No pensaba ser futbolista, aunque me gustaba mucho jugar, pero así empecé a ganarme la vida y podía pagar mis estudios de Derecho. Fue cuestión de tiempo para que terminara ligado a las canchas y abandoné la idea de ser abogado en el segundo año de la carrera.

Todo empezó en 1971, a los 24 años. Pasé de River a Independiente y ganamos cuatro veces consecutivas la Liberadores, entre el 72 y el 75. Un año después, comencé a jugar para Boca Juniors y también ganamos la Copa dos veces seguidas. Fueron seis años de fútbol intenso en los que este deporte me dejó grandes recuerdos, como cuando le ganamos con Independiente al Colo Colo en Santiago, pocos días antes del golpe de Estado de Pinochet, o cuando vencimos a la Juventus en el Estadio Olímpico de Roma por la Copa Intercontinental.

Ahora que estoy retirado, siento que no puedo estar alejado del fútbol. Todo el tiempo estoy al tanto de lo que pasa y me dedico a entrenar a los chicos de las divisiones menores de Independiente. Es una faceta muy diferente del fútbol que disfruto mucho. Cada vez que uno de mis alumnos me dice Rey de Copas, siento como una caricia en el corazón, no sé cómo explicarles.

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