Al contar la verdad acerca de mi caso espero poder terminar con los rumores y las burlas de las que he sido objeto. Cuando el país supo que me había tragado accidentalmente un cepillo dental, les dije a los doctores que se me había resbalado de las manos al cepillarme porque estaba enjabonada. Por supuesto, eso no era cierto. Y un doctor en la clínica San Vicente de Paúl, en Medellín, fue el que se encargó de interrogarme y sacarme la verdad: soy bulímica. Tres veces al día, después de cada comida, me inducía el vómito con el cepillo. Esa fue una rutina en mi vida hasta un viernes de junio pasado, en la noche, cuando pasó lo que pasó.

La historia de mi desorden alimenticio comenzó a mis 16 años. Yo vivía con mi mamá y con mis hermanas en nuestra finca en Jericó, Antioquia, hasta que conocí a un señor de 65 años con el que me fui a vivir. A mi mamá eso no le gustó, pero yo creo que gracias a esa relación hoy soy una persona más madura. En Medellín veía a esas niñas tan flacas y tan bonitas, y como he querido ser modelo empecé a comer solo frutas y vegetales. Yo mido un 1,73 m, y llegué a pesar 47 kilos. Luego, al terminar esa relación y volver a casa, ya con 20 años, volví a ganar peso. Y como no hemos tenido plata para hacer una carrera, me dediqué a trabajar de sol a sol. Por las noches yo llegaba a devorar todo lo que encontraba en la cocina y luego, para no engordar, iba al baño a vomitar. En mi casa supieron eso, pero como yo no dejaba esa conducta, se cansaron de insistirme.

Hasta esa noche en la que, por tratar de inducirme el vómito, me metí el cepillo de dientes tan hondo que no pude sacarlo. En casa estaban mi mamá, una hermana y un sobrinito. Yo me empecé a ahogar y no me querían creer lo que me había pasado. Igual me metieron en un carro, y por el camino me les desmayé. Sentí algo de alivio cuando el cepillo bajó hacia el estómago, porque me dolía, pero pude respirar por fin. Del puesto de salud me trasladaron al hospital de Ciudad Bolívar pero allí, como me vieron consciente, decidieron simplemente doparme y esperar, a pesar de que un especialista insistió en que debían llevarme a Medellín.

Como mi familia veía que me iban a dejar morir, un cuñado con un contacto en la emisora Radioacktiva llamó y contó el caso. De inmediato empezaron a echar la noticia, y terminaron enviándome al San Vicente de Paúl. Allí, por fortuna, lograron extraerme el cepillo por medio de una sonda como de endoscopia, y no fue necesario abrirme el estómago, que era lo que iban a hacer.

Hoy estoy tratando de llevar mi vida con normalidad, a pesar de que la gente no ha sido comprensiva y me señalan. Trabajo administrando el almacén de un cuñado aquí en Jericó, y espero que alguien me ayude a lograr mi sueño de ser modelo. Tengo el potencial. También tengo aptitudes para el baile. Y sé que necesito apoyo psicológico para poder liberarme por fin de la terrible bulimia. Estoy esperando a que me llamen del hospital para recibir mi primera sesión.

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