Por dos características era conocida María Stella Matallana: por su belleza y por su inteligencia.

De por sí, fue invitada junto a su hermana a que posaran aquí para el especial de gemelas que circuló en septiembre.

Tiene 32 años. Estudió Biología en la Universidad Javeriana. Pero su verdadera pasión es la actuación. Bueno: la actuación es la segunda. Su primera pasión, en realidad, es su hija Macarena, que tiene tres años.

María Stella aceptó la invitación de SoHo para que hablara del maltrato al que la sometió su ex esposo. Con serenidad y madurez, alejada de venganzas y amarguras,respondió todo lo que quiso preguntarle la célebre entrevistadora Cecilia Orozco por una razón fundamental: sabe que las mujeres que callamos ante el maltrato estamos ayudando a que se eternice. Denunciar es la primera manera de no permitirlo.

Después de esta entrevista, a las dos características por las cuales era conocida María Stella Matallana ahora hay que agregar una más: la de que es una mujer muy valiente.

Por Cecilia Orozco Tascón
Especial para SoHo

Cecilia Orozco Tascón: ¿Cuál es su edad y cuál la de su ex marido?

María Stella Matallana: Tengo 32 años y él 41.

Usted fue víctima de un episodio violento cuando él llegó a atacarla a su casa. Después, usted decidió contar en Facebook lo que le sucedió ¿Antes había sufrido otros ataques?

No, nunca. Habíamos tenido diferencias verbales pero él jamás pasó a los golpes. Me sorprendió por eso, pero sobre todo porque me golpeó cuando ya estábamos separados desde hacía más de dos años, y ya no teníamos otra relación que encuentros casuales en la calle y conversaciones por teléfono, la mayoría de las veces para que nuestra hija pasara con él los fines de semana.

¿Sabe qué desencadenó el ataque contra usted?

Minutos antes me había llamado. La niña estaba con él. Me dijo que la nena deseaba volver a casa. Le respondí que no le pusiera atención, que era un capricho porque cuando ella estaba conmigo insistía en que quería ir donde el papá. Se molestó muchísimo y empezó a insultarme, gritando que yo era una mala madre. Le contesté que si no quería estar con la niña, que me la trajera. Al rato llegó a timbrar a la puerta del apartamento. Me pareció raro que hubiera subido sin autorización pero le abrí porque creí que venía con ella. En cuanto me vio, empezó a golpearme.

¿Cómo se inició el ataque?

Apenas abrí la puerta me sorprendí de no ver a la nena. Le alcancé a preguntar por ella pero me empujó, se metió al apartamento y me insultaba a gritos diciéndome cosas horribles. Se lanzó sobre mí, me mandó un puñetazo en el pecho a tal punto que me mandó al piso. Mientras iba cayendo, me sentí muy frágil a pesar de que soy alta y fuerte. Quedé aplastada como si fuera un animalito indefenso.

Cuando la vio en el piso, ¿qué hizo?

Primero me golpeó en el lado izquierdo. Me dio una patada. Yo lloraba porque estaba muy asustada de verlo completamente descontrolado. No podía creer lo que estaba pasando. Pensé que me iba a matar. Se me vino encima y me amenazó con la mano empuñándola sobre mi cara mientras hacía el gesto de mandarme golpes, pero al final no lo hacía. Le rogué que no me hiciera daño. Estaba totalmente ahogada por el puño en el pecho. Finalmente, me escupió en la cara, se paró y se fue.

¿Qué hizo usted cuando estuvo sola?

Me quedé en el piso llorando, pero cuando salió, cerré inmediatamente. Me comuniqué con la portería y le pedí al celador que no lo dejara salir para que lo detuviera la Policía. El portero, que había oído mis gritos, me preguntó si estaba bien. Llamé a pedir que viniera una patrulla. Entre tanto, él estaba muy agresivo con el portero. Casi le pega también. Finalmente se fue porque la Policía no llegó sino 40 minutos después.

¿Puso denuncia en la Fiscalía?

Sí. El lunes a primera hora fui a poner la denuncia. Y también fui a Medicina Legal.

¿Cuánto tiempo vivieron juntos?

Alrededor de dos años. Durante el embarazo me separé de él. Después volvimos a vivir juntos. Finalmente, cuando la niña tenía seis meses, nos separamos del todo.

¿Qué hace su ex marido? ¿Qué profesión tiene?

Es argentino y cuando lo conocí, tenía una banda de rock. Ahora es un hombre con éxito en el mundo de la farándula y de la música.

¿Él ha tenido otras compañeras colombianas?

