A los 65 años, la Garota de Ipanema sigue hipnotizando con su mirada. Me siento intimidado con sus bellos ojos azul turquesa, estoy frente a frente a la musa eterna de Tom Jobim y Vinícius de Moraes. La señora que ahora está delante de mí no es más la mujer deseada de los años sesenta, pero el paso del tiempo no ha ocultado su belleza. Hoy Helô Pinheiro es madre, abuela y mujer dedicada a una vida que no tiene la misma “gracia” de antes. El mismo día de la entrevista, acababa de pedir su dimisión del programa de televisión que presentaba en un canal regional de baja audiencia, el talk-show Código de honra, que discute temas relacionados con los derechos de los ciudadanos. “Me debían cuatro meses de salario. Decidí salirme”, me dice.
Me recibe en el jardín del edificio donde vive. La musa no mide las palabras y no huye a las preguntas. Sigue siendo linda cuando conversa, cuando posa ante la cámara del fotógrafo, cuando cruza y descruza las piernas, cuando sonríe y cuenta lo que ha sido su vida. 
“A moça do corpo dourado do sol de Ipanema” es actualmente la abuela que a muchos nietos grandulones les gustaría tener. Y si ese nieto fuera malicioso, sabría que la sonrisa y la boca linda de la abuela todavía despiertan el deseo. Los amigos de ese nieto con seguridad dirían al ver a Helô: “Tu abuela es un mujerón, una tremenda delicia”. Un hecho imposible de ser negado a medio metro de distancia. Son la sonrisa y los ojos azul turquesa los que crean esa imagen.
Helô no es más una chica bronceada como cuando tenía 17 años. Viste ropa de marca, tacones altos, lentes Gucci y mantiene un aspecto que quisieran muchas señoras de su edad. De cerca, identifico que su rostro luce dorado, pero es del rubor que usó y no de los rayos del sol que bañaban diariamente su cuerpo. Helô Pinheiro no pierde el encanto, de ninguna forma, pero ya “não enche mais o mundo inteiro de graça”, a pesar de que esta entrevista es interrumpida todo el tiempo por vecinos del edificio donde vive, personas comunes que vienen hacia nosotros para celebrar su existencia.
Si el escenario ya no es el de la poesía eterna de Tom y Vinícius, ¿qué escribir entonces sobre la mujer que inspiró una de las más bellas canciones del mundo? Tal vez el camino sea relatar lo común, lo rutinario, o lo que salió mal en la vida de ella. Si es que alguna cosa salió mal.
La carioca de sangre se mudó a São Paulo hace treinta años, después de que su marido enfrentó dificultades financieras que lo llevaron a la quiebra. Tiempos difíciles que la hicieron cambiar Río, la ciudad maravillosa, por la capital gris, superpoblada y ahogada en el tránsito caótico. São Paulo no tiene nada que ver con ella, pero Helô es una mujer que se sabe adaptar. Es madre de cuatro hijos, uno especial. Los cuidados del hijo la transformaron en una mujer que nunca renuncia, siendo la “jefe de la familia”, apoyada por Fernando, su amante, su mejor amigo, su asesor principal y su marido hace cuarenta años.
Pero antes de contar cómo se recuperó financieramente, volvamos al pasado, a la época donde todo era caliente y bonito en las playas de Río de Janeiro. Fue en 1962, en frente del bar Veloso, en Ipanema, reducto de la bohemia artística carioca, cuando Tom y Vinícius vieron pasar deliciosamente una chica llamada Heloísa Eneida Menezes Pais Pinto, sin pretensiones, como en una escena de cine. No era una película de Federico Fellini, sino algo real y bastante sexy, como los bikinis en los cuerpos morenos de las mujeres de Río de Janeiro. Y en ese escenario, Helô era la reina, la primera dama de la playa, todo lo que las otras mujeres querían ser.
El éxito de la canción Garota de Ipanema no fue instantáneo. No había internet para lanzar una musa por día, como en la actualidad. La verdad es que solo dos años después de la composición supo que era la homenajeada por los genios brasileños, de aquella que fue considerada una de las canciones más bonitas del mundo y, posteriormente, eternizada por voces como Frank Sinatra, Madonna, Cher y hasta la banda de heavy metal Sepultura.
