Grosso modo, la vida de Tiger Woods parecía resumirse con el refrán “el que sube como palma cae como coco”. A los años de triunfos, dinero y lujo les siguieron los escándalos sexuales, el divorcio, la mala racha, las dificultades de salud y hasta un arresto. Hace un año y medio, el otrora deportista mejor pagado de la historia a duras penas podía caminar. Pero el 23 de septiembre de este año dejó callados a sus críticos y con la boca abierta al mundo. Entre los gritos de la fanaticada enardecida, en un regreso sin precedentes, ganó su primer torneo en cinco años y demostró que su carrera aún no ha llegado a su fin. 

Un irreconocible Tiger Woods fue arrestado en 2017 por conducir en supuesto estado de embriaguez. Después fue absuelto.

La gloria

A mediados de los noventa, siendo un joven amateur, Tiger jugó en Augusta en un torneo en el que estaban los gigantes del golf Jack Nicklaus y Arnold Palmer, y los dejó atónitos con un tiro de 215 yardas hierro 3. Según el canal de golf de NBC, Nicklaus, el mejor de todos los tiempos con 18 títulos major, dijo que Palmer y él estuvieron de acuerdo en que ese muchacho los superaría.

A Eldrick ‘Tiger’ Woods lo criaron para ganar. Cuando tenía apenas un año sus padres, Earl Woods, veterano de la Guerra de Vietnam, y Kultida Punwasad, una secretaria tailandesa, le regalaron su primer palo de golf. A los 2 años salió con Bob Hope en el programa The Michael Douglas Show para mostrar su talento de golfista nato. Cuando entró al preescolar en Cypress, California, era el único niño de color, por lo que sus compañeros lo ataron a un árbol el primer día de colegio, le tiraron piedras y le escribieron encima la palabra “negro”. Pero su raza no lo puso en desventaja. El adolescente prodigio llegó becado a la Universidad de Stanford, donde comenzó a mostrarse en múltiples eventos del golf.

Comenzó como profesional en 1996 y, en poco más de una década, obtuvo un palmarés de 14 majors: cuatro títulos del Masters de Augusta en 1997, 2001, 2002 y 2005, cuatro del campeonato PGA en 1999, 2000, 2006 y 2007, tres del Abierto Británico en 2000, 2005 y 2006 y tres del Abierto de Estados Unidos en 2000, 2002 y 2008. Ha roto todos los récords. Es el golfista que más semanas ha sido número uno en el escalafón mundial, con mayor porcentaje de birdies por ronda, mejor media de golpes, más victorias antes de cumplir 30 años y un largo etcétera.

Cuando era apenas un adolescente, sus rivales ya intuían que se avecinaba la era del mejor golfista de la historia. 

Su racha ganadora era tal que no solo le llovían los patrocinadores, sino que también hizo que aumentara el botín en las premiaciones. En 2001 escribió el libro de golf más vendido de la historia, How I play golf, con 1,5 millones de copias en su primera edición. En 2005, con ingresos netos de 87 millones de dólares, se ubicó en el ranking de Forbes como el deportista mejor pagado del mundo y, según la revista Golf Digest, en 2007 superó las ganancias combinadas de los 70 mejores golfistas del PGA Tour.

En los años 2000, como parte de su estrategia de mercadeo, sus colaboradores le dijeron que ya iba siendo hora de que añadiera una familia a su ecuación de éxito. En el Abierto Británico de 2001, el golfista Jesper Parnevik y su esposa, Mia, le presentaron a la despampanante y glacial modelo sueca Elin Nordegren, quien trabajaba como niñera mientras estudiaba Psicología Infantil. Después de mucho insistir, Tiger consiguió que saliera con él y, en 2004, se casaron en Barbados en una boda que costó 1,5 millones de dólares. (Lea también: Razones por las que usted no envidiaría la vida de estos famosos)

‘El Tigre’ nunca ha escatimado en gastos. Tiene carros costosos, yates de ensueño, ha construido millonarios campos de golf y hasta montó un restaurante de lujo en Palm Beach. Su mansión en Jupiter Island, Florida, que cuenta con su propio campo de golf, está avaluada en 60 millones de dólares. En 20 años de carrera, Forbes calcula que ha ganado más de 1600 millones de dólares y, según el periodista Ron Sirak, tiene una jubilación asegurada con una pensión de 20 millones de dólares del PGA Tour. Hoy es el número 16 en la lista de atletas mejor pagados.

Su exesposa, Elin Nordegren, lo dejó al descubrir sus múltiples infidelidades. 

El calvario

Acostumbrados a los éxitos, el glamour y la sonrisa estelar de Tiger Woods, nadie esperaba lo que sucedió el 27 de noviembre de 2009. A las dos de la mañana, las autoridades encontraron su Cadillac Escalade accidentado contra un árbol y un hidrante a pocos metros de su mansión en la Florida. Una ambulancia lo llevó al hospital, pero no había sufrido golpes mayores. Aunque la familia intentó ocultar lo sucedido, pronto se supo la verdad. Su esposa acababa de descubrirle una infidelidad y lo persiguió, palo de golf en mano, hasta hacerlo estrellar del susto. (Lea también: Es usted un adicto al sexo)

El escándalo tomó dimensiones inimaginadas. La presentadora de televisión Rachel Uchitel era solo una de la decena de mujeres que afirmaron en la prensa haber tenido encuentros sexuales con el insaciable y, según lo que dijeron varias de ellas, bien dotado deportista mientras estaba casado. Su colección de amantes incluía meseras, damas de compañía y actrices porno. “Tenía un voraz apetito sexual que no conseguía calmar en casa”, le dijo a la revista Vanity Fair Mindy Lawton, mesera del restaurante donde regularmente iba la familia Woods y con quien Tiger tuvo un amorío por 14 meses.

