“Yo era un pelao, tenía 15 o 16 años, estaba en tercero de bachillerato y no quería ser futbolista sino piloto. Para eso tenía que irme a estudiar a Cali, pero mi mamá se ponía muy triste de que me fuera tan joven de la casa, lloraba. Entonces, mi papá, Elías Coll Tara, que fue el primer árbitro Fifa de Colombia, habló con conocidos suyos para que me pusieran a jugar fútbol a ver si se me quitaban las ganas de ser piloto”. (El día que estuve a un paso de dirigir al Real Madrid: las mejores anécdotas de Maturana)

“Lo del fútbol empezó a gustarme mucho y no dejé de jugar. Acompañaba a mi papá al estadio cada vez que pitaba un partido. Dos profesores del Colegio Americano, donde estudiaba, organizaron una semana deportiva para competir contra otros colegios, y yo me metí en el equipo. Al torneo fueron unos directivos de Sporting de Barranquilla, un club que ya no existe, y me llamaron a jugar con ellos”. 

“Debuté por accidente. Iba a todos los partidos del Sporting y siempre estaba en la banca, hasta que un día un jugador, Rubén David me acuerdo que se llamaba, se lesionó. El entrenador me metió y ese día hice mi primer gol”. (William Vinasco Ch: El día que rompí un récord Guinness y otras anécdotas memorables)

“A la Librería Nacional, donde trabajaba mi papá, llegaba la revista El Gráfico que sacaba pósteres de los jugadores de la época. Yo iba con la excusa de visitarlo, aprovechaba para robarme los pósteres y me los llevaba a la casa de mi mamá. Un día salió el de Adolfo Pedernera cuando era joven y jugaba con River. Tiempo después, él fue mi entrenador en la Selección Colombia, y en un amistoso que fuimos a jugar a Barranquilla con la Selección Atlántico, me volé a la casa de mi mamá, saqué el póster y se lo entregué en la concentración. Él me lo firmó y se puso a llorar porque era una foto de hacía 20 años y no se imaginaba que yo fuera hincha de él desde hace tanto tiempo. Fue como un padre para mí”. 

“Los partidos más duros eran contra la selección uruguaya. Del Mundial del 62 ese fue el partido más sufrido, los uruguayos siempre han sido tremendos. A mí me daban tanto miedo, que solo me ponía las canilleras cuando jugábamos contra el Cúcuta Deportivo, porque en esa época la mayoría de sus jugadores eran uruguayos”. (El goleador colombiano en la liga más desconocida del mundo)

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