—¿Cómo está, maestro? ¡Bienvenido a casa! —dijo el Pibe Valderrama.

—Maestro, es usted —le contestó Escolástico Méndez. Entonces Valderrama lo abrazó, muy emocionado, creyendo que abrazaba a Diego Maradona. Para cuando el Pibe descubrió la verdad, la escena ya había sido inmortalizada por una cámara de televisión. Sucedió en Barranquilla, poco antes del partido que Colombia y Argentina disputaron por las eliminatorias del Mundial de 1998. Después "Diego" fue al estadio a ver el partido y tuvo que disponer de custodia especial porque los espectadores lo volvían loco. Algunos comentaristas deportivos llegaron a especular incluso sobre el curioso hecho de que Maradona viajara para ver a la selección que dirigía su archienemigo Daniel Passarella. Es que "Diego", el doble de Maradona, no habrá heredado el talento futbolístico del modelo original, pero tampoco sus odios.

—Tengo la mejor onda con Daniel. Nos cagamos de risa.

Escolástico Méndez —a quien llamaremos en forma indistinta "Diego", así entre comillas, o ‘Coco‘, como lo llaman los amigos— nació con la vaca atada. Cuando lo confundieron por enésima vez por la calle se le prendió la lamparita y comprendió que había encontrado su profesión. Durante toda su vida tendrá trabajo gracias a su asombrosa semejanza con Maradona: lo único que tiene que hacer es un poco de ‘mantenimiento‘ periódico: estar atento a los frecuentes cambios de look del astro, cortarse el cabello cuando Diego lo hace, hacer ‘jueguito‘ con la pelota, saber la firma del 10. Lo que no hace —porque solo el cuerpo del 10 lo resiste, y hasta por ahí nomás— es adelgazar y engordar decenas de kilos con la frecuencia que lo hace Maradona.

—Cuando Diego estaba muy gordo, llegué a usar una almohada para rellenarme. Cuando está muy flaco, no se puede hacer nada —reconoce.

Todos los días, menos los domingos y los martes, "Diego" está en el barrio de La Boca, en La Vuelta de Rocha, uno de los centros turísticos de la ciudad de Buenos Aires, donde nacen frente al Río de la Plata las calles Pedro de Mendoza, Magallanes y el insigne pasaje Caminito. Allí, a pasitos de la Bombonera, se pone la 10 de la selección argentina y se saca fotos con los turistas. Si la cámara la pone el turista, le cobra 15 pesos (5 dólares), si él pone su fotógrafo, le cobra entre 10 y 15 dólares, de acuerdo con el tamaño. En la fonda de Pedro de Mendoza y Magallanes instaló su computadora y su impresora láser. La fonda le puso el fotógrafo, que también es el encargado de vociferar: "¡A la foto con Diego, a la foto con Diego!". Es un buen souvenir el que ofrecen, mucho mejor, sin duda, que la tradicional foto con los bailarines de tango. Le hacen sentir a uno que estuvo cerca de Maradona, transmiten algo de la energía del 10. Es una ilusión, sí, pero de las buenas.

—Un saludo para todo el pueblo venezolano. ¡Arriba la Vinotinto! —dice "Diego". Y el venezolano que lo estaba filmando se va contento.

Cada tanto alguien le ‘roba‘ una foto, pero no es grave. El 10 lo mira decepcionado, como quien dice: Qué me hacés, hermano, y el ‘ladrón‘ sigue su camino, feliz por haberse ahorrado unos dólares.

Justamente por cuestiones de dinero, mi presencia en Caminito no es del todo bienvenida. La fonda y "Diego" mantienen un histórico desacuerdo sobre la actitud que hay que adoptar ante la prensa. Los dueños de la fonda opinan que "Diego" debería cobrar todas las entrevistas, como hace el verdadero. Dicen que no necesitan prensa para que los turistas se saquen fotos, que el negocio camina solo, que las notas periodísticas no les traen ningún beneficio y solo les hacen perder el tiempo. "Diego" acuerda que la prensa no es necesaria para las fotos en La Boca, pero que le sirve, en cambio, para difundir sus otras actividades: los shows en discotecas, la participación en eventos empresariales.

—En el mundo del espectáculo, la prensa siempre sirve —dice. Hace unos días le quisieron cobrar a un periodista de (la revista) Semanario. ¿A vos te parece?