Helô descubrió que la canción “le pertenecía” luego de que Vinícius se enojó al ver que otras chicas que frecuentaban Ipanema robaron el título de musa. Fue suficiente para provocar la furia del poeta, que convocó a los periódicos para contar quién era su inspiración, dedicación retribuida después por Helô que nombró a una de sus hijas Georgiana, exactamente como se llama la hija de Vinícius.
Después de conocer sus famosos admiradores y comenzar una amistad, ella descubrió otro lado de los compositores mujeriegos. Helô cuenta que Tom y Vinícius siempre estaban ebrios y eran muy tímidos para conversar con ella. “Ellos apenas me miraban al comienzo, parecían siempre intimidados con mi presencia”, recuerda. Años después, cuando ella ya estaba casada, Tom reveló que soñó por mucho tiempo con casarse con ella. “Él llegó a hacer esa confidencia al frente de la mujer que fue su esposa toda la vida”, cuenta. Probablemente, para decir lo que quería desde hacía tiempo, Tom debió juntar el coraje de los hombres que beben whisky. Y él gustaba mucho de un buen whisky. Tom tenía celos de Helô, registrados en los versos “... a beleza que não é só minha, que também passa sozinha...” (“… la belleza que no es solo mía, que también camina sola…”). No cumplió su deseo de convertirse en el marido de su propia Afrodita, pero fue su padrino de matrimonio.
Y cuando pasó a salir en las portadas de las revistas más famosas de Brasil, no eran solamente los hombres cariocas quienes soñaban con tener a Helô en sus brazos, en la cama, enredados en las sábanas. Después de que la canción estalló en la radio y en los festivales famosos de la época, los hombres de todo Brasil la deseaban. La televisión había llegado al país hacía apenas una década. Hace cincuenta años, las páginas de las revistas se transformaban en carteles y después en metas que las hormonas masculinas querían alcanzar. Eso no cambió en casi nada desde aquel entonces.
Helô era deseada en las tiendas, en las cantinas, en las cabañas de la playa o en otros lugares por donde pasaba “com o seu balanço que era mais um poema”. “Era pasar por cualquier esquina, para oír un canto. Nunca hice caso, pero tampoco me volteaba para retribuir los elogios, porque algunos eran hasta groseros. Aún más para una chica de 17 años”.
Sentada en la banca del jardín de su edificio, Helô recuerda que su inocencia a esa edad pudo haber sido lo que llamó la atención de los poetas. “No iba a la playa a coquetear o desfilar como hacían muchas mujeres. Era joven, y mi padre era muy estricto. Tuve que adquirir mi libertad poco a poco. Iba a la playa para practicar deportes y ese era el momento de escapar del encierro”. Es fácil entender la preocupación paterna. En aquella época, la fama, las fiestas en las mansiones, ya atraían la convivencia con las drogas. Pero Helô cuenta que no experimentó con ninguna de ellas: “Mi interés siempre fue el deporte, desde pequeña. Además de eso, era muy miedosa para arriesgarme a usar cualquier cosa”. La verdad es que la Garota de Ipanema nunca tuvo vocación para Marilyn Monroe.
Hija de padre militar, Helô tuvo una educación rigurosa. Los pasos eran controlados por el patriarca, que temía al mundo artístico de las tentaciones, rodeado de glamour y una fama pasajera. Los modelos de la Garota de Ipanema no eran las musas del cine, sino los de una chica que quería practicar voleibol playa, conseguir un novio que después fuera su marido, para construir una familia sólida y tradicional. Si tuviera que resumir el objetivo de su vida, el de Helô sería convertirse en una madre de familia. 
El tiempo pasó y un poco de la fama también. El segundo capítulo de su vida fue aquel cuando ya era madre, aún residente en Río de Janeiro, y vivió la nada glamorosa decadencia financiera. Después de la muerte de los compositores, se vio en medio de una “pesadilla inesperada”, como ella misma la define, cuando fue citada por la justicia por una demanda de la familia de Tom Jobim y Vinícius de Moraes, que la acusaban de usar indebidamente el nombre de Garota de Ipanema.