Poco tiempo después, ‘el Tigre’ anunció su retiro indefinido de los campos de golf para dedicarse a su mujer y a sus dos hijos, Sam Alexis y Charlie Axel. El 19 de febrero dio una disculpa pública en una rueda de prensa. Con su madre presente afirmó: “Fui infiel, tuve aventuras”. Se declaró adicto al sexo y expresó su intención de ingresar a una rehabilitación de 45 días para curarse.

Pero la sueca no lo perdonó. Se divorciaron en 2010, en una de las separaciones más caras de la historia. Al comienzo se especuló que Nordegren se quedaría con 750 millones de dólares, lo cual superaba incluso la fortuna que le avaluaba Forbes al golfista. Finalmente, su mujer se quedó con 100 millones, una cifra más alta que la de su acuerdo prenupcial. Más de 16 millones de dólares por año de matrimonio, 10 millones de dólares por affaire. (Lea también: Tiger Woods, su esposa y sus amantes…)

En el país de la moralina, era de esperarse que el escándalo sexual repercutiera sobre la billetera del golfista. Su confesa adicción le costó cinco patrocinadores y 50 millones de dólares anuales. Nike, Kowa y Gillette se quedaron con él, pero lo dejaron Gatorade, AT&T, General Motors, Golf Digest y la consultora Accenture.

Cuando pudo recuperarse del show mediático, repleto de titulares amarillistas y bromas en internet, empezó a salir con la esquiadora olímpica Lindsey Vonn, pero la relación se cortó en 2015 tras tres años de noviazgo. El argumento de ambos fue la dificultad de hacer coincidir sus agendas, pero el Daily Mail reveló que se debía a que Woods había recaído en su compulsión. Los tabloides recordaron las explosivas confesiones de sus amantes, que no le gustaba usar condón y que incluso llegaba a gastar 40.000 dólares en prostitutas en un solo fin de semana.

Sus amigos trataban de defenderlo, decían que era una enfermedad, que como no bebía ni fumaba, necesitaba “ahogar sus penas de alguna manera”, pero las justificaciones no le sirvieron de mucho ante la opinión pública. Además, ese mismo año, su caddie, el neozelandés Steve Williams, publicó el libro Out of the Rough (Fuera del campo), en el que criticaba los malos tratos de Woods. “Me sentía como su esclavo”, denunció.

Su mansión de Jupiter Island, en Florida, tiene campo de golf propio y está avaluada en 60 millones de dólares. 

Escándalo tras escándalo, la salud del ‘Tigre’ comenzó a flaquear. En abril de 2014 lo operaron por un nervio desplazado en la espalda, en 2015 le intervinieron dos veces el pinzamiento y en abril de 2017 los médicos operaron un disco que le causaba dolor de ciática, espalda y piernas. Lesionado y apabullado por su vida personal, no había un solo torneo en el que le fuera bien.

En mayo de 2017, la Policía lo encontró dormido dentro de su carro a altas horas de la madrugada y lo detuvo por manejar borracho. La foto del arresto le dio la vuelta al mundo. Pero las dos pruebas de alcoholemia dieron resultados negativos. El informe toxicológico demostró que lo que había consumido Woods era un adictivo coctel molotov de analgésicos, ansiolíticos y medicamentos para el insomnio. Las autoridades lo soltaron, pero tuvo que someterse a un programa de desintoxicación para no perder la custodia de sus hijos.

El renacer

Después de los escándalos sexuales, el divorcio, la rehabilitación, el fracaso profesional y cuatro operaciones de columna, a los 42 años, cuando el mundo pensaba que jamás volvería a los campos, Tiger Woods regresó como el Lázaro del golf. Terminó el último día de torneo en el East Lake Golf Club de Atlanta con uno sobre par y un acumulado de -11, que le dieron su victoria número 80 del PGA Tour y lo acercaron un poco más al récord de Sam Snead, con 82.

‘El Tigre’ tuvo que morderse los labios para no llorar. La gente gritaba sin parar “Ti-ger, Ti-ger”, y los encargados de seguridad tuvieron que contener la marea humana. Después de celebrar el triunfo con los brazos en alto y conteniendo las lágrimas, les sonrió a los fanáticos y abrazó a varios miembros de la élite del golf; a su caddie, Joe LaCava; a su novia, Erica Herman, y a su agente, Mark Steinberg. “No habría podido hacerlo sin la ayuda de todos los que me rodean”, aceptó.

Woods, considerado por años un golfista rancio, demostró que ha cambiado y que su regreso viene acompañado de una humildad que había dejado sin estrenar. Como dijeron Jeff Benedict y Armen Keteyian en su biografía sobre Tiger Woods de comienzos de este año: “Como un hombre transformado, estaba listo para mostrarles a sus hijos y a una nueva generación de profesionales y fans cómo se ve una leyenda viviente”.

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