Sí. Antes de vivir conmigo, tuvo dos. Después fui yo. Ahora tiene otra pareja.

¿Cómo era el trato de él hacia usted cuando estaba embarazada? ¿Alguna vez la amenazó?

No, pero hay unos golpes que no se ven y que son peores porque hay maltrato psicológico.

¿A qué llama usted maltrato psicológico?

Cuando la tratan a usted irrespetuosamente y llegan a menospreciarla llamándola inútil, bruta y haciéndola sentir mal por ser colombiana. Según él, este país es lo peor. Dice que somos "chimpancés con cerebro de arepa". Al principio me parecía chistoso. Después me supo a cacho.

¿No le va a él muy bien aquí?

Sí, claro.

Si la maltrataba psicológicamente y usted continuó viviendo con él, ¿reconoce que permitió que la sometiera?

Sí, lo reconozco y me reprocho por no haber tenido la capacidad de ponerle límites.

¿Usted también aprendió a tratarlo con violencia verbal?

Tuve diferentes momentos: primero agaché la cabeza. Después sentí rabia. Y luego, respondí con la misma moneda. Yo, que jamás había sido agresiva, estaba degradándome sin darme cuenta.

¿Cuándo decidió separarse?

Me separé durante el embarazo porque me sentía abandonada. Volvimos, y después nos separamos definitivamente porque me estaba enloqueciendo. Él desaparecía tres o cuatro días y después llegaba como si nada. Fue muy triste.

Supongo que su amor propio quedó lesionado. ¿Cómo se recuperó?

Lo intenté todo. Fui a terapias alternativas, a psiquiatras tradicionales, a psiquiatras homeopáticos y a cuanto psicólogo me recomendaban. Finalmente, me sometí a psicoanálisis y ese tratamiento fue el que me hizo entender lo que había pasado. En este momento estoy aquí hablando con usted y puedo hacerlo con tranquilidad.

Precisamente quería preguntarle por qué decide hablar públicamente de ese proceso tan doloroso.

Fue una decisión difícil. Lo pensé mucho porque no quiero que lo que cuento se convierta en un espectáculo morboso. Me gustaría que esta sea una denuncia para que las mujeres y los hombres tengan conciencia de que la violencia se esconde en nuestras casas y de que hay muchas historias como la mía. Eso hace que el lío personal trascienda y se convierta en un problema social. Hablo con usted porque creo que tengo una responsabilidad con otras mujeres que aguantan todo en silencio por temor social o por miedo familiar.

¿Cree que les abrirá camino a otras mujeres víctimas que no se han atrevido a contar su tragedia de golpes y palizas?

Ojalá así sea.

¿Y ahora cómo se siente en su aspecto emocional?

Vivo bien y tranquila. Tengo sueños y estoy tratando de cumplirlos porque mi niña es muy hermosa y debo velar por ella.

Por tener los privilegios de una educación superior y relaciones sociales importantes, existe la creencia de que en las clases altas no hay violencia entre las parejas. ¿Cree que su caso es exótico?

No. Lo que sucede es que el maltrato y la violencia se dan de una manera diferente y, sobre todo, se ocultan. Simplemente no sabemos que existe ese fenómeno, no lo vemos o no lo decimos. Pero ahí está.

¿Conoce casos similares entre sus amigas?

Claro que sí, pero debo confesar que, al principio, el tema fue una novedad para mí. A raíz de lo que me pasó, y como hice pública la denuncia en Facebook, se contactó conmigo gente que ya conocía y otras personas que no había visto nunca, para contarme sus historias. Fue sorprendente. Curiosamente, lo más cercano al tema de la violencia de pareja que había oído era el caso de un amigo a quien su novia golpeaba. Me parecía terrible pero no entendía muy bien lo que sucedía. Cuando me pasó a mí, comencé a ser consciente del problema.

¿Normalmente cuántos interlocutores tiene en Facebook?

De 15 a 20 o 30 personas.

Cuando usted contó su historia del maltrato a que fue sometida por su ex marido, ¿cuántas personas le respondieron?

Alrededor de 100.

¿En cuánto tiempo?

Escribí un lunes y de inmediato empezaron a llegar los mensajes. Pero continuaron escribiéndome casi todo el mes.

Entre sus 100 corresponsales, supongo que había más mensajes provenientes de mujeres.

No, me escribieron hombres y mujeres en la misma proporción. Sentí apoyo de los dos géneros.

En la discusión que se formó en la red, ¿se ventilaron otras historias de violencia, o más bien se discutía académicamente sobre el maltrato entre parejas?