Ella usó el título de la canción que inspiró como nombre de la marca de ropa de playa que comenzó a comercializar. Y esto no les gustó nada a los familiares del poeta y el músico. “Nunca pedí nada sobre la canción, de la cual no fui autora, pero sí inspiradora. Y creo justo usar el nombre en una empresa que monté con mi esfuerzo. Pienso que pueden haber sido celos de la exmujer de Tom”.
Helô ganó el derecho ante la justicia de utilizar la marca como nombre de su empresa. Y, por lo que parece, una reconciliación con la familia de los poetas se inició de inmediato. Después de desfilar en el Carnaval de Río de Janeiro como persona destacada por una escuela de samba, su marido “tuvo una conversación bastante amigable con los hijos de los dos”, como ella misma cuenta. “Mi marido dijo que ellos querían conversar conmigo, pero en la confusión típica del Carnaval, con aquella multitud, no nos pudimos encontrar”.
El asunto de la pelea con los Jobim y los Moraes es una página pasada en la vida de ella: “No quiero los derechos sobre la poesía, pero pienso que ser la Garota de Ipanema me concede el derecho de usar el nombre como marca de mi fábrica de bikinis y prendas para señoras que quieren sentirse jóvenes como yo”. Helô mantiene la tienda en la calle Vinícius de Moraes, 53, en Ipanema, al lado del bar donde fue inspirada la canción: “Mi raíz está ahí, donde todo sucedió ‘por causa do amor’”.
En casi dos horas de conversación es tentador definir a Helô Pinheiro. Todo gira alrededor de lo emocional, a pesar de que ella trate de despistarme con respuestas racionales. Helô adora la música romántica, principalmente los géneros cursis como sertanejo (música escrita por compositores rurales del interior de Brasil estilo country) y música axé (originaria del estado de Bahía. Axé significa energía positiva) de íconos brasileños como Ivete Sangalo. “Soy guiada por mis oídos para hacer palpitar mi corazón”, afirma. 
De signo Cáncer, dice que solo cree en el horóscopo cuando lee alguna cosa buena. Si los astros apuntan alguna referencia mala, ella lo niega, dobla el periódico y lo olvida. Pero luego, al salir de la casa, se cuestiona: “¿Será que sí van a suceder cosas malas?”.
Helô entonces es supersticiosa. Pero es más que eso. Es una pasajera entre la tristeza y la alegría para disfrutar de lo mejor que el viaje de la vida le puede dar. Con la misma serenidad que habla sobre su hijo especial, admite que llora hasta cuando ve un cachorro abandonado en la calle.
La musa acostumbra decir que nunca se consideró tan bella, justamente porque su perfil de mujer es otro del que fue un día. Cree que las mujeres de hoy son más bonitas que las de su época, porque existen más productos cosméticos y “más palcos” para mostrarse. Los cuerpos esbeltos y los rostros con líneas simétricas, típicos de los años sesenta, dieron lugar a los cuerpos definidos del siglo XXI, que en la visión de ella “se asemejan a las frutas de todos los tipos”.
Ipanema ya no es la misma de la época de Helô, así como las chicas de la playa de hoy en día. La inocencia dio paso a los senos enormes, y las adolescentes desean la madurez precoz-mente. Pero ellas no saben que esa inocencia fue la que hizo de Helô un ícono de la belleza. Frecuentemente va al lugar donde se convirtió en musa. Pero como pasa con los tiempos, Helô Pinheiro es otra. El glamour pasa. La vida sigue con sus altos y bajos. 
La entrevista se acaba porque tiene una cita médica. En ese momento, señoras y señores que espiaban la entrevista desde lejos se acercan a saludarla. Hoy debe ser el ícono para todas las musas actuales: la belleza no pasa, se transforma. La canción en que fue homenajeada es eterna. Fue “a coisa mais bonita” que Tom y Vinícius vieron pasar. Y nadie le puede quitar eso.

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