"¡Santa Fe, mala fe... toma chicha con café!". Así era el estribillo utilizado en plenas épocas de Un hincha azul, que a su vez fue el seudónimo de la primera columna que, en 1968 y desde las páginas de El Tiempo, se destapó abiertamente en favor de un equipo (¡¡¡Millonarios!!!) y, no menos abiertamente, contra otro (¡¡¡Santa Fe!!!). Paralelamente con el fervor por el periodismo, mi abuelo, Roberto García-Peña, me inculcó también la devoción por el fútbol, como una pasión no solo deportiva sino sobre todo intelectual. Y para que fuese eso -intelectual y no apenas corporal- había que evaluar capacidades físicas y sopesar valores humanos. No alcancé, en consecuencia, a vivir la época de El Dorado, pero en los almuerzos sociales de mayores no dejaba de hablarse de Pedernera, Rossi, Di Stefano, Amadeo Carrizo y aun del 'Cobo' Zuluaga, como artistas del balompié y no simples pelotas detrás de un balón.

A mí me correspondió la época de Senén Mosquera y luego la de Otoniel Quintana, cuando a Millos lo dirigió, en un momento dado, el propio Néstor Raúl Rossi, importando una pléyade de buenos jugadores como el 'Nene' Fernández, Frattini, Areán y Ferrero. Y un puntero izquierdo extraordinario, de origen brasilero, llamado Eduardo Teixera Lima. Pero los argentinos, 'lochos' y perezosos, comenzando por el mismísimo director técnico, se fueron a dormir sobre sus laureles y los ilustres directivos de entonces -empezando por Alfonso Senior- se trajeron del Brasil a don Otto Vieira, a quien más bien poco se le entendía el español, lo que aprovechaban los gauchos para no hacerle caso nunca.

Todos unidos por este uniforme que llevo puesto. Son dos las versiones más difundidas sobre su origen: la una, que Álvaro Gómez Hurtado en uno de sus viajes a Londres compró un uniforme del Arsenal, mítico club inglés, lo trajo y lo copiaron aquí y, la otra, más ajustada a la realidad según los fundadores del club Gonzalo Rueda Caro y Ernesto Gamboa: Gamboa le pidió a su mamá que lo ayudara con la hechura del uniforme. Ella lo mandó a un almacén de telas y le pidió que comprara una tela verde, otra roja y una azul. En la casa las puso a remojar y dijo que la que menos destiñera sería la escogida para hacer el uniforme por aquello de que durara con las lavadas. La roja fue la que menos color soltó. El modelo lo copiaron de los uniformes ingleses de la época: pantaloneta blanca, mangas y cuello blanco y una especie de chaleco de un color. De ahí el parecido con el uniforme del Arsenal (la camiseta oficial 2005 cuesta $80.000).

El que me prestaron para esta foto tiene una particularidad: es talla XXL, el único de esa dimensión en el equipo. Es el que usa Léider Preciado. Uno más de todos los que el cuerpo técnico planilla desde el incio del año, y de los que conviene con el patrocinador, ahora mismo Lotto, que se van a necesitar. Sin contar sudaderas, ropa de entrenamiento y trajes de viaje, Santa Fe le da a cada uno de sus 35 jugadores profesionales dos unformes cada semestre, con su respectiva numeración. Cuatro al año. Es decir, hay 140 en total para toda la nómina. Un dato curioso: por decisiones administrativas, quien bote un uniforme debe pagarlo. Eso incluye, por ejemplo, regalarlo a la tribuna o intercambiarlo con un jugador del otro equipo. El plantel sólo reemplaza las prendas que se dañan por deterioro.

De todas maneras, jamás me pondría una camiseta de Santa Fe, porque para mí ello es sinónimo de filipichín y de todo cuanto tiene de jarta la sociedad bogotana, cuando vota políticamente y les parece, por ejemplo, que el turbayismo es -o era- lobo, pero el llerismo no. Cachacos de derecha (¿los hay de izquierda?) que con frecuencia se creen la mama de Dios, y lo trataban a uno de chino pendejo, mientras comían langostinos y bebían whisky, tapándose la boca, eso sí, después de dejar salir un gasesillo bucal. El Club de los Embajadores. El Millos de mi alma. El inolvidable onceno azul... Aquel que casi siempre disputaba el campeonato contra el Deportivo Cali de don Alex Gorayeb. Sí, definitivamente todo "tiempo" pasado fue mejor, así uno tuviera que aguantarse a Juan Lubumba desde El Espacio hablando bellezas de su Santafecito lindo, o a Daniel Samper -alias '039'- colocando a Delio 'Maravilla' Gamboa, Alfonso 'Caraquito' Cañón y Pedro Prospitti en los altares de la gloria, cuando no pasaban de ser simples paquetes. Para no hablar de Menotti porque me capan.

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