Me acuerdo de los coloridos juguetes de madera de almacenes Dame: columpios, caballos, carros, carretas, camiones...
Me acuerdo de las frutas acarameladas que vendían a la salida de misa en La Porciúncula y Chapinero…
Me acuerdo de pensar que vivía la época de las máquinas: la de escribir, la de coser, la de tejer, la de afeitar, la de retratar…
Me acuerdo de Gloria Valencia cantando “Feliz cumpleaños, amiguitos” en el Cumpleaños Ramo y del Show del tío Alejandro, con Alejandro Michel Talento…
Me acuerdo cuando Santa Fe y Millonarios eran los equipos importantes de Colombia: los ‘perros’ ya tenían el doble de estrellas que Santa Fe, pero Nacional y Cali tenían menos títulos que el Rojo y América, y Junior aún no habían ganado nunca…
Me acuerdo de la belleza de los billetes azules de un peso, que era lo que llevaba para el colegio cada día…
Me acuerdo de la Kol-cana, que costaba 70 centavos, y por cuya ‘finca’ le devolvían a uno como 20…
Me acuerdo de la Kist de uva, de la Kist de limón, de los Charms de menta blancos, de los transparentes, de los surtidos, del Bon Fruit, de los chicles Bubblegum…
Me acuerdo de cuando la Navidad era de colores: de los aviones y los volcanes y las rodachinas Mariposa; de las casetas que los vendían en el Parque Nacional y en el Parque de las Flores. Me acuerdo de los voladores chiquitos que se prendían desde una botella de gaseosa, de los globos y del olor de las luces de bengala…
Me acuerdo del árbol de Navidad de Sears, de las iluminaciones del edificio Bavaria y de la fuente del centro Tequendama…
Me acuerdo de la berraquera de disfraz de Supermán que vi en una vitrina y que le pedí al Niño Dios y de la pinche máscara de plástico y de la capa enana que me trajo…
Me acuerdo de cuando los regalos de primera comunión eran un reloj, un transistor, un estilógrafo Parker o una caja de 48 colores Prismacolor…
Me acuerdo de la “libreta de sacrificios” que había que llenar en el colegio con todos los que uno hiciera desde la Cuaresma hasta antes de Semana Santa…
Me acuerdo de Harold, de Christopher, de Pablus Gallinazo y su Flor para mascar, de Ana y Jaime (“yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así…”), de Radio 15, del almacén de discos DiscoClub en la 15 con 87, de su tarjeta de fidelización…
Me acuerdo del día que mi tío me trajo, apenas salió, el icónico disco Abbey Road, de los Beatles. Me acuerdo de la sensación que era abrir un LP, de la maravilla que eran las carátulas, del olor del acetato y de las fundas interiores con las letras de las canciones…
Me acuerdo de los álbumes y de las monas que se pegaban con goma o Colbón. El primero que hice fue uno de Batman, la serie de televisión. Inolvidable porque mi hermano me convenció de gastarnos en monas los 70 pesos que nos habían dado a cada uno para pagar los uniformes de gimnasia del colegio. Y el castigo fue tenaz: nos quitaron el álbum y lo guardaron meses… pero lo llenamos…
Me acuerdo de los de los mundiales. Yo tenía 9 años cuando salió el de Brasil 70, y así supe que existía El Salvador; conocí a Espárrago, de Uruguay; a Perico León y Teófilo Cubillas; a Pelé, Rivelino, Tostao, Gerson, Jairzinho; a Jackie y Bobby Charlton; a Gianni Rivera y a Beckenbauer…
Me acuerdo también del de Alemania 74, del de Argentina 78 y, con especial emoción, del de Italia 90, porque fue el primero que hice con mi hijo…
Me acuerdo de otro espectacular de automóviles con la historia de Mercedes Benz, de Ferrari, de Porsche, de Ford, de todas las marcas de General Motors, de la evolución de los carros de Fórmula 1... Entre otras cosas, traía los diseños de los carros del futuro, sin llantas, porque se esperaba que para 1980 ya volaran…
Me acuerdo de la serie de televisión de los Beatles en “monos animados”…
Me acuerdo del Teletigre, en el canal 9, y sus series: Flipper, Batman, Hechizada, Mi bella genio, La monja voladora, La tribu Brady, La familia Partridge, Los Monkees, El superagente 86…
Me acuerdo —no sé por qué, porque era malísimo— del comercial de “capitalice con Capitalinas”, con Otto Greiffenstein…
Me acuerdo de “la naranja no se pela, la naranja se destapa”…
Me acuerdo de los personajes animados de Hanna-Barbera: Huckleberry Hound, El oso Yogi, Don gato, La hormiga atómica, Pixie Dixie, Tiro Loco McGrow, el Cabazorro…
Me acuerdo de Los Picapiedra y de Los Supersónicos; de esa fascinante capacidad de imaginar y de recrear la vida del pasado y del futuro con las comodidades y las situaciones del momento…
Me acuerdo de la transmisión de la llegada del hombre a la Luna, vía Telecom, “que une a Colombia, y a Colombia con el mundo”...
