Allá por el año 2000, me agarró una de esas cosas que nos agarran a los hombres de vez en cuando, y me entraron muchas ganas de casarme con mi mujer, Angie del Campo. Yo ya estaba publicando en esa época la tira Bonjour, del suplemento “NO”, en el diario Página/12, y me pareció interesante, en lugar de pedirle la mano en vivo y en directo porque soy un cobarde, publicar una historieta que hiciera el trabajo por mí. Afortunadamente dijo que sí. En caso de que hubiera dicho que no, yo habría hecho otra historieta diciendo: “Bueee… igual no me importa, ¡loca!”. Pero no fue el caso. Dijo que sí. Y nos casamos, tuvimos un montón de hijas, viajamos por un montón de lugares. Y vivimos juntos. Y la pasamos muy lindo. Y esa es la historia de cómo le pedí matrimonio a mi mujer.

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