En 1976, cuando Jorge Alberto Valdano era un jugador de fútbol bisoño recién inmigrado a España, se enfrentó a Johan Cruyff. Valdano tenía 20 años y había llegado del Newells Old Boys de Rosario, Argentina, al modesto Alavés, equipo español de segunda división. Cruyff era ya una leyenda universal del fútbol y capitaneaba al Barcelona, al que luego hizo campeón una vez como jugador y cuatro como director técnico.

En aquel partido entre Alavés y Barcelona, Cruyff había forzado un penalti cuando Valdano lo rozó dentro del área. Con un gol en contra, el Alavés quedaba eliminado de la Copa del Rey. Cruyff mandaba y desmandaba en su equipo, en el público, en el árbitro, en los rivales. No se movía nada sin que él lo determinara. Faltando unos pocos minutos para el final, cayó a tierra golpeado uno de los compañeros de Valdano, y Cruyff se apoderó de la pelota, examinó al lesionado y autorizó la entrada del masajista, como si fuera la máxima autoridad en el campo. 

A Valdano le pareció un abuso inaceptable y le gritó a Cruyff.

—Escuchame: ¿por qué no te entregamos un balón a vos y te lo llevás para tu casa mientras los demás seguimos jugando?

Cruyff se puso súbitamente serio y llamó a Valdano.

—¿Cómo te llamas?

—Jorge Valdano.

—¿Y qué edad tienes?

—Veinte años.

—Tienes que saber —remató el holandés— que a los veinte años a Johan Cruyff se le trata de “usted”.

Valdano nunca olvidó esa humillante lección sobre las jerarquías en el fútbol. Más tarde el Zaragoza lo compró al Alavés y el Real Madrid al Zaragoza, y Valdano fue campeón con el Madrid varias veces —unas como jugador, otras como técnico y otras más como director general— y en 1986, campeón del mundo con Argentina.  

Hoy Cruyff y Valdano son amigos. Se estiman, se respetan y se tratan de tú.

Hace tres meses, Jorge Valdano era el director general del Real Madrid, al que define como “el equipo de mis amores”. Pero sus discrepancias con el director técnico, José Mourinho, condujeron a una situación de enfrentamiento que el presidente del club, Florentino Pérez, remedió capitulando frente a Mourinho y prescindiendo de quien había sido la base de sus proyectos.

Valdano ha vuelto a su labor de comentarista de fútbol, que había ejercido intermitentemente, y a vivir sin angustias. Dicen que, como aficionado, no se pierde ningún partido del Barcelona, eterno rival del Madrid, que está escribiendo una época inolvidable en la historia del fútbol.

Empecemos por el final. Usted acaba de cumplir 56 años. Teniendo en cuenta la vida promedio del ciudadano español, ya ha disputado la mayoría del partido y le quedan unos 30 minutos de juego; si lo calculamos como ciudadano argentino, le queda menos de media hora. ¿Cómo va el partido de su vida? ¿Gana? ¿Empata? ¿Teme a los minutos de descuento?

 

Gano por goleada, pero la intención es seguir atacando. Gano en el sentido de que me han ocurrido muchas cosas, y considero goles tanto las buenas como las malas, porque todas han contribuido a una experiencia vital muy intensa, y de eso va el juego.

Usted ha tenido que enfrentar una enfermedad de riesgo, que es la hepatitis B, y un accidente de helicóptero en México donde murió su vecino de silla. ¿Estos episodios le cambiaron la vida? ¿Cómo?

El momento trágico fue el del helicóptero, porque era imprevisto y uno supone que llegó el final. En ese instante pensé en todas las cosas que no había hecho, en todas las que no había dicho y de la experiencia salí con un orden de prioridades totalmente cambiado. Los afectos pasaron a ocupar el primer lugar en mi vida y desde entonces he ordenado mejor las cosas importantes y las secundarias. De todos modos, es una pena que el tiempo te descubra que el carácter es más potente que cualquier episodio. No descarto, pues, seguir cometiendo errores. La hepatitis tuvo la responsabilidad de retirarme del fútbol y la virtud de presentarme ese momento como un imperativo, de manera que no tuve que tomar la decisión. Era un paso que me aterrorizaba; pensaba vencer la hepatitis y seguir jugando, pero pasaban los meses y la enfermedad se volvió crónica y cuando quise acordarme era un exfutbolista y había descubierto que del otro lado del fútbol también había vida y no era tan dramático como había imaginado.

¿Se detiene a meditar a veces en que somos mortales? No es habitual que un atleta lo haga, a menos que practique un deporte de alto riesgo.

No. Francamente no. Lo curioso es que mientras jugué al fútbol nunca le dediqué un minuto a pensar que la profesión se iba a acabar, y que la muerte del futbolista antecede con mucho a la muerte del hombre. Es una progresión tan idílica que uno intenta eludir la evidencia.