Me acuerdo de que los afiches del Apolo XI fueron el gran éxito en la siguiente Feria Internacional de Bogotá…
Me acuerdo de “turista satisfecho trae más turistas”, la campaña de “marca país” (diríamos hoy) de la época…
Me acuerdo de cuando, para tener una camiseta parecida a la original de Santa Fe, le cosí a una camiseta de fútbol las mangas largas blancas de la camisa del uniforme del colegio y le puse el número 8 de Alfonso Cañón. Y me acuerdo, claro, del vaciadón la siguiente vez que me tocaba ir de uniforme al colegio y tuve que confesar que no tenía camisa…
Me acuerdo de que en los años de primaria era tal la hegemonía azul, que cuando en los recreos jugábamos partidos Santa Fe-Millos con equipos conformados por hinchas, siempre eran 20 azules contra cuatro estoicos rojos…
Me acuerdo del día que, por ahí en tercero elemental, y gracias a un peluqueado que me hizo una tía con el revolucionario “peluchín” (una peinilla con cuchilla incorporada), Alejo Sayer (q.e.p.d.). me bautizó ‘Mico’ y así me dejó para siempre.
Me acuerdo de los patines Chicago, que se ajustaban al pie con una llave, y de las bicicletas Monark…
Me acuerdo de cuando los pilotos de avión eran casi astronautas y las azafatas, modelos perfectas…
Me acuerdo de cuando SAM era la aerolínea rival de Avianca y después Aerocóndor, y después Aerotal, y después Aces, y después AeroRepública… Y me acuerdo de El Venado, que no era rival de nadie y tenía accidentes cada rato...
Me acuerdo de Braniff, la aerolínea gringa cuyos aviones pintó Calder de colores. Me acuerdo de los elegantes aviones blancos con azul oscuro de Avianca, y de cuando cambiaron a rojo…
Me acuerdo de los afiches de Los Beatles con los que tenía empapelado mi cuarto. Me acuerdo de su película Let It Be, y de mi incredulidad y dolor ante la noticia de su separación…
Me acuerdo de cuando apareció —y desapareció— Abba…Y de cuando aparecieron —y desaparecieron también— el casete, el walkman, el betamax y el discman
Me acuerdo de cuando los carros populares eran el Simca 1.000, el primer Renault 4 y el Fiat Topolino…
Me acuerdo de Archie, mi cómic favorito, y de que cuando creciera quería ser como Carlos, para levantarme unas hembritas como Betty y Verónica…
Me acuerdo de ver por televisión las increíbles peleas de Ali vs. Frazier (y después vs. Foreman). Y me acuerdo del día que el gran Kid Pambelé ganó el primer título mundial para Colombia…
Me acuerdo del centro comercial El Lago, que tenía un teatro (donde vi la película de Batman de la época), la peluquería Xanadú (donde uno podía ver Playboy mientras lo “rapaban”) y el Ranch Burger (las mejores hamburguesas de Bogotá), tres clásicos…
Me acuerdo de los programas de concurso con Pacheco, Elija su pareja y Qué pareja más pareja
Me acuerdo de Concéntrese, que con el tiempo se fue sofisticando hasta que, para descifrar su jeroglífico final, el participante tenía que meterse en una cabina insonora. Me acuerdo de Julio E. Sánchez Vanegas contando con su voz nasal los billetes del premio…
Me acuerdo de El Santo, Simón Templar. De Bonanza. De Yo y tú y, después, de Don Chinche
Me acuerdo de los partidos de fútbol que jugábamos en la calle con un balón absolutamente pelado y en los que el gol consistía en pegarle a un mismo poste...
