Denudez y libertades

Para empezar, tengo que dejar claro que, para mí, el desnudo no debería ser un tema. Cero tabús. Sé que en varias sociedades, incluida la nuestra, ver un cuerpo sin ropa todavía da de qué hablar, y es más que solo un tema de conversación: es tema de críticas, prejuicios e inseguridades. Pero en mi caso, me gusta asociarlo más con la naturalidad, con la libertad y con la seguridad propia. Esa fue una de las razones más grandes por las cuales no rechacé la oportunidad, cuando me llegaron con la propuesta de posar para la revista. Supe que podría ser una buena opción para llevarle a más gente ese mensaje. Lo pensé, por supuesto. Consulté con mis amigos cercanos, con mi familia, y luego me decidí.

Hace unos meses me pasó algo curioso: publiqué en mi cuenta de Instagram una foto en la que aparecía bocabajo, medio desnuda, y eso causó un pequeño terremoto. Tanto que a los pocos días la censuraron. En serio, todavía no lo creo. Puedo sacar una canción y probablemente no haga tanto ruido. No fue rabia lo que sentí, pero sí me decepcioné un poco al saber que hasta gente que supuestamente me sigue se pueda ofender o molestar por una foto así. Es una falta de educación, un poco primitivo, y me causó mucha curiosidad. Tomarse el tiempo de criticar y bajar una foto desnuda de una red en esta etapa de nuestra sociedad, cuando tenemos cosas realmente atemorizantes de las que preocuparnos, me parece algo muy ignorante. Es sencillo: si no te gusta lo que ves, no me tienes que seguir. Y creo que la desnudez es, en el fondo, un tema de honestidad; debemos ser honestos con nosotros mismos y con nuestros cuerpos, sin tenernos asco ni sentir morbo. El cuerpo desnudo es algo que todos tenemos en común, pero desafortunadamente a la gente le gusta ignorarlo. Así que salir en SoHo sí me parece una buena manera de cerrar ese incidente.

Tranquilos: no voy a seguir dejando de lado lo que entiendo que estará en la mente de todos; sé que muchos se estarán preguntando qué opinó mi papá, Carlos Vives, del asunto, de mi decisión. Debo decir que sí se llevó una sorpresa, al menos al principio. Él siempre ha sido un poco sobreprotector, y es algo que se entiende porque soy la mayor de sus hijas. Pero, como ha hecho siempre, respetó mucho mi independencia y mi libertad, aunque no creo que pongamos la portada en la nevera de la casa para mis hermanos Elena y Pedro. Toda la vida me ha dicho que esté segura de mis decisiones, que medite bien antes de tomarlas y que no se me olvide pensar siempre en mí. Él cree que la vida consiste en eso: en tomar nuestras propias decisiones y hacer lo que nos haga felices. Y eso mismo creo yo. Mi mamá, Herlinda, fue a la primera persona que le conté, como lo hago con la mayoría de mis preocupaciones. Y ella me acompañó en todo momento. Me dijo que lo importante era que yo estuviera cómoda. Tener el apoyo incondicional de los dos definitivamente me hizo sentir más tranquila y segura en las fotos.

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En cualquier caso, la relación con mi papá es única. Nuestro trato es mitad serio y mitad mamadera de gallo. Cuando nos ponemos serios, hablamos de temas personales, políticos, históricos o lo que sea. Pero cuando mamamos gallo, nos reímos, se la montamos a mis hermanos y nos inventamos personajes y jugamos —él sigue siendo tremendo actor—. El tema de la música también nos ha acercado en los últimos años, desde que me he interesado mucho más en crear y producir. Todo eso fortalece la relación. Hace poco, por ejemplo, hice la musicalización de una canción y él me ayudó bastante con el proceso: me hizo comentarios, críticas constructivas... Es muy interesante conocerlo y tratarlo en esa parte profesional, porque eso también me ha ayudado a entenderlo como persona.

Por lo demás, les soy honesta, mi vida es muy tranquila. Tengo 20 años, vivo en Nueva Orleans, Estados Unidos, y estoy en las carreras de Filosofía y Estudio de la Mujer en la Universidad de Loyola. Todos los días me despierto sola en mi casa, con musiquita, y me hago el desayuno. Voy a clase en patineta. En la universidad soy la presidenta del grupo feminista y organizo charlas o escribo discursos para hablar en paneles. Cuando llego al campus, le dedico un par de horas a la música, porque estoy trabajando en un proyecto personal. Y me gusta la filosofía, al final, para pensar, pensar siempre diferente. La perspectiva es muy importante en formar una idea amplia de la vida. La filosofía no es solo para entender los argumentos sino para crearlos, y quizá con eso hacer una diferencia genuina e importante.

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