Llevo varios días avergonzado. Cargo de un lado para otro un montón de revistas como Vogue, Tú, Seventeen y ABC del Bebé como si estuviera en una fase en la que desarrollo un gusto por los adolescentes o por salir los fines de semana vestido como mi hermana. Para un hombre, el mundo de las revistas femeninas es confuso y a la vez monotónico; están hechas para la recolectora, antepasado evolutivo femenino que según los paleontólogos hay en la mujer. ¡Que de una vez las feministas pidan mi cabeza en una bandeja sin que baile Salomé!, se la dejo gustoso porque es un cuenco vacío.

La información en dichas revistas está dispersa, como semillas regadas… píldoras diminutas sobre las que hay que decidir si son nutritivas o tóxicas; la línea entre publicidad y contenido no es que sea delgada, es que ya no existe. Las mujeres a las que les presté las publicaciones no se ponen con esos reparos. No leen toda la revista, identifican lo que les gusta de inmediato. Yo tuve que reconstruirla por pasos, pero he acá 44 de las cosas que aprendí con mi diminuto cerebro masculino “falocéntrico” y “clitoignorante” —los hombres tenemos el 11 % menos de neuronas en una parte del cerebro llamada la amígdala, según la revista Cosmopolitan—. Por eso, yo no sabía que:

