La madre sola está siempre mal vista, y lo digo por experiencia. No importa que actrices y modelos varias hayan elegido esta opción y que, por lo tanto, esta parezca (repito: parezca) estar más aceptada socialmente que antaño. Cierto que una madre soltera al día de hoy no tiene que inventarse un padre de su hijo o hija que murió en la guerra o en un accidente, enmarcar el retrato de un primo para hacerlo pasar por el marido fallecido e inscribir a su hijo con el primer apellido que se le pasa por la cabeza para que no coincida con el suyo. Sin embargo, aún hay mucho obispo, periodista, tertuliana, político o, sin ir más lejos, padre o madre del compañero de clase de tu hija, que te mira con resquemor cuando no con simple y abierto desprecio. Muchos y muchas ven a la madre soltera como a una tonta que se ha dejado engañar (si no está demasiado buena) o como a una puta (si lo está), o incluso como ambas cosas a la vez (si tiene un cuerpo de escándalo pero cara de pánfila). La madre soltera tendrá que llevar adelante su maternidad ya no solo contra los mismos vientos y mareas que cualquier otra madre, sino también contra los huracanes de prejuicios aún más crueles.

Además, la madre soltera se enfrenta a graves problemas de organización e intendencia excepto cuando el Dios, la Diosa, La Providencia, la Suerte o el Todo (según en lo que crea cada cual) le haya concedido una abuela entusiasta y joven que pueda ayudarla. Ya sabemos que los padres ayudan poco o nada en las tareas domésticas y en la organización de la casa. Sin embargo, quieras que no, un padre siempre proporciona un sostén económico y un cierto apoyo sentimental. Yo lo advierto siempre a esas chicas modernas que de repente me vienen con estas de "huy, pues yo me quiero hacer la inseminación" como quien dice que se va a poner Botox: tener un hijo es difícil, criarlo es dificilísimo.

Una ventaja: a diferencia de la divorciada, la madre soltera no tiene que pelearse con nadie a la hora de tomar decisiones que conciernen a sus hijos, mientras que la divorciada, a menudo, se encuentra con ex cónyuges que desautorizan o directamente vetan todas sus decisiones porque de una manera consciente o inconsciente utilizan a los niños para herirlas. También es muy complicado para una madre divorciada imponer ciertas normas, disciplinas horarios y rutinas a los hijos cuando cada dos fines de semana van a ir a un lugar en el que estas rutinas y normas no existen. De esa manera, muchos hijos de divorciados se convierten en niños tiranos que exprimen el sentimiento de culpabilidad y que a la mínima contrariedad apelan al clima de tolerancia que supuestamente respiran en la casa del padre: "Pues mi papá me deja ver la tele hasta las 11", "pues no me obliga a comer pescado", "allí me visto con la ropa que yo elijo", etc. En un mundo ideal, los padres divorciados se reunirían para discutir civilizadamente planes conjuntos de crianza y educación de los hijos. Pero no vivimos en un mundo ideal y, si viviéramos allí, estos padres no se habrían divorciado.

En el mundo en el que vivimos los hijos se convierten en armas arrojadizas y objetos de competencia. ¿Y quién es la que suele salir perdiendo? Excepto en casos muy particulares de divorciadas de hombres muy solventes, ella. En el peor de los casos, el señor va a escatimarle hasta el último céntimo de la pensión, si es que y sencillamente no la paga. En el mejor, el padre pasa puntualmente el dinero establecido, se lleva a los niños de vacaciones y acude puntualmente a las citas para recoger o devolver a los niños a, porque el juez ha  "favorecido" a la madre otorgándole el privilegio de decidir casi todo lo concerniente a los hijos y la responsabilidad prácticamente absoluta de lo que les pueda ocurrir. Es decir, el único favor que se le ha hecho es el de condenarla al ostracismo social y profesional. Porque mientras el padre dispone de 13 días por quincena para salir de cañas con la nueva novieta que se ha echado, la madre se las ve y se las desea para levantar a los niños, hacerles el desayuno, llevarlos al colegio, ir a trabajar, recoger a los niños, ayudarles con los deberes, hacerles la cena, supervisar baños, poner lavadoras, colgar coladas, casar calcetines, planchar pantalones, pasar el aspirador, quitar el polvo, etc. sin morir en el intento. Estoy segura de que muchas madres estarían encantadas de que en el reparto los niños le hubieran tocado a él. Pero si en 10 años de matrimonio él no puso una sola lavadora, ¿qué hace pensar que en su condición de recién divorciado se le va a aparecer un Hada Madrina que le va a conceder habilidades domésticas al mero toque de su varita

 Así que la madre sola, soltera o divorciada, será quien se encargue de todos los asuntos domésticos y de las relaciones del día a día: los deberes, los horarios escolares y de diversión, las comidas, las visitas al médico, etc.

Resumiendo: aunque socialmente se asocie lo matemático, lo lógico, el control científico y riguroso a lo masculino, y lo intuitivo y lo lúdico a lo femenino, el caso es, ¡oh sorpresa! que, a la hora de hablar de hijos, las madres personificamos el epítome de lo racional y del control matemático. Siento comunicar a los señores psicólogos que los desorganizados, emotivos, inestables, etc... han sido siempre ellos.  

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