Cuando Antonio Cervantes llegó a la Fundación La luz, hace nueve meses, presentaba un fuerte cuadro de adicción, por lo que lo sometimos a tres evaluaciones. La primera, hecha por el departamento de psiquiatría, dictaminó que Cervantes era un paciente de diagnóstico dual, que significa que además de ser adicto a las drogas, tiene una enfermedad mental conocida como trastorno bipolar. Su estado de ánimo fluctúa entre la depresión y la euforia, con estados de tristeza, exaltación e irritabilidad exageradas.

La segunda evaluación, hecha por el departamento psicológico, ahondó en su vida para trabajar traumas de la infancia y adolescencia, definitivos para explicar algunos de sus problemas psicológicos. Como todos saben, Antonio es de extracción humilde, que en dichas etapas pasó por necesidades típicas de los menos favorecidos. En cuanto a la evaluación médica, se llegó a la conclusión de que el consumo de drogas era el principal causante de su pérdida de peso, razón por la que diseñamos un estricto plan nutricional basado en proteínas y carbohidratos.

Gracias a que encontramos a un Antonio Cervantes muy colaborador y noble, que entendía que su deterioro era por culpa de las drogas que consumía, los resultados no demoraron en llegar. Estuvo internado en nuestra fundación, lejos de la tentación de la calle. Allí intervenimos su comportamiento mediante un manejo emocional para motivarlo a tomar alternativas de vida distintas al consumo. El tratamiento consistió en sesiones diarias de meditación, yoga y la espiritualidad, sin descuidar la parte educativa, trabajada con psicólogos en terapias grupales e individuales, donde confrontaba sus problemas personales. Igualmente, lo tratamos con Lorazepan, medicina que le suministrábamos en dos dosis diarias: un miligramo por la mañana y otro por la noche. Este actuaba como tranquilizante que le ayudaba a controlar la ansiedad, su inestabilidad física, a equilibrar el afecto y normalizar su sueño. También trabajamos su autoestima, ya que una persona que ha pasado por lo que ha vivido Cervantes necesita que le trabajen el dolor humano mediante el fortalecimiento de los valores.

Tras nueve meses de tratamiento, logramos que Antonio cambiara su actitud, mejorara su presentación personal y reestableciera sus vínculos familiares y sociales. También salió pesando aproximadamente 68 kilos, cuando había entrado en 53. Ahora que está en la etapa de desprendimiento, le hacemos un seguimiento que incluye controles periódicos y su asistencia a grupos de apoyo. Mientras estuvo con nosotros jamás presentó intolerancia, agresividad física o verbal contra nadie. Antonio Cervantes siempre conservó su humildad, cosa que nos facilitó practicarle el tratamiento.

*Director Nacional de Tratamiento de la Fundación La Luz

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.