…un novio debe invertir más o menos el doble de su sueldo mensual en el anillo 2 de matrimonio —el que se da en la ceremonia, no el de compromiso—, aunque la revista Novias es benevolente y admite que no aplica a los de menos presupuesto; que uno puede tener un “quickie” por “sexting”; que Paris Hilton y Nicole Richie, luego de que demostraron su absoluta inhabilidad como seres humanos en el reality The Simple Life —cosa que yo creía las había unido de por vida—, ahora son “frenemies”, es decir, las mejores mejores mejores enemigas del mundo… ¡Yay!; que puedes identificar a una “frenemy” por decir cosas negativas con apariencia positiva como “… es fabuloso que vayas a salir de viaje para tu cumpleaños, así ni siquiera te darás cuenta de que vas a cumplir 30 años… ¡doble-Yay!”; maldita sea, que los colores están de moda; que hay una nueva psicodelia, pero sin drogas, sin Jimi Hendrix, sin Aldous Huxley y sin visiones ni The Doors, que hoy se usa como un estilo matrimonial; que el colorete roto se puede arreglar en casa con manteca de karité; que el blanco está matando este verano en este país sin estaciones que es Colombia y, según la revista Novias, se ve mejor en las tardes, aunque según Vogue de día es arrebatador; que para que una cartera de Coco Chanel 2.55 vea la luz, se requieren 180 operaciones “artesanales”; que Coco tuvo una época en la cual era deseable; que Gianni Versace tenía una hermana llamada Donatella que en nada se diferencia de un travesti y que estoy un poquín intranquilo de que la encuentro atractiva; que uno se puede ir en un crucero con Maluma y 5000 niñas histéricas de entre 13 y 18 años por todo el Caribe haciendo pam, pam, pam; que el pelo puede tener estrés; que lo que algunos genios creativos llaman “ropa estructurada” es en realidad una enorme bolsa de leche que uno se pone sobre todo el cuerpo; que la piel de las mujeres es un maldito monstruo que engulle papaya, yogur, varias especias y rodajas de pepino con sales desincrustantes, pero que si la lavas más de dos veces al día “… lo puede interpretar como una agresión y producir más grasa”, según la revista Aló; que ser natural demanda un enorme esfuerzo; que según la revista Tú hay una aplicación que se llama Invisible Boyfriend en la que una máquina te envía notas de amor y te jode la vida para que no te sientas sola; que Twist te permite saber por qué diablos no ha llegado tu novio a la cita y, como si le hubieras instalado un Lo-Jack en el trasero, te dirá con un puntico rojo intermitente exactamente en dónde viene este con tu chico; que Couple te permite dar besos digitales poniendo tus labios en la pantalla de tu smartphone y que este solo vibrará si él lo hace al tiempo y en el mismo lugar, ¡uuu!; que los seguidores de Justin Bieber se llaman “beliebers”; que hay una enorme cantidad de recomendaciones en las revistas para chicas acerca de cómo lidiar con el odio de sus “haters” en la red… ¿cómo no, en una generación que es a la vez atrevida y delicada?; que, según la revista Tú, un porcentaje altísimo de chicos considera que su novia es mucho más inteligente que ellos ¡y eso es genial!; que mientras más adulta y exclusiva es una revista, menos tipos trae (la Vogue viene a presentar la foto de un hombre real en la página 88), ya que en los estratos altos las mujeres, al parecer, reciben más motivación de otras mujeres, modelos con la cara lavada, mientras que en los estratos más populares y entre lectoras jóvenes, las mujeres se mueren de la ternura con el clásico hombre encartado con un perrito o un bebé; yo no sabía que vivíamos en una época marcada por el deseo —según la revista Infashion—, aunque por la cantidad de artículos acerca de “cómo ser tú misma”, es claro que nadie sabe qué desea; que el verdadero sueño sexual de una mujer es ser inolvidable; no me había percatado de que Cher, de 69 años, está desarrollando un parecido asombroso con Enilce López, la Gata de Magangué, según pude constatar también en Infashion… ese look de róbalo apesadumbrado que solo sabe dar el bótox; que es mucho más cool ser auténtico que ser macho; que el oxígeno puede establecer tres enlaces con el hidrógeno para formar la molécula de H3O, naturaleza mejorada, que es más natural según la tienda H3O; que la mayor parte del colágeno que hace que nuestra piel sea flexible viene de las articulaciones del cerdo… cerdo natural —¿hemos de desarrollar cosméticos kosher para ser más políticamente correctos?—; que el médico Doogie Howser es gay y tiene dos hijos con su pareja; que hay bolsos de Louis Vuitton que corren en el mercado por el mismo precio que el avalúo comercial de mi carro según la revista Motor: $14.400.000 COP; que lo único de una modelo de pasarela que me serviría de inspiración para masturbarme son los dedos de los pies que sobresalen de las chancletas; que las revistas de mujeres, si se comparan con una Vanidades de hace 30 años, tienen pocos hombres, o consejos sobre hombres… los trucos para retenerlos, capturarlos o saber qué diablos están pensando están al mínimo, como los juegos sexuales para que no abandonen tu casa; que existen en el mundo pantis de control, cremas de hormonas, vestidos de dulce menta, pantalones pitillo y un traje de novia llamado “Palabra de Honor”; que todos estos años yo en realidad había estado siguiendo una dieta muy natural llamada la “dieta intuitiva”, consistente en “hacerle caso a tu cuerpo”; que el arco en V debajo de la nariz, esa cosa que creíamos no tiene nombre, se llama, según Novias, el Arco de Cupido; que según ABC del Bebé, los médicos llevan 130 años estudiando la leche materna pero no han podido saber qué es, porque justo cuando lo van a decir, las mujeres la comienzan a producir de manera distinta; que la forma políticamente correcta de decir “insolada” es “besada por el sol”; que se sospecha —y de esto no hay ninguna seguridad— que Brad Pitt paga por sexo, pero solo con hombres, porque ya está cansado de tenerla tan fácil con las chicas; que las compañías que producen tampones no hallan cómo metérselos —literalmente— a la nueva generación de adolescentes, que al parecer no gusta de ellos; que Marbelle se está asemejando, y mucho, a Mickey Rourke cuando hizo la película El Luchador; que, según la revista Glamour, hay una nueva medida llamada Coeficiente Emocional o EQ, más importante que el de inteligencia o IQ; que la edad de una mujer “mediática” no debe inferirse por su rostro sino por sus manos, como puede constatar cualquiera que observe las fotos de Reese Whitherspoon y Sofía Vergara posando juntas para su nuevo filme; que Karl Lagerfeld, muy temprano en su carrera, se tragó un paraguas y tuvo la entereza de abrírselo adentro, y que de ahí provienen su fama y su insistencia en usar cuellos rígidos.

Bueno, esto último me lo inventé, ¿pero cómo no iba a haber un homenaje a Karl Lagerfeld en esas cerca de 400 páginas de moda? De lo que no hay un céntimo en las doce revistas que engullí es humor; véase las caras de las modelos, la terrible seriedad de la moda, la urgencia de tener todo en su lugar… los zapatos, el maquillaje, la ropa. Reírse es por alguna razón incorrecto, matoneo sin direccionamiento. Mucho temo que no solo son épocas de deseo, sino de ominosa solemnidad, la detestable solemnidad de las marcas, porque lo que sí sabía, pero no hasta qué punto, es que las revistas de moda son, al decir del escritor Hugo Chaparro, como ver un club a través de un vidrio… uno que se termina lamiendo.

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