Nos conocimos cuando tenía 16 años, en un club de ultralivianos, unos aviones deportivos, y fuimos amigos por largo tiempo, pero siempre hubo atracción. Después de nueve años de amistad, le pedí una noche, le dije que era mi amor platónico, y así empezó todo. Y él feliz de que una vieja se lo pidiera. No estamos casados legalmente, porque la unión libre es mucho más práctica. Un papel no hace la diferencia. Somos una pareja feliz: salimos mucho, vamos a cine, a comer, a rumbear, como cualquier pareja.
Creo que los celos son inseguridad, y mi marido es el hombre más seguro que he conocido, en todos los aspectos de su vida. Nunca lo he sentido celoso por que yo tenga sexo con hombres más guapos, con mejor cuerpo y penes más grandes. El sexo sin involucrar sentimientos o sin amor solo genera placer a la carne, y una vez finaliza el acto sexual, no se siente deseo de besar o de quedarse dormidos con los cuerpos entrelazados. El amor es mucho más que buen sexo. Hacer el amor con corazón es intenso, se siente la entrega no solo del cuerpo sino del alma. Se disfruta cada detalle, las caricias son mejores, los besos son más dulces, el olor y el sabor del sudor son la gloria. Simplemente hay una entrega total sin que sea necesario o más importante tener un orgasmo para sentirse feliz.
No soy egoísta: así como mi marido me permite tener sexo con alguien más, él también puede tener sexo con otras mujeres. Este tipo de relaciones abiertas deben ser equitativas para que funcionen bien, y nuestra relación está basada en la confianza y el respeto. Él nunca me perdonaría que yo tuviera relaciones sexuales con otro hombre a sus espaldas. Me encanta verlo o saber que tiene sexo con otras mujeres; de hecho, esa situación oxigena la relación. Después de saber que mi pareja está o estuvo con otra vieja, tengo más sentido de pertenencia, le hago el amor con más ganas, lo veo más hermoso y me siento más segura de ser su mujer, aunque debo confesar que lo único que sí me pone celosa es pensar que pueda quedarse dormido abrazando a otra vieja. Eso me haría sentir una tristeza terrible, porque cuando es solo sexo, uno no desea dormir abrazado a esa persona y si eso sucede, se prestaría para que pase de ser solo sexo a algo en lo que ya se involucran sentimientos. Nosotros tenemos algunas reglas y en caso de algún inconveniente que nos esté afectando lo discutimos y llegamos a una conciliación. El día que nos enamoremos de alguien más, nada que hacer. Siempre se corre el riesgo de perder a la pareja, ya sea porque se comparte consciente de esto o porque se es infiel.
Por todo lo anterior, mi marido no se molesta con la gente que me aborda en la calle. A pesar de tener una profesión en la que se puede confundir fácilmente pornografía con prostitución, mis fanáticos se portan muy bien, son respetuosos a la hora de acercase a tomarse una foto conmigo o simplemente para pedir un autógrafo, aunque no falta la persona que cree que se puede sobrepasar y que me gusta que en todo momento me estén manoseando y haciéndome insinuaciones morbosas. Sin embargo, eso ya no me molesta; aprendí a manejarlo y la gente sabe que lo permito solo cuando estoy en mis presentaciones en público; de lo contrario, me hago respetar y me gusta mucho cuando es una mujer la que se acerca y pide que me tome la foto con su novio o esposo. Me parece bonito que no se sientan celosas de mí, sino que sean inteligentes y compartan estas cosas en pareja. También he tenido fanáticos que me persiguen o acosan y algunos que me ofrecen pagar lo que yo “pida”. Incluso llegaron a amenazarme con que tenía que estar con ellos a las buenas o a las malas, pero gracias a Dios nunca pasó nada. La verdad, me molestaban más cuando empecé a modelar que ahora que soy actriz porno.
Después de grabar, la verdad no tengo sexo con mi esposo, porque cuando estoy trabajando en Estados Unidos, él se queda en Colombia. Pero al terminar cada video, lo primero que hago es llamarlo para contarle cómo me fue, le describo la escena y en ocasiones me masturbo frente al computador para complacerlo cuando él así lo desea. Lo que sí hacemos juntos es intercambio de parejas: o él me consigue un hombre para que yo tenga sexo con los dos o simplemente me complace cuando yo quiero ver cómo se come a otra vieja. Es una relación abierta, en la cual lo único que no compartimos es el amor del uno por el otro. Y así ha sido desde que estamos juntos, hace seis años. No quiero tener hijos; ya tengo una niña de 16 a la que quiero como si fuera mi hija.

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