Donald Trump se posesionó hace casi dos meses y a su esposa no se le ha visto mucho por la Casa Blanca. Aunque la justificación para esto es que ella tiene que esperar en su apartamento de Nueva York a que su hijo Barron termine el año en el colegio, esa explicación no convence. Las hijas de Obama estudiaban en un colegio en Chicago, y tan pronto su padre se pasó a la Casa Blanca las dos cambiaron de colegio en mitad del año académico. Ningún colegio rechaza al hijo del presidente de Estados Unidos. (Melania antes y después de Trump)

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Esto ha llevado a los observadores a la conclusión de que hay algún tipo de crisis entre el presidente y su esposa. En las pocas ceremonias oficiales en que Melania ha participado, se le ve con una cara triste y lánguida. Y teniendo en cuenta que es una mujer de Eslovenia de origen humilde, es extraño que se haya abstenido de gozar del poder y los lujos a que tiene derecho la primera dama de la nación más poderosa del mundo.

Foto: Getty Images

En internet, donde se publica lo que los medios tradicionales no se atreven a decir, hay algunas versiones sobre el porqué de este distanciamiento. La explicación sería que en la campaña presidencial fue tanto lo que se investigó sobre la vida de los Trump que se hicieron revelaciones sobre cada uno de ellos que el otro desconocía.

En el caso de Melania, el descubrimiento fueron las famosas fotos en las que aparecía totalmente desnuda. Habían sido tomadas cuando ella era una desempleada aspirante a modelo que no tenía cómo pagar el alquiler de su apartamento. Una experiencia parecida han vivido muchas mujeres que posteriormente fueron famosas. Por ejemplo, Marilyn Monroe, cuyo calendario de desnudos dio pie a la creación de la revista Playboy. Hugh Hefner lo vio colgado en alguna parte, reconoció a la actriz, buscó al fotógrafo y compró los derechos por 500 dólares. Con esas fotos sacó el primer ejemplar de su revista y el resto es historia.

Foto: Jarl Ale de Basseville

Madonna también tuvo que posar desnuda a los 18 años para pagar el alquiler, y esas fotos aparecieron 20 años después en Playboy. Vanessa Williams hizo lo mismo con unas fotos sensuales en las que aparecía con otra mujer. Cuando fue coronada Miss Universo, eso no se sabía. Pero apenas la revista Penthouse publicó las imágenes, le quitaron la corona.

El caso de Melania es parecido a los anteriores, pero con una sola diferencia: ninguna de esas estrellas de Hollywood llegó a ser la esposa del presidente de Estados Unidos. Por lo tanto, la revelación de esas imágenes por el diario New York Post fue motivo de gran vergüenza, no solo para ella y para su marido, sino para Estados Unidos. Primeras damas ha habido 45 en la historia de ese país, pero en pelota, ninguna.

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A esto se suman dos elementos que complicaron las cosas. Por un lado, los desnudos de Melania no eran de ella sola, sino abrazada sensualmente a otra mujer sin ropa. Aunque tanto ella como su marido dijeron que se trataba simplemente de una simulación artística, algo va del desnudo al erotismo lésbico.

Pero lo más grave no fue eso. Allegados a Donald Trump aseguran que el presidente no tenía idea de esas fotos y que su sorpresa fue tan grande como la de la opinión pública.

En realidad, la mayoría de mujeres famosas que tienen algún capítulo como ese en su pasado no se lo cuentan a sus maridos. También es frecuente que alguien descubra ese pasado, como les pasó a Marilyn Monroe, Madonna y Vanessa Williams. Sin embargo, aquí volvemos a lo mismo: ninguna de ellas fue primera dama de Estados Unidos. Lo que sí se conoce es que Trump, además de avergonzado, se indignó con su esposa. No se sabe si por haberlo hecho o por no haberle contado.

