Nos conocimos hace 56 años, cuando yo tenía 14 años y Jaime 25. Ha sido toda una vida junto a él, un amor que ha superado los malos momentos y que ha dejado otros muy buenos. Nos conocimos en un bar, él había ido con un grupo de amigos y yo estaba con una amiga. Esa noche yo noté que él me miraba mucho, pero yo no le paré bolas. En la fiesta del homenaje que se le estaba haciendo a uno de los profesores del pueblo me sacó a bailar, me preguntó si quería ser su novia y le dije que sí. Dos meses después nos casamos.

El secreto de un matrimonio duradero —hoy, cuando la moda es separarse a los dos años—es compartir puntos de vista, pero sobre todo entender a la pareja. En nuestra época, casarse era una decisión indisoluble y por eso se asumía con mucha responsabilidad desde el principio. A lo largo de los años hemos ido formando lo que para nosotros es fundamental, así que compartimos la conciencia de que primero van los hijos y que lo más importante que ellos pueden tener es el amor que les dan sus padres. Estar siempre el uno para el otro es una de las cosas que nos han mantenido unidos; en todos los años de nuestro matrimonio nunca nos hemos dejado de hablar ni un solo día. Jaime también ha sido un apoyo muy grande para mí: cuando tuve a todos mis ocho hijos y quise estudiar Derecho, él fue quien más me respaldó. Como toda pareja, durante nuestro tiempo juntos hemos tenido problemas pasajeros pero, en últimas, la clave es entenderse mutuamente y así nada es grave. El matrimonio se debe tomar con mucha responsabilidad, pensando que se va a crear un hogar y que de ahí nace una familia. 

Durante estos casi 57 años de casados ha habido muchas historias. Poco después de nuestro matrimonio nos fuimos a Bogotá, y allí seguimos una vida que hoy nos da 19 nietos. Hace seis años celebramos nuestras bodas de oro, uno de los momentos más románticos de nuestra relación, porque nos fuimos a la iglesia y nos volvimos a casar. Nuestros hijos planearon una fiesta sorpresa con músicos, bailarines y comida elegantísima, en la que Jaime hizo un recuento de nuestro tiempo juntos. Mirando hacia atrás, hoy también me volvería a casar.

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