Loco Mía comenzó siendo un grupo de cuatro amigos que bailaban sobre los podios de la discoteca Ku en Ibiza, España, a principios de los años ochenta, con el objetivo de llamar la atención. En esa época, la moda era divertirse por las noches con la ropa que uno mismo cosía durante la semana y cada tío llegaba con una propuesta original. Así fue que me inventé la estética del grupo: viendo en un museo de Barcelona unos enormes zapatos del siglo XII que me llamaron mucho la atención, al igual que dos pequeños abanicos que usaba una pareja homosexual en la playa. Los trajes con hombreras eran una mezcla entre torero y medieval con mucha lentejuela y brocado que enloquecía especialmente a las mujeres.

Cuando en 1987 el representante de artistas José Luis Gil nos vio actuar ante 6.000 personas que se movían extasiadas con nuestras coreografías, se propuso convertirnos en un gran negocio musical pese a nuestra nula aptitud para el canto. ¡Y vaya si acertó el tío! Vendimos tres millones de discos en todo el mundo interpretando canciones pegadizas y comerciales como Rumba, samba, mambo y Fiesta Latina.

Visitamos Colombia en tres oportunidades para actuar principalmente en cumpleaños y fiestas que organizaban personajes de Cali y Medellín. Conocimos el mundo vendiendo una imagen de ambigüedad, porque pese a que la prensa nos etiquetó como gays, las fans de Loco Mía siempre nos vieron como machos. Yo soy homosexual desde los diecisiete años y lo tengo asumidísimo, pero no me parece ético revelar la tendencia sexual de mis compañeros.

Luego del éxito, tuvimos inconvenientes legales con nuestro representante, hubo peleas, divisiones y numerosos intentos para relanzar el grupo, sin éxito. Con la aparición de internet, el negocio de la música se jodió para nosotros. Por eso, la mayoría emprendió nuevos horizontes. Carlos Armas, que usaba el pelo largo y era el preferido de las chicas, ahora trabaja en un restaurante familiar en la cuidad de Tenerife. Juan Antonio Fuentes, el rubio, dirige un hotel en Barcelona. Manolo Arjona es el único que sigue trabajando como Loco Mía los fines de semana en la discoteca Bikini y a sus 38 años se mantiene igual de guapo.

Yo voy por los 44 y vendo toda la ropa del grupo en mi tienda de Barcelona y con Sony BMG hemos lanzado un DVD con el compilado de nuestros grandes éxitos. Además tengo un sex shop virtual donde comercializo productos y juguetes eróticos. Desde 1997 me afeito el pelo para que se aprecie el símbolo de Loco Mía que decidí tatuarme en el cuero cabelludo. Significa mucho para mí, porque siempre me he creído este cuento y no me lo puedo quitar de encima.

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