No puedo negar que, hace años, el escándalo era uno de mis hobbies favoritos. Me encantaba que las revistas dijeran que yo andaba con tal o cual modelo en San Andrés, que yo era el novio de esta o aquella, o que la gente se rasgara las vestiduras simplemente porque Franz Serrano, el hijo del general Rosso José Serrano, el mejor policía del mundo, se había convertido en modelo. Contradictorio, sí, pero jamás ha sido una vergüenza, como muchos quisieron hacerlo ver.

Mis padres, gente moderna y abierta, han sido, son y serán mis mejores amigos. La mayor recomendación que me ha hecho mi papá en la vida es simple, resumida en dos palabras: "Tenga cuidado". Y eso se lo agradezco, pues las he seguido a rajatabla.

La época de locuras ya pasó. Hoy, desde Madrid, vivo a saltos por varias ciudades europeas y me gano la vida como diseñador de interiores. Soy un convencido de que existen edades para todo, de los diez a los veinte años, toda persona debe dedicarse a estudiar; de los veinte a los treinta, a rumbear; y de los treinta en adelante, a sentar cabeza y pensar en un futuro… Estoy en esa etapa. Si yo siguiera en las mismas que hace unos años, no habría hecho nada en la vida.

Siempre he tenido una gran habilidad para los negocios y desde los dieciséis años estaba ganando mi propio dinero. Mientras me encontraba estudiando Mercadeo y Publicidad, Nancy, una señora conocida en el ambiente del modelaje, me dijo que tenía pinta y madera para dedicarme a este mundillo. Y yo le hice caso, aunque sabía que siendo hijo de quien soy hijo, la gente se iba a escandalizar. Así, entré a la agencia de John Casablancas, modelé colecciones de decenas de diseñadores, y en 1996 gané el concurso Mister Colombia. No gané Mister Mundo, pero ese concurso me dio la oportunidad de trabajar un tiempo en Turquía.

Después de vivir en Miami más de ocho años y trabajar en la televisión algún tiempo, decidí establecerme en España en 2001. Aquí he vivido libre, lejos de los lentes. No voy mucho por Colombia porque mis padres viven en Austria. Ya no me importa si las revistas hablan o no de mí. Pero confieso que me sorprende que aún hoy después de tanto tiempo haya gente que me recuerde, en los medios y en la calle.

Me han inventado relaciones con gente que ni conozco e historias sobre mi sexualidad y sobre mi vida amorosa que me han hecho reír y a la vez pienso que se han quedado cortos. Me han casado con hombres, me han separado, me han juntado y dejado, y creo que todo esto lo han hecho con afán de atacarme no solo a mí, que desde hace más de trece años no vivo en Colombia, sino de atacar a mi padre. Pues no lo han logrado porque tal vez mis padres sean los únicos que de mí lo saben todo... ¡Absolutamente todo! Y su opinión y apoyo son lo único que me importa.

Hoy estoy en uno de los momentos más felices de mi vida porque, si Dios quiere, voy a ser papá a finales del invierno próximo. Viviré esta feliz experiencia con Pepa, la madre de mi hijo, porque soy un convencido de que hay alternativas diferentes de familia. Pero explicar eso me llevaría al menos diez páginas de su revista.

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