Me acuerdo de que lo mejor de mi infancia fueron todos los 24 de diciembre en casa de mis padres…

 

Me acuerdo de mi comida favorita de niño, que era la sopa de alverja verde con salchicha y trocitos de pan tostado. Me la tomaba en la casa de mi abuela, quien vivía al lado de la mía… 

 

Me acuerdo de que la primera vez que participé en una competencia regional fue en 1959, cuando apenas tenía 10 años, en los polígonos de la Policía Nacional en Barranquilla, y en ese mismo año participé en una competencia nacional, pero ya en el Club de Caza y Tiro de la misma ciudad… 

Me acuerdo de lo que más me gustó de Múnich: Marienplatz (Plaza de María) en el puro centro de la ciudad, el Estadio Olímpico —por su diseño arquitectónico— y las salchichas alemanas, servidas con pretzel… 

Me acuerdo de que con Lakov Zhelezniak, el soviético que ganó la medalla de oro, no hablé ni una palabra…

Me acuerdo de mi mayor frustración como deportista, que fue no haber logrado la medalla de oro olímpica, quetuve muy cerca y que hubiera podido conseguir con un poco de mayor esfuerzo en los Juegos de Montreal 1976… 

Me acuerdo de que el día en que sentí más nervios fue en el Campeonato Mundial de Tiro en Melbourne, Australia, en 1973, en un desempate final, que gané... 

Me acuerdo de que gracias a eso obtuve la presea de bronce… 

Me acuerdo de que después de Múnich, cuando salía caminando por la calle, casi siempre fuera de Barranquilla, la gente se me acercaba y me solicitaba autógrafos… 

Me acuerdo de una vez que estábamos entrando a un cine en Bogotá, con unos grandes amigos, Jaime Romero y familia, y las luces estaban apagadas. En ese preciso momento estaban pasando un cortometraje de noticias que se llamaba El mundo al vuelo, y justo en ese instante presentaron la noticia de mi medalla, donde yo salía en la escalinata del avión, saludando al público. Alguien del cine se dio cuenta de que yo estaba ahí, regó la voz, encendieron las luces y el público presente me aplaudió efusivamente… 

Me acuerdo de que decidí retirarme en 1994, después de mi participación en el Mundial en Milán, Italia. 

Me acuerdo de que en ese mundial quedé de 16 entre 60 competidores y que ese mismo año me retiré oficialmente de la modalidad de blanco móvil 50 metros (tiro al jabalí) a nivel nacional, en el campeonato que se efectuó en mi ciudad... 

Me acuerdo de que en 1994 obtuve por última vez el Campeonato Nacional… 

 

Me acuerdo de que después de mi retiro empecé a practicar la modalidad de tiro al platillo (skeet), y lo sigo haciendo hasta el día de hoy, aunque en categoría senior… 

Me acuerdo de que el homenaje más grande, y para mí el más significativo e importante, no me lo hizo el país; me lo hicieron dos periodistas de Barranquilla, en 2002, por 30 años de Gloria Olímpica, con la asistencia de todas las autoridades locales, regionales y nacionales, tanto administrativas como deportivas. Fue un acontecimiento verdaderamente grandioso e imposible de olvidar… 

Me acuerdo de que en 2002 yo estaba desempeñando las funciones de cónsul en Aruba, y las periodistas Dilia Esther Bolívar y Sandra Gómez se consiguieron varios patrocinios, para poder llevarme a Barranquilla con mi señora y mi hijo menor, durante tres días y poder estar presente en ese homenaje… 

Me acuerdo de que mis medallas de carácter regional, departamental e internacional están dentro de unos cuadros que mandé a hacer y las puse en un estudio en mi apartamento en Barranquilla; las dos medallas olímpicas, en un cuadro aparte, pero en el mismo sitio… 

Me acuerdo siempre, incluso hoy que me desempeño como cónsul general en La Habana desde 2011, de la comida de mi tierra, de mi familia y mis amigos. He estado vinculado al servicio exterior en varias ciudades como primer secretario de la Embajada de Colombia en Panamá; cónsul de Primera Clase en Caracas; cónsul de Primera Clase en Santo Domingo, República Dominicana, y cónsul de Primera Clase en Oranjestad, Aruba… 

Me acuerdo de que le debo todos mis triunfos en el deporte y en mi vida profesional a la persona que fue mi entrenador y me formó como persona: estoy hablando de mi padre, Ernesto Antonio Bellingrodt Ortega, quien falleció en 1992. Nada hubiera sido posible sin su luz... 

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