La campaña presidencial fue la razón por la que esas fotos salieron a la luz pública. Sin embargo, eso no fue lo único que se reveló: en 2006 Donald Trump, después de un año de matrimonio con Melania, había tenido un affaire con Karen McDougal, la playmate del año 1998 de la revista Playboy. Karen es una de las mujeres más espectaculares que han posado en esa publicación. Combina una cara angelical con un cuerpo sensual perfecto. En ese momento ella tenía un poco más de 30 años, y el hoy presidente era un billonario glamuroso, con muchos menos kilos encima, que conquistaba al mundo poniéndoles su apellido a los edificios más importantes de Estados Unidos.

Trump y Karen posan juntos en una fotografía tomada por la época de su romance.

Su estilo de vida era objeto de envidia universal. Su enorme yate se llamaba Trump Princess. Su aerolínea privada, Trump Air. Y era propietario, entre muchas otras cosas, del icónico Hotel Plaza de Nueva York. No era raro que las mujeres se enloquecieran con él, y su aventura con Karen McDougal, desde el punto de vista de ella, es totalmente lógica. Si para algo sirve posar en Playboy es para tener acceso al mundo del glamour, y qué más glamour que Trumplandia.

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El hecho es que los sabuesos de la prensa, que trataban de encontrar toda la basura posible sobre el candidato, descubrieron esa relación de hacía una década. Sin embargo, Trump tenía muchos enemigos pero también muchos amigos. Y uno de ellos era David J. Pecker, el dueño del tabloide National Enquirer. Para ayudar a su amigo candidato y evitar un escándalo, encontró rápidamente a la muchacha y le pagó 150.000 dólares por la exclusividad de su historia. El contrato contenía cláusulas penales en la eventualidad de que esa exclusividad fuera violada y ella le contara a otro medio.

La portada de la revista Playboy en 1998, en la que apareció la despampanante Karen McDougal

Para sorpresa de la joven, el objeto de ese contrato no era publicar el cuento, sino precisamente lo contrario: enterrarlo. De ahí que la revelación del affaire, que hubiera hecho mucho daño en la campaña, nunca llegó a aparecer en ningún medio tradicional. Pero internet no es tradicional ni tiene fronteras. Por lo tanto, no solo empezó a circular información sobre el romance entre el magnate y la playmate, sino también sobre el contrato para el “¡tapen, tapen, tapen!”.

Mc Dougal fue una de las invitadas especiales al campeonato de golf de Playboy en 2007, donde se robó todas las miradas.

No todo el mundo se enteró, pues no todos siguen de cerca la información de alcantarilla que rueda en internet. Pero Melania sí. Y en ese entonces no solo estaba recién casada, sino también embarazada. Y para ella no fue nada agradable descubrir, diez años después, que mientras gozaba con la ilusión de su maternidad, su marido se estaba acostando con una playmate. Se dice que la actual primera dama es tan bella como explosiva. Su temperamento es como un fósforo y su actual distanciamiento del poder ha dejado claro que tiene carácter. Por lo tanto, la escena que se debió vivir entre ellos dos cuando se supo lo de esa aventura extraconyugal seguramente fue cosa seria.

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Este es el pantallazo de las páginas de la revista Playboy cuando esta publicación le otorgó a Karen el título de Playmate del año. Esto sucedió ocho años antes de que se convirtiera en amante de Trump.

Según algunas versiones, la guerra fría que hoy existe entre Trump y Melania obedece en gran parte a esas dos chivas que se hicieron públicas durante la campaña: las fotos de ella y el affaire de él. Aun así, por ahora se descarta la posibilidad de un divorcio. El presidente, con tres matrimonios encima, se convertiría en un objeto de ridículo mundial y de vergüenza norteamericana si llegase a quedar soltero otra vez. Y Melania Trump, por más sencilla y digna que sea, no va a dejar de ser primera dama para volver a ser modelo o para promover la línea de cosméticos que lleva su nombre, marca que quedaría bastante desprestigiada con un divorcio escandaloso. Así que por el momento se anticipa un matrimonio que, aunque pegado con babas, subsistirá de puertas para afuera con fotos de los dos de vez en cuando en los medios.

Después de posar para Playboy, Karen se convirtió en amiga cercana del fundador y directir de la revista, Hugh Hefner.

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