Pasemos a temas más gratos. ¿Es usted otro de los que han sucumbido ante la magia del fútbol del Barcelona de Guardiola?

Guardiola ha terminado por realizar lo que muchos pensábamos que era un sueño platónico. Tiene convicciones muy firmes, busca soluciones creativas y en caso de duda dobla la apuesta por el buen fútbol.

¿Qué sensación tuvo durante esos dos años en que, siendo director general del Real Madrid, lo vio perder casi todos los partidos contra el Barça?

De gran frustración. Ser madridista no consiste en hablar mal del Barcelona; consiste en esforzarse por ganarle al Barcelona. Cuando fui entrenador del Madrid me cansé de hablar bien de Cruyff y del dream team y cuando se presentó la oportunidad, mi equipo le anotó cinco goles, lo que posiblemente haya marcado el final de ese ciclo barcelonista. Elogiar moderadamente a quien alcanza la excelencia no es más que un síntoma de mediocridad.

¿Cuál es la verdad de su salida del Real Madrid? ¿Lo echó Mourinho? ¿Lo echó Florentino? ¿Se echó usted mismo? ¿Todo lo anterior junto?

Es indiscutible que yo estaba incómodo, pero esa pregunta hay que responderla citando palabras de Florentino: “Había una disfunción entre el director general y el entrenador”.

¿Y Florentino escogió a Mourinho?

Eso es.

¿Y Florentino no trató de que usted permaneciera en el club, aunque fuera en otra función?

 

Sí, pero no era digno ni del Real Madrid ni de mí. 

Hubo momentos en que esa crisis los valdanólogos, los valdanófilos e incluso los valdanólatras sentimos que usted estaba asumiendo posturas que nunca había asumido. ¿Lo cree así?

En mi discurso de despedida del Real Madrid dije que durante un año había sido mucho más director general que Jorge Valdano. Efectivamente, el sentido de la responsabilidad me forzó a defender posiciones con las que me sentía claramente incómodo.

 

¿Habló alguna vez con Guardiola, viejo amigo suyo, sobre este episodio?

No.

¿Cree que en esta temporada va a cambiar la relación futbolística entre el RM y el Barça?

En la Supercopa, el Madrid supo mirar a los ojos al Barcelona, desde un discurso futbolístico totalmente distinto: gran esfuerzo físico, presión adelantada y rápida finalización de la jugada. La sensación es que el Madrid perdió allí una gran posibilidad de marcar psicológicamente los próximos partidos. A pesar de su esfuerzo, no le alcanzó para vencer al Barcelona. Conociendo a Guardiola, tengo una gran curiosidad por ver cómo va a solucionar en diciembre el tipo de dificultad que el Madrid le creó en agosto.

¿Y cree que puede mejorar la relación extrafutbolística? Ha habido solo dos clásicos en esta temporada, y ya Mourinho le metió un dedo en el ojo (impunemente, además) a Tito Vilanova.

En esa acción no hay nobleza de ningún tipo y no merece más comentarios. Creo que para afrontar el próximo partido frente al Barcelona va a ser más práctico que el Real Madrid se concentre en lo puramente futbolístico. El clima bélico de los últimos enfrentamientos el único efecto que ha producido ha sido el de renovar el apetito competitivo del Barcelona. 

Pocas personas saben que usted es muy aficionado a la música popular. ¿Qué está oyendo hoy en su carro? ¿Cuál es la música que más suele acompañarlo?

Llevo en el auto discos de Serrat, de Sabina, de Calamaro, de José Alfredo Jiménez, de Goyeneche cuando me da por los tangos y, de España, oigo a Bebe, Fito y los Fittipaldi y hasta algo de Mari de Chambao. 

También tiene fama de ser buen lector. Recomiéndenos tres libros de fútbol y tres novelas de otros temas.

El primer libro de fútbol tiene que ser el de cuentos de Fontanarrosa. El segundo, los ensayos de Manolo Vázquez Montalbán. Y el tercero, Fiebre en las gradas, de Nick Hornby: es imposible meterse mejor en la cabeza del hincha. Debo decir que hay mejores libros de fútbol que lo que la gente imagina. En Colombia, por ejemplo, hay una excelente recopilación de textos futbolísticos de Gonzalo Medina Pérez que se llama Sueños a la redonda. En cuanto a libros que no sean de fútbol, menciono tres de los últimos que he leído: Fouché, de Stephan Zweig, El refugio de la memoria, de Toni Judt, y cualquier novela de Philip Roth.

También se le reconoce como un espléndido expositor y un buen escritor. ¿Dónde aprendió a escribir? ¿Dónde aprendió a hablar?

Leyendo. 

¿Se siente herido cuando, por ofenderlo, lo llaman filósofo?