Su momento de gloria fue el histórico ciclo televisivo La noche del 10, que conducía el propio Diego Armando Maradona, con la inestimable e imprescindible colaboración de "Diego". La primera vez que apareció Maradona en el primer programa de La noche del 10, bueno… ¡No era Maradona! Era "Diego". La producción le había preparado una estrambótica entrada en moto, Diego detesta andar en moto, así que "Diego" se ocupó de reemplazarlo. Lo mejor de todo fue la histórica entrevista de Maradona a Maradona: en todos los planos generales, uno de los Maradona era ‘Coco‘. Al final de la entrevista, Diego abrazó a "Diego". Las fotos impresionan.

—La paso muy bien —dice—. Gano muy buena guita y me cago de risa. Es lindo ser Maradona: todo el mundo me quiere. ¿Quién no quiere ser Maradona?

"Diego" tiene 47 años, unos meses menos que Maradona, es casado, tiene cinco hijos. A diferencia del original, los reconoció a todos. Dice que su trabajo lo lleva a la noche, las burbujas, las tentaciones. Dice que su mujer entiende, que no por nada es la mujer de "Diego".

Viajamos conversando en el colectivo (bus de corta distancia) 20. Una señora se acerca a nosotros con un papelito y una lapicera. Le dice: "Diego, ¿me firmás? Es para Cristian, mi hijo". "Diego" le firma. Cuando se baja del colectivo, la señora le dice: "Gracias, Dieguito". No sé cómo no se le ocurrió que el verdadero Diego lleva años sin subirse a un colectivo, pero no se le ocurrió, o en todo caso, si surgió la duda, el magnetismo de "Diego" pudo más. Al día siguiente, cuando las cámaras de TV muestren a Maradona como invitado especial de los Juegos Olímpicos de Beijing, la madre de Cristian comprenderá que algo extraño le sucedió a bordo del 20.

—Pasan cosas increíbles —dice ‘Coco‘—. Te cagás de la risa.

La primera vez que lo vi en mi vida fue hace cuatro años. Yo trabajaba en una productora de televisión. Bajé a almorzar con un par de compañeros de trabajo y "Diego" esperaba que alguien lo atendiera sentado en el hall. Hubo un debate, para mí es, no te digo que no es, para mí es, no: es igual pero no es, y finalmente concluimos que era igual pero no era, por la única y exclusiva razón de que en ningún lugar de la Argentina harían esperar a Diego Maradona en el hall de entrada.

Cuando Diego quiere ir a un lugar muy concurrido sin que nadie lo moleste, "Diego" puede ser la salvación. Más de una vez lo ha cubierto en operativos estratégicamente diseñados para distraer a la prensa.

—Una vez fue a un desfile de modas en Punta del Este con Claudia y las hijas. Había muchas cámaras porque estaba lleno de famosos. Hicimos bien el trabajo: yo entré primero, me eché todas las cámaras y los micrófonos encima. Cuando se dieron cuenta de que era yo, Diego ya estaba sentado lo más pancho con su familia. ¡Me cagué de risa!

—¿Y alguna vez te fuiste de joda con el Diego



—Un par de veces hemos ido juntos a (la discoteca) Cocodrilo. ¡Nos cagamos de risa! ¡Las minas no sabían a quién encarar! Pero viste cómo es Cocodrilo: hay minas para todos…

Cuando no está Diego, ¿qué puede hacer "Diego" en una discoteca para ganar dinero? Existen dos posibilidades: a) show de la simulación; b) simulación lisa y llana. El caso de a) es el más clásico, la rutina de un artista de variedades.

—Es un show arriba del escenario. Me llevo la camiseta de la Selección, una pelota, hago ‘jueguito‘, después le firmo autógrafos a la gente. Es lindo. Me cago de risa.

El caso de b) es más sofisticado, la estrategia de marketing basada en el chimento. "Diego" llega en una 4x4 con vidrios polarizados, se baja de la camioneta rodeado de guardaespaldas, escondido en lentes oscuros, elude el acoso de la puerta, se mete en el VIP, bebe gratis toda la noche, se saca fotos y les firma autógrafos a las personas que estén en el VIP. Durante la semana, la gente hará circular la noticia de que Maradona fue a divertirse a esa discoteca. Tal vez, incluso, algún medio publique la historia. A la semana siguiente habrá más gente en la discoteca, peregrinos que acudirán con la intención de ver de cerca a D10S.

—Yo la paso bien, me cago de risa, ¿me entendés? Una vez, te lo juro por Dios, di una entrevista por la tele como si fuera Maradona. Hablé de Boca, lo critiqué a Bielsa, que en ese momento era el técnico de la Selección, el único que sabía de la joda era Diego, después no se enteró nadie, ni siquiera el periodista, y eso que lo conocía bien.

