Jamás imaginé que unas fotografías publicadas en las páginas interiores de la revista, en la sección ‘Modelo no Modelo‘, fueran a despertar tanto revuelo y a generar reacciones tan negativas. Tiempo después me enteré por medio de ‘Jessica‘, un travesti de la Modelo, que la revista ya había salido, porque en las cárceles hay muchos lectores de esta publicación. Con el correr de los días entendí que el escándalo suscitado se debía al cargo que desempeñaba como Jefe de Prensa del Inpec.

Mientras algunos hicieron discursos de buen comportamiento y dieron lecciones de ética; otros, farsantes, resentidos o simplemente desocupados, hallaron la oportunidad para hacer los más desapacibles comentarios, llegando al extremo, uno de ellos, columnista él y de seudónimo D‘Artagnan, de solicitar la apertura de un proceso disciplinario en mi contra, como si aparecer en unas fotografías constituyese una falta o un delito. Por supuesto que tan desatinada sugerencia no tuvo eco. Es más, cuando salió la revista al público, inmediatamente se la llevé al director del Inpec, quien no presentó ninguna objeción al respecto.

Hubo otros, igualmente locos, como sucedió con un recluso extranjero, que optó por empapelar su celda con cientos de mis fotografías. Otros internos arrancaron las páginas donde salían mis fotos y me pidieron que se las firmara, para mantener vivo el recuerdo de alguien que para ellos era una auténtica modelo. Un gringo alcanzó a enviarme en tres oportunidades ramos de flores que siempre terminaron en manos de mi secretaria, sin contar con uno que otro autógrafo que me pidieron en la calle al abordarme y un par de poemas que también llegaron a mi oficina.

De los amigos, prefiero no hablar. Pero no olvido que por algunos meses el teléfono solo repicó por asuntos de trabajo. A quienes lean estas líneas les cuento que haber salido en SoHo ha sido una de las más gratas experiencias de mi vida, de la que estoy segura, nunca me arrepentiré. Y de alguna manera creo que abrí una puerta para que los que trabajamos en el sector público podamos hacer cosas distintas, fuera del contexto laboral. Gracias a los que se alegraron al verme en la revista, y mis sentidas condolencias a todos los misántropos que sufrieron al mirarme… y mirarme… y mirarme.
 
Vea el artículo de Ana María Escobar en la edición 77

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