Soy licenciado en Comunicación y mi campo de trabajo ha sido siempre el periodismo social, por lo cual ingresé a Greenpeace hace tres años y medio para trabajar en uno de los temas que más me apasionan: la defensa de los bosques. En 2004 nacen Los Jaguares, un equipo dedicado a la protección de los bosques, cuya labor consiste en enfrentarse en motos a las máquinas utilizadas para arrasar con los árboles y trabarles las orugas (las bandas metálicas sobre las que se desplazan) con barras de hierro; de esta forma, quedan inmovilizadas y es necesario pedir asistencia para destrabarlas. No es un trabajo seguro, y en una ocasión llegaron a amenazarnos con armas, por lo cual tuvimos que montar en las motos y huir. Otra vez, uno de mis compañeros fue golpeado por los miembros de seguridad de una empresa privada. Varias veces los miembros del equipo han estado presos por invasión a la propiedad privada, un delito menor y excarcelable, pero son los riesgos que corremos por salvar los bosques.

A finales del 2007 se emitió la Ley de Bosques, que restringe la libertad de las provincias para disponer la tala de bosques a su antojo y las obliga a hacer estudios previos para evaluar sus consecuencias. Esta ley nace gracias a la población, ya que no contamos con ningún apoyo gubernamental y tuvimos que recoger un millón y medio de firmas para su aprobación. Esto ha evitado grandes ataques en muchas regiones, pero las empresas privadas siguen ejerciendo presión sobre los gobiernos locales, y en muchos casos no respetan la ley. Es ahí cuando las motos de Los Jaguares entran en acción.

También he participado en acciones en otros lugares de Latinoamérica. En el Amazonas estuve detenido durante un día en un barco de Greenpeace, cuando nos amarramos en el puerto de Cargill para evitar que un carguero desalojara la soya que es producida por la deforestación. Nuestro continente es el más afectado por la tala indiscriminada de bosques, debido a su abundancia y al interés que tienen las empresas privadas por sacar provecho de ellos. Más de 13 millones de hectáreas de bosques son arrasadas anualmente en el mundo, y son irrecuperables ya que un proceso de reforestación tomaría más de 50 años en producirse. La empresa privada ha privilegiado siempre la exportación de mercancías y la generación de ingresos, pero ha olvidado los efectos a largo plazo, y los gobiernos no se han preocupado por emitir leyes firmes para defender los recursos naturales.

Soy totalmente consciente de que nuestra labor es absolutamente simbólica, que la deforestación no pasará solo porque cuatro personas en moto se les atraviesen a quienes se empeñan en acabar con los bosques para utilizar el terreno en actividades ganaderas o agrícolas, y menos todavía cuando no contamos con el apoyo del gobierno y dependemos de la colaboración de la sociedad civil, pero a pesar de ello seguiremos atacando implacablemente a las empresas que acaban con nuestros bosques.

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