El mundial Ironman 70,3 es una de las competencias más exigentes del mundo. Los asistentes deben nadar 1.9 kilómetros, pedalear 90 kilómetros y correr 21 kilómetros. La prueba es tan exigente que un hombre murió en Filipinas en el año 2012 y otro en 2017. Sin embargo, llegar a este evento es el sueño de cualquier triatleta. (Yo soy el ironman más viejo de Colombia)

Este año asistieron más de 90 países. Por Colombia: Efraín y Nicolás Delgado —padre e hijo—, quienes hasta hace dos años se habían retirado del deporte. Efraín Delgado, de 74 años, jamás imaginó que pasaría de ser un atleta aficionado de Soatá, Boyacá, a enfrentarse con los mejores del mundo. Aunque siempre lo soñó, tampoco pensó que iría a semejante competencia junto a su hijo.

Siempre fue un amante del deporte. Desde muy joven practicó el atletismo y jugó basquetbol en la universidad. Después retomó las carreras de 1.500 metros a las que ya estaba acostumbrado. Efraín tuvo dos hijos: Juan Felipe y Nicolás. Cuando cumplieron seis años, les mandó a hacer sus primeras bicicletas a la medida. Así los empezaría a preparar para que lo acompañaran a las triatlones.

A pesar de su corta edad, los hijos de Efraín entrenaban como atletas profesionales. Practicaban natación a las cinco de la mañana, y a las siete entraban al colegio. Cuando volvían a la casa salían a trotar o a montar bicicleta al tiempo que asistían a clases de pintura, piano y ajedrez. Los dos niños pasaron por el tenis, voleibol, baloncesto, natación y hasta jugaron fútbol en la escuela de Millonarios.

Él quería que sus hijos llegaran más lejos. Fue entonces cuando les consiguió cupo en un equipo Olímpico de natación en Estados Unidos. Cuando regresaron a Colombia, Efraín los levantaba todos los sábados a las siete de la mañana, salían en bicicleta por la autopista norte en Bogotá, pasaban por Siberia hasta Sopó y luego pedaleaban hasta La Calera. Para terminar trotaban hasta Patios y regresaban por sus bicicleta a La Calera.

Esa fue su rutina por un par de años. Pero un día Juan Felipe y Nicolás decidieron parar y botaron sus bicicletas para decirle a su papá que no darían un pedalazo más. Fue uno de los golpes más duros que recibió Efraín. Estaba decepcionado.

Un día, mientras veía las noticias, escuchó al gran ciclista español Miguel Induraín anunciando su retiro después de doce años de carrera. Efraín sintió que el español le estaba hablando a él cuando contó que se retiraba porque el deporte no lo había dejado disfrutar de su familia y mucho menos de su vida. Entendió que era momento de dejar que sus hijos escogieran su camino. No quería que se sintieran frustrados por su culpa.

Pasó el tiempo y Efraín se pensionó. Junto con su esposa decidieron irse a vivir a Cartagena. Con ella salían todas las mañanas a dar vueltas en bicicleta de mínimo 30 kilómetros. Pero eso no se comparaba con los 120 kilómetros que acostumbraba a hacer con sus hijos. (Yo he corrido 1108 carreras por mi hijo)

Nicolás y Juan Felipe lo visitaban y de vez en cuando se unían a los paseos en bicicleta, pero ahora la prioridad era asistir a todas las fiestas a los que los invitaban. Nicolás reconoce que tomó tanto licor como le fue posible y piensa que si no probó las drogas fue porque le aterraba pensar que alguna adicción pudiera alejarlo del deporte para siempre.

Después de 18 años, Efraín ya no pensaba en volver a las competencias con sus hijos. Sin embargo, un día Nicolás fue hasta Cartagena, se iba a casar y necesitaba hablar con su papá. Pero no necesitaba un consejo para vivir en pareja. En realidad lo buscó porque quería pedirle que volvieran a entrenar juntos.

Efraín no dudó en volverse a levantar a las 3:50 a.m., no para llevarlos al colegio, sino para ponerse en forma para la competencia Ironman que se disputaría dos años después en Cartagena. Era la primera vez que se organizaba este evento en Colombia y serviría como clasificación para el mundial Ironman 70.3 de Chattanooga, en Estados Unidos.

La preparación fue ardua, pero retomar el trabajo que habían hecho 20 años atrás fue suficiente para que ocuparan los primeros lugares en la competencia y clasificarse al mundial. En el que, por cierto, Efraín ocupó el primer lugar de su categoría.

El miércoles seis de septiembre volaron juntos a Estados Unidos. El jueves estuvieron conociendo el largo terreno en el que correrían el domingo de esa misma semana. Toda la familia fue a verlos, Nicolás ocupó el puesto 156 dentro de los 9.000 participantes y Efraín se retiró en la prueba de natación por superar el límite de tiempo.

Ahora se preparan para la competencia de clasificación que podría llevarlos al mundial de Sudáfrica. Veinte años después vuelven a madrugar para salir en bicicleta por la autopista norte en Bogotá, pasar por Siberia hasta Sopó y luego pedalear hasta La Calera.

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