Mundial o en una Eurocopa. Y me habría encantado estar en la final de la Copa América y alzar otra copa con James. Lástima que no se le dieron las cosas a Colombia.

Con el goleador ucraniano Andrey Shevchenko. 

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