En 1996, siendo editor de investigaciones de la revista Cambio16-Colombia conocí personalmente a Gabriel García Márquez. Aún no era el dueño pero sí el arcángel de la redacción. Desde México me encargó un reportaje sobre el primer ‘gringo‘ extraditado a Colombia, lo corrigió vía fax, me promovió como alumno de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y me convenció de tomar en serio la literatura. Desde 1999, cuando el Nobel era propietario de Cambio, tuve la oportunidad de acompañarlo como ‘datero‘ para reportajes como "El enigma de los dos Chávez", un perfil del presidente venezolano. A pesar de que el cáncer lo alejó de la redacción, hasta 2001 disfruté de su genialidad como jefe y maestro. Hoy, como editor dominical de El Espectador, recuerdo lo que aprendí de él:

» Aprendí que antes de hablar hay que pensar, para pensar hay que leer.

» Aprendí a leer novelas "por las costuras".

» Me enseñó que la mejor historia se consigue alejándose de los enjambres de periodistas.

» Aprendí a olvidarme de la grabadora para descubrir mi propia voz narrativa.

» Aprendí que la clave no es escribir sino reescribir.

» Me enseñó a darle vueltas a una frase hasta encontrar la palabra correcta.

» Aprendí que en el mundo, a pesar de sus desventuras, siempre ocurren eventos fantásticos.

» Que Lenguazaque (mi pueblo) es tan mágico como Aracataca.

» Aprendí a creerle a "la memoria del corazón".

» Que el amor es tan importante como la comida.

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