Me hizo gracia en su momento. El fútbol español carecía de un discurso propio, y aquellos que quisimos ponerle palabras a una nueva manera de entender el juego fuimos atacados por un periodismo que yo creía arcaico. Pero ahora veo que a entrenadores como Guardiola o Bielsa los atacan desde el mismo lugar y me desconcierta. No es un problema de ser más o menos arcaico, sino de ser más o menos tolerante con otra manera de pensar.

 

Entre sus amigos hay muchos humoristas, empezando por el Negro Fontanarrosa y Les Luthiers. ¿Qué lugar ocupa el humor en su vida, en su carrera?

Siempre he asociado el humor a la inteligencia. Una buena viñeta (caricatura) tiene para mí el efecto de un editorial. Para mí siempre fue un festín la brillante asociación entre humor y fútbol que proponía, por ejemplo, el Negro Fontanarrosa. 

¿Es verdad que el sexo forma parte inevitable de la vida clandestina de los deportistas? No lo digo por usted, sino porque cada cierto tiempo se entera uno de orgías, escándalos y bacanales protagonizados por deportistas.

El fútbol es un mundo de hombres y de esos ambientes endogámicos hay que escapar de algún modo. Se da una situación muy curiosa: nunca los futbolistas han tenido tanto éxito con las mujeres como en estos días, pero nunca han estado tan vigilados. Para estos menesteres casi era mejor ser futbolista en mi época, cuando había menos oferta pero estaba mejor aprovechada.

Hay dos escuelas. Una afirma que “semen retentum venenum est” (“El semen retenido se convierte en veneno”) y otra sostiene que el semen es la fuerza del deportista. ¿En cuál se afilia, después de haber visto y vivido tanto como jugador y como técnico?

Me afilio en la primera. Todo lo que desafíe a la naturaleza es malo para el deporte y malo para la vida. 

¿Cree que las mujeres jugarán algún día un fútbol de buen nivel? ¿Tan bueno como para que un equipo profesional femenino sea capaz de derrotar a un equipo masculino de barrio?

Las mujeres ya juegan un fútbol de primer nivel. Pero nunca llegarán a desafiar profesionalmente a un equipo masculino. 

¿Por qué?

Por las mismas razones que no pueden desafiar ni a un tenista ni a Usain Bolt en los cien metros lisos. Es una cuestión marcada por un imperativo puramente físico. 

Entre sus inquietudes nunca ha figurado la de arrodillarse ante lo políticamente correcto. ¿Estaría dispuesto a aceptar que, aunque no es espectador de toros (los argentinos solo van a ver corridas de toros muertos, y se los comen), es buen lector de literatura taurina?

Cuando el fútbol parecía peleado con las palabras, me daba mucho gusto y mucha envidia leer crónicas taurinas. Pero hoy, periodistas como Santiago Segurola, Alfredo Relaño, Ramón Besa han elevado la crónica futbolística a un nivel que tiene poco que envidiar al mundo taurino. 

 

Tampoco ha ocultado nunca que es un hombre con ideas de izquierda. ¿Los acontecimientos del mundo en el último lustro lo han hecho cambiar de idea?

 

No en lo esencial. El mundo ha quebrado económicamente por obra de un capitalismo que se ha quedado solo y tiene demasiada confianza en sí mismo. Me sorprende que confiemos en ese mismo capitalismo para que nos saque de la trampa en que nos ha metido. 

 

Usted tiene fama de hombre elegante. Perdóneme, pero esta pregunta tiene origen femenino: ¿usted se viste solito o su mujer le compra la ropa y le escoge el atuendo de cada día?

Me visto solito, pero nunca me voy de casa sin pasar revisión. 

 

¿Aún le gusta andar en un Mercedes-Benz último modelo?

Sí me gusta, pero no lo tengo. 

¿Quiénes son sus más cercanos amigos? Me interesa, sobre todo, saber qué hacen.

Muchos de ellos pertenecen al ámbito del fútbol, pero no necesariamente jugadores o entrenadores. Los hay periodistas y mucha gente con la que he entablado relación en algunos de los puentes que he tendido desde el fútbol: el mundo de la empresa, de la cultura, de la comunicación…

Justamente quería preguntarle por Make-a-team, aquella empresa que enseñaba a administrar organizaciones a partir de un modelo futbolístico. En Colombia lo vimos varias veces en misiones de esta empresa. ¿Sigue funcionando?

Make-a-team nace de la fe que siempre he profesado por el deporte. No la fe ingenua de creer que el deporte puede cambiar el mundo, pero sí la fe de que el deporte puede explicar al hombre. Siempre he entendido el vestuario como un lugar en que está representada la humanidad: el generoso, el avaro, el valiente, el cobarde, el sindicalista, el líder, el gregario… Todos sometidos a grandes presiones y sin disfraces, porque cuando jugamos nos mostramos tal cual somos. Desde ahí es posible sacar conclusiones muy valiosas para llevar al ámbito empresarial. Make-a-team sigue muy activo en España, Portugal y varios países de América. También en Colombia tenemos oficina.

