Yo era el corresponsal en la Costa Atlántica del famoso programa La Tele, nacido por iniciativa de Carlos Vives. Él y yo somos amigos de infancia. Siempre nos gustó lo que hacía Marcelo Tinelli en Videomatch, de Argentina, y quisimos hacer lo propio, sin imaginar la importancia y recordación que el programa sigue teniendo, más de diez años después de haber concluido. Cada uno tenía un rol particular. El mío era el de hacer entrevistas absurdas, en las que la gente se sentía intimidada y terminaba respondiendo cualquier cosa. A veces yo era el protagonista de esas entrevistas. "¿Cuál faceta de Alberto Velilla prefiere usted, la de cantante o la de actor?", preguntaba, y nadie sabía quién era el tal Velilla, y menos que lo tenía al frente. Nos burlamos del reinado de belleza, de los presentadores eternos, de los estereotipos importados, de las novelas, del comportamiento del colombiano promedio, en fin, de lo que somos. Luego me lanzaron como el cantante de los Clásicos del ayer, parodia de los Clásicos de la Provincia de Carlos, pero con baladas como Adiós, chico de mi barrio. Cada vez que a Carlos le hacían entrevistas en el extranjero, aprovechaba para pedirle al periodista un saludo para "mi amigo, Alberto Velilla, que triunfa en Colombia". Cuando La Tele pasó a la radio yo no quise participar. Hoy me dedico a mi negocio de fabricación de puertas y ventanas de aluminio. Vivo en Barranquilla con mi esposa, mis dos hijas, y mi otro hijo, ahijado de Carlos, estudia Música en Bogotá. Lo que más extraño era decir las cosas sin tapujos, sin importarnos nada.

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