Dos años después, cuando ya era más conocida por la gente, mi mamá recibió una propuesta para que yo intepretara una canción de Navidad que había compuesto el maestro Oswaldo Oropeza, un músico y productor interesado en la niñez y sus dramas. (La carta de Pedro Santos a su papá)

La canción contaba la historia de una niña a la que el Niño Dios no le trae sus regalos de Navidad y le pregunta a su mamá llorando: “Mamá, ¿dónde están los juguetes”. La mamá le responde que si no le han llegado sus juguetes de Navidad, es tal vez porque ella hizo algo malo, pero en el fondo la canción sugería que se debía a la pobreza de la familia, que era un caso muy repetido en el país. A mí me parecía una canción horrible, y no entendía por qué querían grabar algo tan triste. No me gustaba y al principio me rehusé a cantarla. Pero mi mamá me insistió y al final lo hice, sobre todo, por complacerla.



La voz de la madre fue interpretada por un coro llamado Los Pájaros, conformado por dos cantantes venezolanas y dos colombianas a quienes recuerdo con mucho cariño. La canción comenzó a sonar en la Navidad del 62 y fue un gran éxito. Tanto que los productores quisieron realizar un video en un programa musical de Radio Caracas Televisión en el que cantaba. El día de la grabación, el set estaba decorado de Navidad y yo debía parecer una niña muy humilde. Todo estaba muy preparado, pero a la gente de producción se le escapó el detalle de los zapatos, así que tomaron los míos y los rompieron para que parecieran desgastados y viejos. Eso aumentó mi horror. (No le tenga miedo a salir con una separada)

Para colmo, yo todavía no sabía quién era en realidad el Niño Dios y no me enteraría hasta mucho tiempo después. Me portaba bien todo el año, cumplía con todas las tareas del colegio, me esforzaba en sacar buenas notas y en hacer el mejor trabajo en las grabaciones solo para que en Navidad el Niño Dios no se olvidara de mí, de mi carta y de mi regalo más anhelado: una varita mágica con la que pudiera cumplirle todos los sueños a mi mamá y hacerla feliz.

Mi infancia fue más trabajo que juegos: viajaba al interior del país a dar conciertos en pueblos donde la gente se abarrotaba en las plazas solo para ver cómo era yo en realidad. A mi casa llegaban cartas de niños de toda Venezuela pidiéndome autógrafos, y los domingos, cuando por fin quería descansar, recibía visitas todo el día. Me la pasaba cantando, pero en realidad era muy feliz porque siempre tuve la compañía de mi familia y supe muy pronto que lo que hacía ayudaba al sostenimiento de la casa. (Así vive la familia más grande del mundo)

La canción pasó de moda y yo seguí mi carrera, primero como cantante —inicialmente de música folclórica —y luego como actriz. En todos estos años trabajé incansablemente, grabé más de 30 discos y conocí al amor de mi vida: José “el Pollo” Sifontes, un compositor muy querido en Venezuela con quien llevo 29 años de casada. Actualmente trabajo en un nuevo disco, que no sé cuándo lo tendré listo porque, como se imaginarán, la situación para los artistas —y la gente en general —en mi país es muy complicada desde hace varios años.



Todavía hoy, cuando ya estoy cerca de cumplir 60 años, canto a veces Mamá, ¿dónde están los juguetes? Me encanta la Navidad y tengo una debilidad por coleccionar pesebres. Sigo escribiendo mi carta al Niño Dios, y ahora le pido por la salud de mis seres queridos y por mi país. Por supuesto, supe que la canción sigue sonando en Colombia, y es algo que me llena de mucha alegría, porque siento un gran afecto por el pueblo colombiano y su gente. Sé que la escuchan en Navidad en todas las casas y que muchas veces creen que es un niño el que la canta. Pero en realidad soy yo, Raquel Castaños.

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