Hubo una reacción diferente, según el canal. Las historias personales de violencia me las confesaban abiertamente pero en círculos más cerrados: no en el muro, sino en los correos privados. Era una manera íntima de contarme lo que les había pasado y de mantener el silencio en que se mantiene ese hecho.

¿Eran de su mismo grupo social y edad?

Esa fue otra sorpresa: hasta primas de mi mamá me escribieron contándome lo que les había pasado a ellas en sus matrimonios. Jamás en mi vida me imaginé que algo así sucedía en mi entorno. Es cierto que uno piensa que hay gritos, golpes y patadas solo en los estratos más bajos, pero eso es una mentira social.

¿Qué la asombra más: el maltrato o el silencio en que se ocultan estos casos?

Me asombra lo difícil que es tratar el tema en sociedad y me sorprende todavía más que, cuando uno dice que lo golpearon, muchas personas no le creen a la víctima.

Cuando contó que su ex marido la golpeó, ¿no le creyeron?

Cuando tomé la decisión de revelar en la red lo que me había sucedido, la gente que me conocía llamó a mi celular para preguntarme qué podían hacer por mí. Yo estaba aturdida pero poco a poco me fui dando cuenta de que a medida que yo iba contando, unos quedaban muy impactados y me brindaban su apoyo. Otros no me creyeron, definitivamente. Eran amigos que habíamos compartido con mi ex marido cuando éramos pareja.

¿Qué le decían? ¿Suponían que usted estaba inventando el ataque?

Sí. Pero, además, hubo quienes se indignaron ante mi denuncia, aunque tuvieran la convicción de que era cierto lo que yo decía.

¿La culparon por haber contado públicamente el incidente?

Sí. Para ellos, yo era culpable. El día en que nos citaron por primera vez a la comisaría de familia llegaron dos personas muy allegadas a él, que yo también conocía. Me impresionó la forma como me miraron cuando salí de la cita: como si fuera una criminal. Me afectó muchísimo. Todo fue doloroso, pero mi mayor motivo de depresión fue el de sentirme sola ante el maltrato.

Pero ¿cómo llegan quienes así piensan a esa conclusión? No hay forma de justificar al agresor y de culpar a la agredida…

Primero juzgaron mi denuncia, como se dice coloquialmente, como ‘una boleta‘ porque ¿a quién se le ocurre estar exponiendo su vida en público? Eso es inaceptable. Segundo: ¿cómo les pruebo a los demás que él me golpeó? Nadie vio y es mi voz solitaria la que está denunciando. Incluso, ¿quién le asegura a la gente que me apoya que lo que dije es verdad? Hasta mis amigos estaban haciendo una especie de acto de fe. Entraron a jugar tantos factores que en ese momento me di cuenta de que el maltrato de pareja no es un caso individual y privado. La sociedad lo permite.

¿Cree que las autoridades judiciales también son complacientes con la violencia que sufren muchas mujeres?

No quisiera decirlo de esa manera, pero es así. Cuando uno llega a la Fiscalía o a Medicina Legal, el proceso de denunciar y de que se certifique la existencia de los golpes es duro. A veces me pregunto por qué es tan difícil que le crean a una mujer. Yo no tenía testigos presenciales, pero hubo gritos muy fuertes de desesperación, de susto, de miedo. Varias personas que estaban cerca nos oyeron. Pero el interrogante sigue siendo el mismo: ¿por qué tengo que probar que no miento?

¿Qué dice la certificación que le expidió Medicina Legal?

El solo proceso de ir a esa entidad y de esperar cuatro horas viendo espectáculos horribles fue impactante para mí. Cuando llega el turno y un médico sin ninguna sensibilidad le dice a uno que tiene que desnudarse porque hay que revisar los golpes y moretones, como en mi caso, de la cadera, los glúteos y los muslos, la sensación de humillación es, de verdad, apabullante. Después me dieron un reporte que dice que tenía hematomas, hinchazón en el pecho, etcétera. Después de todo eso, ¿que nadie crea?

En esta problemática hay una circunstancia muy particular que quisiera que usted me confirmara, si es que tiene evidencia sobre alguien que conozca directamente. ¿Es verdad que algunas mujeres golpeadas creen que merecen el castigo que les propinan sus esposos?

Es cierto. Recuerdo muy bien lo que me dijo una amiga. Me contó que el marido le pegaba y después me indicó lo siguiente: "Siempre hay 50% de responsabilidad en uno ¿Qué hiciste para merecerlo?". Me sorprendí muchísimo con esa posición.

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