Margarito y otros gatos

No obedecen al amo
los gatitos,
pero saben
tantas cosas que ignoran
los cristianos.

No babean por huesos
los gatitos,
pero suelen
abrigarle el silencio
a las viudas
y estirarse en la alfombra
y bostezar
como si hubieran heredado
el sol
y dormir y dormir
y dormitar
y cazar otra mosca
haciendo ochos.

Enrédanse mis pieses
escrutando
siluetas en el aire:
lúter, judas, margot,
elvis, lolito,
demon, rouge, margarito,
¿dónde vais?
¿por qué el ceño, el sopor, la poca prisa?

Adoran los cojines,
se enroscan en rincones inauditos,
quiero decir cajones
ignotos donde cabe un alfiler,
secreteres sin llave ni carnet,
baberos de bebés agropecuarios,
cunitas para huérfanos de todo.

No tienen dios los gatos
ni bandera,
pero su guerra de la independencia
libran cada minuto
contra mí, que los amo
sans espoir.

No veréis los bigotes
dalinianos de gato
matisse jugar partidos
de circo
luchando por un globo
cursi con una rubia
y un bastón.

Feliniano felino con orejas,
puta gata porteña,
castizos
micifuces del foro.
El Pepe del Serrat es un buen perro,
pero mi Margarito mola más.


Madrid, 5 de noviembre de 2010

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