Que qué no soporto de los hombres fue la pregunta. Y yo pensé que otra vez iba a tener que dar una respuesta en forma de lista. A mí no me va bien con las listas, o me quedo corta o me excedo: en este caso seguro que me excedería. Si me pongo a pensar seriamente qué no soporto de los hombres voy a sacar una lista tan larga que la única conclusión posible va a ser "que existan". Y eso es mentira porque, la verdad, a mí me encanta que los hombres existan. Los hombres me gustan tanto que tengo uno en mi casa, lo que significa que me toca convivir con esa lista probable de cosas insoportables que, ya dije, prefiero ni pensar. Ya está. Por eso, en vez de contestar lo que no soporto de los hombres con una listica tormentosa, contestaré algo más sencillo: qué tipo de hombre no me soporto —que si uno mira la letra menuda viene siendo casi lo mismo.

Entonces: no me soporto a esos hombres que se creen muy hombres. El macho Denim, pecho peludo, al que una mano femenina acaricia; la virilidad hecha caricatura, no la soporto. Es que esa rudeza es de pastillaje, una cáscara que esconde a un tipito con complejos de vaya a saber qué… De mariposa, que, aclaro, no es lo mismo que de marica. Es más, para mí una de las mejores versiones de un hombre (hablando en abstracto, sin anteponer un adjetivo posesivo) es la de marica. Pero, decía: que el macho Denim es un tipito con complejos que, en aras de mostrar pelo en pecho, tiende a adoptar esa pose de estar siempre molesto con el mundo por algo que, por lo general, es culpa de alguna mujer: la suya, la ajena, cualquier mujer; su mamá, incluso. Entonces se les da por llamarlas a todas putas. Es como un tic que les agarra y que no suele estar justificado en nada: "¿Te acuerdas de mi prima Betsy?", le pregunta uno, y el macho Denim, después de hacer algo muy propio de su estirpe como, por ejemplo, rascarse la garganta ruidosamente y adornar el piso con un gargajo, contesta con un gruñido: "¿Una bien putona?". Siendo que Betsy es una santa. Acá hago una aclaración importante: no siempre el macho Denim es un puerco, a veces viene en la versión de un tipo quisquilloso, maniático, raro, celoso, prístino psicópata, o, dicho de esa forma que parece englobar inocentemente hasta a el más hijueputa: un tipo jodido. En todo caso, tenga los modales que se quieran, el común denominador en este tipo de señores es que parecen convencidos de que se merecen el mundo y, como el mundo no actúa en consecuencia, se muestran incómodos, amargados, insatisfechos, emputadísimos.

Así, cuando un macho Denim atraviesa el umbral de una puerta —cualquier puerta— ya se lo ve molesto: trae el ceño arrugado y unas ganas urgentes de romperle la jeta a alguien. Consideran sexy eso de agarrarle duro el brazo a la novia en medio de un salón embutido de personas que parecen divertirse —entre las cuales se cuenta la novia—, y decirle con los dientes apretados: "Nos vamos ya". Y cuando están en la vereda y la novia trata de averiguar qué fue lo que pasó, el tipo le sale con que esa fiesta estaba llena de cretinos y ni hablar de las tipas: todas unas putas. Así hayan ido al cumpleaños de su tía abuela Berta.

Y acá viene la parte más compleja del asunto: quizá lo peor del macho Denim es justamente la mujercita que suelen llevar al lado, o más bien a rastras. Porque un macho Denim es solo posible si alguien se lo consiente; y, con esta idea premoderna de que la rudeza y la "jodidez" son expresiones irrefutables de la libido, hay mucha mujercita boba que se traga el estereotipo convencida de que tanto maltrato de parada ya le será compensado de acostada. Vil patraña. Pero ellas, pobrecitas, viven para convencer al mundo de que hay una relación directamente proporcional, indefectible, entre ser un tipo guache y ser un semental. Es así como, cuando sus machos Denim las tratan mal en público, las zarandean por el brazo o las mandan a callar con todo y dedo en boca —"Shhh, mamita, en boquita cerrada…"—, ellas se comportan como si les estuvieran acariciando alguna parte muy sensible de sus cuerpitos querendones: "Ay, es que el negro es así", suspiran y dejan caer los párpados en cámara lenta, como quien dice "en este pestañeo cabe todo el Kamasutra". Pero, a la hora de la verdad, el macho Denim es tan caricaturesco como a cualquier otra hora: y en la cama, obviamente, se comporta como un actor de película eroticona de poca monta. El macho Denim da nalgadas, jala pelo, muerde, hace ruido y entra tan fuerte que hace que la mujercita se golpee la cabeza contra el espaldar (¿por qué tendría que ser eso algo placentero) y, por supuesto: más nada. Pura bulla. Eso mismo, el macho Denim: rudo de pelo en pecho, ceño arrugado, vocerrón, esputo fácil —o no—, mujercita boba, carácter jodido, es pura bulla. Por eso y tanto más: no lo soporto. Y no, no me vengan con que lo que necesito es uno de esos.

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