1. Es una estupidez confundir a las pitonisas con los analistas políticos. Y asumir, en consecuencia, que su función es predecir los ganadores de las elecciones, la evolución del dólar y los sube y baja de la popularidad del presidente. Lo peor de esa bobada colectiva es que yo he caído en ella y he fracasado estúpidamente con mis profecías innecesarias.

2. Me pasé siete años diciendo que la imagen de Uribe iba a bajar. Qué estúpido. Comenzaba el gobierno, en 2002, y estalló el escándalo de la parapolítica, que afectó a casi toda la bancada uribista. ¿No era lógico que el presidente, después de una luna de miel, se desgastara? Pues no: era una estupidez aplicarle a Uribe los mismos criterios que habían funcionado con sus antecesores.

3. Meses después me encontré en un avión con Darío Vargas, presidente de Dattis, una de las más célebres firmas de asesoría en imagen política y comunicaciones estratégicas. "Ahora sí va a bajar la popularidad de Uribe", me dijo. Por esos días se había conocido que el DAS, en manos de uno de los más cercanos colaboradores de Uribe —Jorge Noguera, defendido en forma pública y contundente por el mandatario— había sido infiltrado por los grupos paramilitares. Yo, estúpido, le creí a Vargas y me fajé otra columna sobre el desgaste del teflón del presidente. Metí la pata otra vez.

4. Me volví cauteloso. En el segundo cuatrienio se supo que el DAS chuzaba las conversaciones telefónicas de miembros de la oposición, magistrados de la Corte Suprema y periodistas. Por la misma época se supo que en el palacio presidencial hacían reuniones con mafiosos para conseguir datos con los cuales salpicar a los miembros de la Corte. Se publicaron las versiones y se divulgaron las conversaciones y yo pensé estúpidamente que la gente le cobraría al gobierno el ejercicio del poder. Pero no lo dije ni lo escribí, para no embarrarla, y cuando Darío Vargas intentó comenzar una charla con la frase "ahora sí..." le propuse que jamás volviéramos a hablar sobre la imagen del presidente. Aceptó.

5. Decidí cambiar de temas y me fui por la fija: predije que iba a caer la favorabilidad de Hugo Chávez. Ni siquiera volví a hablar de la imagen de Uribe cuando empezó a subir el desempleo que llegó, el año pasado, al nivel más alto de América Latina. Me acordé de Bill Clinton, quien con la frase "es la economía, estúpido", descubrió en la campaña de 1993 que la falta de puestos de trabajo es el factor que más daña la percepción sobre los candidatos y los gobernantes. Por esos días me tropecé con Vargas en el Café Illy y estuvimos de acuerdo en que Argentina está mal parada para el Mundial de Sudáfrica: no hablamos de Uribe. Lo cual no fue una estupidez total sino parcial: el teflón seguía intacto y el presidente se mantenía en el cielo del 70%.

6. Mis compañeros de Cambio empezaron a mirarme mal. Cuando aparecieron las aberrantes irregularidades con las que se malgastaron estúpidamente millones de pesos del programa Agro Ingreso Seguro, propusieron un análisis sobre el daño que le haría a la imagen del gobierno. Pero opté, más bien, por la prudencia: me aferré a la tesis del teflón e incluso el 31 de diciembre, cinco minutos antes de las doce, me propuse que en 2010 comería más brócoli, verduras y fibra, y que no pronosticaría que la popularidad de Uribe ahora sí iba a bajar.

7. Los estúpidos objetivos de Año Nuevo sobrevivieron el mes de enero. Llamé a Darío Vargas y me tranquilizó saber que él, como yo, pensaba que la desastrosa reforma a la salud afectaría al ministro Palacio y a todo el mundo, menos a Uribe. Cometimos la bobería de echar mano de la idea del teflón, que ya está convertida en un lugar común insoportable.

8. Pero el último eslabón de la cadena de estupideces relacionadas con predicciones sobre la imagen del presidente Uribe llegó a comienzos de marzo. La gobiernista sección política de El Tiempo informó el día 2, poco después de la caída de la reelección en la Corte Constitucional, que "la popularidad del presidente cayó cinco puntos en el último mes y llegó al punto más bajo de su presidencia". ¿Se quebró el teflón? ¿El desempleo sí importa? ¿Los escándalos de corrupción sí le molestan a la gente? ¿Uribe era vulnerable? Claro que sí, yo lo sabía, y Vargas me lo había dicho. ¡Qué estupidez no haberlo pronosticado!

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