Primero que todo, déjenme aclarar algo, en vista de la cantidad de gente que cree en las teorías de la conspiración, según las cuales no hubo misiones lunares y todo se filmó en un hangar: sí fuimos a la Luna. Yo mismo, como piloto del Apolo 16, posé al módulo lunar Orión sobre esa superficie llena de huecos y rocas. Y caminé sobre el polvo seco y oscuro. Un polvo tan fino como el talco que se me metía entre los pliegues del traje, se quedaba ahí pegado, y había que sacudirlo antes de entrar al módulo lunar. (Un astronauta analiza películas sobre el espacio)

Estuve allá durante casi 72 horas y nunca olvidaré lo que sentí al sentarme en el rover lunar, ese carrito similar a los de karts que echamos a andar sobre el rocoso terreno de la región lunar de Descartes, que se abría a un cráter gigantesco. Mi trabajo, y también el de mi compañero John Young, consistía en recolectar muestras de piedras y regolito, es decir, el suelo de polvo y arena.

John y yo nos dimos la vuelta en un momento dado, miramos hacia el otro lado del cráter gris, y ahí estaba el módulo Orión. Desde la otra orilla se veía frágil y pequeño, como un juguete. Ese vehículo representaba toda la tecnología, todo el empuje, todo el dinero y, especialmente, toda la voluntad política que mi país, Estados Unidos, había invertido durante décadas en el programa lunar.

La gente siempre me pregunta por qué no volvimos a la Luna. Que si es por falta de tecnología, que si es por miedo, que si es por plata... A través de los años, desde que terminó el programa Apolo, las razones han sido una mezcla de todo eso. Pero por encima de todo, es cuestión de voluntad política. (El hombre que más tiempo ha pasado en el espacio)

La conquista del espacio siempre ha sido un tema geopolítico. Está la motivación científica y de exploración. Está la parte romántica. Pero detrás de eso está el juego de poderes, y siempre se analiza si este o aquel objetivo espacial es el más conveniente para hacer avanzar “mi posición” frente al resto de países con capacidades espaciales. Llegar a la Luna antes que los rusos era clave. Comenzar a sacar metales de un asteroide es clave. Tener satélites espías es clave. Regresar a la Luna, ¿para qué?

Encima de todo, cada presidente estadounidense que llega al poder cambia el rumbo de la Nasa. Por ejemplo, George W. Bush pidió la construcción de un nuevo cohete y una nave espacial para regresar a la Luna e ir a Marte. Después llegó Barack Obama y acabó con todo eso cuando estaba a medio camino, pues el cohete experimental Ares X, del programa Constellation, ya había sido fabricado. Luego cambió de opinión y reinstauró el cohete, pero sacó de la agenda el viaje a la Luna. Los astronautas ahora iban a entrenarse para ir a Marte encima de un asteroide.

Mi primera reacción al saber todo eso fue que la cancelación de Constellation había sido un desastre. Pero luego escuché decir a los miembros del comité encargado del proyecto que había problemas de dinero, técnicos y logísticos. Por eso, sostenían que cerrarlo había sido una buena decisión. No obstante, eso no significa que no debiéramos ir a la Luna. Esa fue una jugada puramente política.

Hay quienes piensan que no necesitamos regresar a la Luna, sino que debemos ir derecho a Marte. Entre ellos está mi colega Buzz Aldrin, quien viajó también a la Luna y es reconocido como el segundo ser humano en pisarla, detrás de Neil Armstrong. Yo, en cambio, creo que debemos ir a la Luna antes. Pienso que allá hay mucho que podemos utilizar científicamente. Por ejemplo, establecer una base similar a las que hay en la Antártida, vivir en ella durante meses y entender lo que vamos a necesitar para vivir en Marte. (Qué se siente cagar en el espacio)

Ahora, el presidente Donald Trump cambió la música de nuevo: él quiere que vayamos a la Luna y a Marte, según indicó en febrero, cuando puso el presupuesto total de la Nasa en 19.000 millones de dólares. Eso no es mucho dinero. Nuestras misiones Apolo, haciendo los ajustes de la inflación, costaron en los años sesenta y setenta unos 60.000 millones. Gracias a ese dinero, la agencia espacial diseñó, construyó y lanzó las misiones precursoras de Mercury y Gemini, sin las cuales Apolo no habría podido hacer lo que hizo.

La noticia de Trump es muy buena… mientras no descarte el plan a medio camino. Pero es un asunto complejo, porque para ir a Marte hay que tener una serie de etapas de aprendizaje, y eso implica hacer todo antes en la Luna: ensayar el hardware necesario, acoplarse a todos los hábitats, probar los rovers presurizados y experimentar con el equipo para fabricar combustible y agua. Si no aprendemos a hacer eso con los ojos cerrados en la Luna, vamos a perder la partida en Marte.

Pienso que las cosas se están acelerando hacia la Luna también porque los chinos muestran mucho interés en nuestro satélite natural. De hecho, he escuchado rumores de que el plan de llevar astronautas a orbitar la Luna en la nueva cápsula Orión lo podrían adelantar al año 2019, para que Estados Unidos mantenga su dominio en el espacio.

Lo cierto es que unos días antes de partir a la Luna, les pregunté a mis hijos: “¿Quieren ir conmigo?”. Entonces nos mandamos tomar una foto juntos, la plastifiqué y pedí permiso para dejarla allá. Cuando pisé la Luna, le tomé una foto a la foto, y esa se ha convertido en la imagen más reproducida del programa Apolo. Así que no me vengan a decir que no fuimos a la Luna, ¡si mi familia aún está allá! (5 lugares turísticos que parecen de otro planeta y que debe conocer)

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