—No te creo.

—Creéme. Te lo juro por Dios. ¿Te acordás de ese aviso donde Diego dice: "Arriba Argentina: empieza el Mundial"?

—Cómo no me voy a acordar: fue antes del Mundial de Corea-Japón. Diego tocaba los timbres de las casas para que la gente se levantara a ver los partidos…

—No. Diego decía "Arriba Argentina: empieza el Mundial". El que tocaba los timbres de las casas era yo. Estuvo bueno. Me cagué de risa.

—Cuanto mejor le va a Diego, más trabajo tenés…

—Bueno, cuando le va mal, también tengo mucho trabajo.

—¿Por qué?

—¿Viste las veces que lo han llevado en una ambulancia, o que lo han internado en una clínica?

—Sí.

—Después, en el programa de Chiche Gelblung hacían dramatizaciones, esas que hacen con la cámara medio fuera de foco. Ahí, siempre, el que hace de Diego soy yo.

—Pero cuando hacen esas dramatizaciones, lo destrozan. ¿A Diego no le molesta que vos estés ahí?

—No, para nada. Él sabe que yo estoy laburando, ganándome el mango, y no le jode para nada. Se caga de risa.

Lo mismo que hace ahora en la Vuelta de Rocha lo hizo durante tres años en el Museo de la Pasión Boquense, que está debajo de la Bombonera. Después lo reemplazaron por una computadora: ahora cualquiera de los asistentes al museo, Photoshop mediante, se puede sacar una foto con el auténtico Maradona, o bien con Carlitos Tévez. En otras palabras, antes vendían fotos auténticas con el Maradona falso; ahora venden fotos falsas con el Maradona auténtico.

Domingo por medio, cuando Boca juega de local en la Bombonera, ‘Coco‘ es el encargado de entregarles sus plateas a los turistas que compran los paquetes de los hoteles de lujo. Por cada platea que entrega le dan 10 pesos y dice que ha habido días que ha entregado 400.

—Es mucha plata por un ratito de laburo —dice—. Me cago de risa.

Igual que Diego, ‘Coco‘ se peleó con su representante cuando le surgieron algunas

dudas sobre los contratos y los manejos

financieros.

—Una vez, el dueño de un boliche en el que había laburado, después del show me invitó a su despacho a tomar un whisky. Mientras conversábamos me fue haciendo la factura. Cuando la vi dije: Cómo, si yo estoy cobrando menos de la mitad de esto. Le dije a mi representante: hermano, qué me estás haciendo; el tipo se quedó, no sabía qué decirme. Vaya a saber cuántas veces me hizo lo mismo, ni ganas de revisarlo tengo. Ya fue. Ahora tengo otro. Y me sigue yendo bien, me cago de risa.

‘Coco‘ es hincha de Boca, le gusta el fútbol, pero dice que no es fanático, o en todo caso, que si lo fue, el fanatismo se le pasó.

—Me cansé un poco de ir a la cancha y todo eso. Ahora lo veo más tranquilo. El fútbol es para divertirse —dice—. Para cagarse de risa.

Como el Diego, el doble estuvo hace poco a punto de viajar a Japón, pero no pudo. El imperio del sol naciente, donde Maradona se consagró campeón mundial juvenil en 1979, está vedado desde hace largo tiempo al emperador del fútbol porque los japoneses no permiten el ingreso al país de gente que haya tenido problemas con drogas. Al "Diego", que no tiene problemas con el visado, lo querían llevar a un programa de TV, pero al final no dieron los costos. Dice que le hubiera gustado conocer Japón, pero que no faltará oportunidad.

—En el mundo, igual, me conocen bastante por lo que cuenta la gente que viene acá, y también por un documental de la BBC, donde aparezco yo con los muchachos de la iglesia maradoniana.

Dice que se lleva bien con todo el mundo, que tiene buena onda con los jugadores y dirigentes de Boca, con la gente de la Selección, con los artistas de la TV. Me pregunta si conozco a los otros dobles de famosos y me recomienda a sus favoritos.

—El de Luis Miguel es impresionante, es más parecido que yo. La de Susana Giménez también: es una obsesiva, hasta se hizo cirugías para mantenerse igual a Susana. Con el de Charly García me llevo bárbaro: es un amigazo y cada tanto hacemos algún show juntos. Nos cagamos de risa.

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