"Saliendo de un partido con la selección voy caminando y de las gradas del estadio salta una chica que casi me cae encima. Yo me quedé loco y luego la saludé".

"No me veo haciendo nada diferente de jugar fútbol. No sé con qué más podría ser feliz y hacer feliz a mi familia y mi país".

"Fue difícil mi llegada a Barcelona. Era julio de 2000 y viajé solo porque mi viejo, que siempre me acompañaba, se tuvo que quedar para atender asuntos en Argentina".

"En Rosario, cuando me llegó la fama, me tocó cambiar de teléfono, dormía en la casa de mi tía porque no podía ir a la mía. En Barcelona la gente me reconoce, pero es más tranquila".

"La plata ganada con el fútbol la invertí en una casa para mí y mi familia en Barcelona, también ayudé a una tía con la de ella y arreglé la mía en Rosario".

"Mi mejor amigo en Barcelona es Ronaldinho. Él se porta muy bien. A veces se pasa de alegre y no deja dormir, pero es muy simpático, me da consejos y casi siempre está de buen humor".

"Mi mamá me dejaba salir a jugar fútbol, pero como era el menor de todos siempre se ponía a un lado a mirarme por si me ponía a llorar. Eso me marcó mucho".

"No soy el consentido de Basile en la selección. El ‘Coco‘ me felicita cuando hago algo bien, pero hasta ahí".

"Con Maradona hablo con frecuencia. No es que lo llame todo el tiempo, pero él está pendiente de mí, cosa que le agradezco porque es mi ídolo. Cuando me pasa algo, él se manifiesta".

"Da bronca perder. El de Colombia fue un partido más y queda otro pendiente en Argentina".

"Me sorprendió tener tanta hinchada en Colombia. Cuando llegamos al aeropuerto y en el hotel vi a muchos con la camiseta del Barcelona con mi nombre en la espalda".

"En Colombia la gente es muy buena onda. Y la forma como hablan es para morirse de la risa. Que a los botines le digan guayos es algo que no olvido".

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