“Mi papá negoció mi primer contrato con Junior: le dijo al presidente que nos pagara la mitad del billete de entrada y que solo nos diera el resto si yo hacía 30 goles en la temporada, que eran muchos. ¿Y saben cuántos hice? ¡30! Y eso que quedamos fuera de las finales”.



“Hay un gol que no olvido. Lo hice de media cancha en el preolímpico del 92, contra Perú: el arquero de ellos sacó, Carepa Gaviria la bajó de cabeza, Harold Lozano me la dio picando, la bajé con el pecho, me di media vuelta y le pegué… ¡Golazo!”.



“Antes del partido contra Argentina, en Barranquilla, por las eliminatorias de Estados Unidos 94, Maturana podía escoger entre muchos delanteros importantes: Aristi, Tréllez, Fausto, el Tren… Pero la gente en Barranquilla quería que jugara yo, y al final me pusieron. A los diez minutos hice el primer gol del partido, que terminó 2–1, y el Pibe me dijo mamando gallo: ‘Ya cumpliste, ya te puedes salir’”.



“Yo siempre llegaba con peinados raros. Una vez me hice un Mickey Mouse en la parte de atrás de la cabeza. Y cuando fui a jugar a Italia, al Atalanta, volví a la selección rapado y escuchando puras canciones de Eros Ramazzotti. Entonces Carepa o Lozano, que molestaban mucho, me empezaron a decir así: Ramazzotti”.



“Una vez vi que Éric Cantona, el francés del Manchester United, se subía el cuello de la camiseta para jugar. Y empecé a hacer lo mismo, y mucha gente empezó a irse al estadio igual, con el cuello parado”.



“Yo sí le daba duro, y en una Copa Libertadores, con Junior contra Colo Colo de Chile, le pegué un balonazo al arquero en el pecho y le tocó salirse… me decía de todo”.

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