Me acuerdo de cuando los monos de El Tiempo eran una separata dominical a color y traían a Tarzán; al Fantasma; a Dick Tracy, que hablaba en FaceTime desde un reloj; a Don Pancho, el de Educando a papá; a Benitín y Eneas; a Don Abundio; a Don Fulgencio, “el hombre que no tuvo infancia”; al gamín Copetín…
Me acuerdo de cuando había trolleys en la 72, de la Caracas hacia abajo; de cuando las compañías de buses tenían cada una su color; de cuando había taxis negros y rojos; de cuando las carreras novena y once eran de doble vía; de cuando la séptima tenía una calzada en cada sentido y los jardines de las casas a sus orillas, entre la 72 a la 86, llegaban hasta el separador de hoy en día…
Me acuerdo del Dodge Demon rojo/naranja o verde biche con techo negro: el carro más lobo que ha existido…
Me acuerdo de cuando uno iba a cine al Almirante, al Scala, al Aladino, al Embajador, al Lucía, al Radio City y después al Royal Plaza, que era más moderno…
Me acuerdo de las raquetas de tenis de madera: la Davis, la Dunlop Maxply; de las primeras raquetas metálicas Wilson y Schlezinger, y de las bolas de tenis Tretorn blancas…
Me acuerdo de estar absolutamente enamorado a los 14 años de Clarita, una profesora del colegio, de 23…
Me acuerdo del primer número de Doña Bárbara (la revista precursora de SoHo) y de su portada con Dora Franco…
Me acuerdo de la primera vez que toqué batería frente a un público. Ganamos el concurso, pero yo aún no he podido superar el miedo escénico…
Me acuerdo de cuando entré a trabajar en publicidad: el 15 de enero de 1979, un mes y medio después de haber salido del colegio y unas semanas antes de entrar a Publicidad en la Tadeo. Fue en el departamento creativo de Publicidad Camilo Salgar Jaramillo...
Me acuerdo de las campañas icónicas de esa agencia: Coffee Delight, las Hermanitas Singer, la ‘Cachaca’, la que logró hacer afeitar a Pacheco para Schick…
Me acuerdo del primer trabajo profesional que hice: el logo de Jorge Cabrera Mazuera, una compañía de finca raíz…
Me acuerdo de un comercial de Bon Bon Bum que hicimos y, como no había presupuesto, los bailarines de música disco éramos todos amigos: Jorge, Mónica y María Andrea Salgar, Carlota Isaza, Claudia Restrepo (el churro de la época), Carolina López, yo…
Me acuerdo de la primera vez que vi a Les Luthiers, en el Teatro Colón. Desde ese día me volví fanático…
Me acuerdo de cuando estaba como en tercer semestre, que entró un primíparo alegre y con muy buena pinta por el que todas las niñas se enloquecían. El tipo se enroló como cantante de la orquesta de la universidad. Me impresiona que Carlos Vives mantenga esa sencillez y simpatía después de convertirse en la figura que es…
Me acuerdo con estupor de la primera página del periódico los días que registró la caída del Jumbo de Avianca y el asesinato de John Lennon…
Me acuerdo del comercial de Holguín Publicidad para el Banco Cafetero, en el que la cara de un tipo se iba desfigurando para demostrar que “la droga te destruye”…
Me acuerdo de Propaganda Época, de Gente, de Ponce, de Meza Bates, de Arva, de Puma, de Tema, de Reprich y Asociados, de Procesos Creativos, de Centrum, de Contacto, de Atenas, Aser y Atlas, de tantas agencias de publicidad que ya no están…
Me acuerdo del primer premio que gané en publicidad: un India Catalina, por una campaña de prensa con caricaturas para Unicentro Cali, por allá en el 86…
Me acuerdo del día que Polar y yo le propusimos a Sokoloff montar la agencia…
Me acuerdo de cuando me pidieron ir a Los Ángeles para asistir al rodaje de un comercial de Unicef, “solo a ayudar en la parte de relación, porque todo está listo”. Me acuerdo con horror de llegar la noche anterior y ver que no había nada: ni estudio, ni cámara, ni equipo de producción…
Me acuerdo de que, aprovechando la diferencia de hora con Bogotá, logré contratar todo para la mañana siguiente, cuando estaba citado el actor: así terminé dirigiendo a Antonio Banderas…
Me acuerdo de mi época en McCann; me acuerdo con cariño de papá; de las campañas de “es sentir de verdad” de Coca-Cola; de Aces “por el respeto”; del brasier de Natural Collection, que tenía una canción de Edith Piaf y que Inravisión no quería dejar salir al aire porque “no se entiende nada de lo que dice la música”…
Me acuerdo de la vez que me invitaron al lanzamiento de una revista y no llegó el presentador, por lo que me pidieron hacer de maestro de ceremonias y subastar una tanga de Sofía Vergara… con ella. ¡Recogimos una plata importante!...
Me acuerdo del orgullo que sentí el día que fui a la ceremonia del Grammy, en Las Vegas, con mi hijo Juan Felipe como nominado y de la noche en que mi hija María tocó el solo de lira que hizo ganar a Los Nogales el concurso intercolegiado de bandas…
Me acuerdo de ver el parto de mi hija Cayetana. Y por ella me acuerdo todos los días de que estoy vivo…
Me acuerdo de los grandes maestros de mi vida: Alfonso Casas Morales, Camilo Salgar Jaramillo, Jorge Martínez Escobar y Alberto Villar Borda…
Me acuerdo de mi mamá, que se fue muy joven, hace ya 13 años…
Me acuerdo todo el día de mi mujer…
Y me acuerdo, todos los días, de darle gracias a Dios.

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