La segunda y la más fácil es pagándoles a dos putas. Uno ve un show de lesbianismo (valga la palabra show, ya que nadie siente nada). Los hombres que crean que al haberlo hecho ya cumplieron ese sueño les cuento que están lejos de la realidad. Solo vale cuando el corazón está de por medio así sea un poquito.

El tercer esquema es pagarle a una tercera persona con su pareja. Es apasionante, bien práctica y sana. Su mujer, que sabe que la otra no va a dejar rastro, se atreve a hacer de todo y el riesgo de que le queden gustando más las mujeres se disminuye porque es muy difícil que termine enamorada de una puta.

Lo grave es que es caro. La cuarta opción es la de verdad verdad y la más difícil, porque suele presentar traumas y dramas: acostarse con la novia y su guapa amiga. La que uno ve y dice "qué buena que está" y fantasea pensando en ella. Lograr un trío así es una obra maestra ya que el ego y la inseguridad femenina difícilmente les permite a las mujeres compartir su hombre.

Las dudas de si "le gustaría más con ella que conmigo" y el mismo trauma del day after, normalmente trancan cualquier avance que uno cree haber logrado. Solo la suerte y la vida misma le mandan una situación así.

A mí me pasó en Girardot. La rumba había empezado temprano y como a mí el trago de día me pega durísimo, decidí irme a descansar un rato.

Cuando desperté ya había oscurecido. La gente había salido pero el techno seguía sonando desde la piscina. Caminé medio dormido tratando de encontrar a mi novia. Había botellas vacías por todas partes y ella no aparecía hasta que empecé a buscar en los cuartos por si alguno de los manes me la había tumbado. Vi un par de cabezas por detrás en el sofá.

Mi novia estaba recostada y otra persona le hablaba al oído de una forma muy sensual. Me acerqué lentamente y sin que me notaran llegué a centímetros de ellas, que se besaban apasionadamente. Impávido, le cogí la cabeza a mi novia para que se percatara de mi presencia. Ya encima de la otra, ella me quitó la mano con un movimiento brusco, como si no quisiera interrupciones.

A pesar de todo uno se siente raro al ver a la novia gozando del sexo por aparte pero, en fin. decidí no escandalizarme e intentar que me tomaran en cuenta. Me senté al lado y la amiga me miró a los ojos como complaciente, lo que me dio a entender que tenía que atacar por ese lado.

Haciendo malabares empecé a besarme con la amiga mientras mi novia le besaba los pechos. Estaban medio desnudas, una sin brasier y con tanga (mi novia) y la otra con la tanga a medio quitar. Cuando mi novia subió la cara también participó en un beso de tres que junto con la agarrada de nalgas que le hice a la amiga precipitó un acelere mayor. La amiga, que en ese momento recibía el ataque de ambos y empezó a enloquecerse de la arrechera, me bajó los boxers de un tirón e hizo lo suyo.

Con este último movimiento se oficializó mi participación en el trío. Conté con caricias tiernas de parte y parte, pero no había lugar a la penetración. Ninguna de las dos quería que se lo metiera.

Jugamos largamente a hacernos sexo oral y a juntar los cuerpos de manera tal que el roce nos generara una tierna excitación. Había que aguantar la venida. En los tríos una venida a destiempo daña todo. Ellas tenían el control y solo tomé la iniciativa cuando vi a la amiga levantar las nalgas mientras le hacía la miné a mi novia en cuatro. Ahí sí me acomodé y con su total consentimiento la pude penetrar. Perdimos el pudor y entramos en un viaje sexual largo.

Cuando terminamos nos quedamos acostados en el sofá hasta que sentimos que empezó a llegar la gente de la casa y así como si nada salimos uno a uno. Un tiempo después terminé con mi novia. Su amiga sigue siendo mi amiga, pero nada más que eso.

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