Normalmente, la circuncisión se hace entre las 48 y las 72 horas después del nacimiento del niño. La de Juan del Mar fue hace 38 años, y lo único excepcional de esa ocasión es que él era, como decimos en la costa, un superdotado: tenía el pene más grande que el común de los niños. Eso supone una ventaja, porque el prepucio sobresale más de lo normal, y cortarlo es más fácil. Mientras más chiquito el pene, más difícil cortarlo. Por lo demás, fue una circuncisión igual a cualquier otra. Le practiqué el método de la campanita metálica, que consiste en introducir una campana alrededor del prepucio y cortar el pellejo que sobra. Tocó usar la más grande de todas, que mide unos dos centímetros y medio de diámetro.

La otra forma en que se hace una circuncisión es cortando directamente con unas tijeras, y luego coger cuatro puntos alrededor. El problema radica en que de esa forma se incrementa la posibilidad que el prepucio sangre y se infecte. Con la campana no hay necesidad de coger puntos ni de anestesia, y la recuperación nunca tiene problemas. En los hospitales acostamos a los niños en camas con forma de Y, y se hacen al tiempo hasta cinco circuncisiones.

Esta práctica debe hacerse cuando el niño tiene problemas para orinar, y para evitar infecciones. Sin embargo, la mayoría de las veces son los papás quienes piden la operación. Casi nunca la necesitan, y las razones para circuncidarlos son de tradición familiar. Hoy en día no es común que a los recién nacidos se les circuncide, pero cuando nació Juan del Mar, hace 38 años, era una práctica común.

El día de hoy, al ver las fotos de la edición de octubre de SoHo, siento la recompensa de haber hecho, hace ya tantos años, un muy buen trabajo.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.