 

Cuénteles a los lectores quién es Woody, alias Tontolín, y por qué nadie podrá calificarlo a usted de maltratador canino. 

Woody, de apellido Allen, es el perro familiar desde hace trece años. Ha adquirido tal relevancia en nuestra casa que se le podría calificar como maltratador humano. La verdad es que es un golden retriever y es imposible ser más bueno. Creo que nos ha hecho mejores a todos los que hemos crecido con él. 

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Once caras para Valdano

Le voy a mencionar a once personas que usted ha conocido. Quiero saber, en pocas palabras, cómo está su relación con cada una de ellas.

Alfredo Di Stéfano

Un auténtico personaje. Una fuerte personalidad que proyectó en la cancha hasta transformarse en uno de los grandes líderes de la historia del fútbol y que la prolonga en su vida cotidiana, donde es un interlocutor delicioso. Cuando yo estaba en el Real Madrid veíamos los partidos juntos y teníamos una relación muy frecuente y amable.

 

Raúl

Es un crack mental. Ya ha alcanzado la cumbre futbolística por inteligencia, por carácter, por astucia, por constancia, por todas esas fuerzas que son más psicológicas que estrictamente futbolísticas. Seguimos llevando un trato muy frecuente, pese a que está en Alemania; y como la relación empezó cuando él era un adolescente, mantenemos una gran complicidad, pero del tipo que los padres tienen con los hijos. 

 

Maradona

Un genio indiscutible del fútbol. En cuanto a nuestra relación personal, en los últimos 25 años fue desigual y desde hace tres, inexistente. Antes de que lo nombraran seleccionador nacional de Argentina, me preguntaron sobre su idoneidad para el cargo y respondí que nadie tenía más autoridad moral que él, pero que, por su inexperiencia, era una opción de riesgo. Al parecer, eso no le gustó.

 

Pep Guardiola

Ya era entrenador antes de ser entrenador. Nunca vi a nadie dentro del campo que tuviera tan claro el papel de cada compañero en el juego. En un equipo como el Barcelona, donde hay cuadrículas muy específicas para cada jugador, él se reservaba la central y desde allí movía los hilos. A pesar de esos indicios, era imposible imaginar que desde fuera los iba a mover aún mejor. Tengo con Guardiola una relación parecida a la que he tenido con Cruyff: admiración, respeto y afecto. Cuando nos vemos se desarrolla una muy fácil comunicación, y estando lejos nos comunicamos cada vez que sentimos la necesidad de decirnos algo, generalmente afectuoso.

Messi

Tengo la relación que se tiene con un jugador al que se admira. Hemos sostenido conversaciones casuales cuando nos cruzamos después de un partido y solo una vez tuve la ocasión de hablar con él un buen rato, poco antes de un programa de televisión. Tiene una inteligencia que he reconocido en muchos cracks; la sensación de que cuando llega a un lugar le basta con un golpe de vista para saber quién es quién, dónde está aquel que debe evitar, aquella que estaba buena, aquel con quien puede conversar. Ese mismo golpe de vista, aplicado al fútbol, hace estragos.

Del Bosque

Hizo una vida en el Real Madrid y se supo reinventar una vez alejado del club, lo cual tiene mucho mérito. Lo he visto después de que, siendo yo director general, el Real Madrid prescindió de él. No es una relación frecuente pero sí respetuosa. Nos saludamos cuando coincidimos en un lugar, lo llamé a felicitarlo cuando fue campeón del mundo y me alegro de sus éxitos, porque tiene una personalidad que le hace bien al fútbol y a la sociedad.

Menotti

Le puso ideología a una manera de sentir el fútbol. Lo conocí cuando apenas tenía yo 17 años y me deslumbraron su personalidad y su discurso. Desde ese mismo momento lo adopté como un referente y a él vuelvo cada vez que puedo.

Mourinho

Un entrenador competente con una experiencia ganadora. En estos momentos mi relación con él es nula. 

 

Florentino Pérez

El presidente del club de mis amores.

Pacho Maturana

Hubo un momento en donde en cada país había alguien que defendía un tipo de fútbol al que muchos adheríamos. Cruyff en España, Menotti en Argentina y en Colombia, Maturana. Fue el gran protagonista de la selección más exitosa de la historia de Colombia y no acabo de entender por qué sus ideas no se convirtieron en escuela.

 

Cristiano Ronaldo 

La personalidad, la ambición y la categoría de un grande. Un ejemplo de profesionalidad, una imagen que no le hace justicia y un talento de una eficacia demoledora. Desde que me fui del Real Madrid no he vuelto a verlo, pero siempre le he tenido simpatía y sería un gusto reencontrarlo.

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