El hombre promedio que está sentado frente a mí tiene 46 años y ayer se lesionó el hombro y el cuello montando una de sus 30 motos. Aun así no faltó a la cita que concertamos semanas atrás vía correo electrónico. Todo fue tan fácil como conseguir su dirección de e-mail, mandarle un mensaje como quien lanza una botella al mar y recibir contestación 48 horas después. La sencillez de Rocco Siffredi es tal que él mismo responde los mensajes que le llegan, nada de asistentes.

Le gusta la carne casi cruda, el vino frío y el helado de vainilla con salsa de chocolate, que es justo lo que pide de almuerzo. Pensó en un gulash primero, típico plato húngaro que es una sopa hirviendo hecha con trozos de carne de res, cebolla y pimentón, pero el día está tan caliente que terminaría derritiéndose. Por la misma razón climática devuelve el vino y pide que nos lo traigan en una cubeta con la mayor cantidad de hielo posible.

Es un hombre normal hasta para discutir con los meseros. La única diferencia entre un tipo como Rocco y usted, entre un tipo como Rocco y yo, es que él se ha acostado con 5000 mujeres y le han pagado por ello.

Es el actor porno más famoso del mundo, pero no lo parece. Rocco es un tipo normal, el amigote con el que usted se va de fiesta un viernes en la noche y luego le tiene que lidiar la borrachera (porque él lidió la suya la última vez). Adora a su madre, su esposa Rosa es lo mejor que le ha pasado en la vida y muere por sus hijos. Es tan corriente que anda en bermuda y camiseta así la ocasión amerite algo más formal, como ahora que nos encontramos en Menza, uno de los mejores restaurantes de Budapest, donde vive desde hace varios años.

Nació llamándose Rocco Tano en un pueblo de 20.000 habitantes que da al Adriático llamado Ortona de Mare, donde pasa tan poca cosa que su población ha sido la misma en cantidad desde hace 80 años. El Siffredi vendría después, cuando en busca de un nombre artístico al comienzo de su carrera recordó una de sus películas preferidas de la infancia, Borsalino, la historia de una banda de mafiosos en la que Alain Delon encarnaba a un gánster llamado Roch Siffredi.

Su madre, Carmela, quería que fuera cura y, por eso, de niño Rocco fue monaguillo en la iglesia de San Giuseppe, cuando ya era asiduo lector de Supersex, una fotonovela donde su ídolo, Gabriel Pontello, hacía de un extraterrestre que tenía sexo con terrícolas.

En realidad, tenía una sola edición de la revista. Se la había encontrado tirada en la calle, la había escondido en el sótano y la miraba cada tarde al volver del colegio. Pudo más Gabriel Pontello que Carmela y Gennaro, padre de Rocco, que desechó una vida clerical para acostarse también con terrícolas. Y llámelo guiño del destino o como prefiera, pero el nombre del pueblo jugaría un papel importante en el futuro: la palabra Ortona incluye esa parte del cuerpo femenino con la que Rocco vive obsesionado, a tal punto que sus escenas de sexo anal son su sello personal. No hay película suya que no incluya un puñado de ellas. 

Rocco Siffredi es un nombre, pero es también una industria. Su compañía, Rocco Siffredi Produzione, tiene su sede en Hungría y produce películas que generan millones de euros. Funciona a las afueras de Budapest cerca de la pista de carreras de Hungaroring, lo que obliga a suspender los rodajes mientras se celebra el Gran Premio de Fórmula 1, en pleno verano, por el intenso ruido de los monoplazas. Así, el inmenso lugar de 100.000 metros cuadrados que cuenta con dos sets de grabación, una pista de motocross de cuatro hectáreas, cancha de voleibol y lago propio cesa sus actividades durante un fin de semana cada año. Rocco es una leyenda por ser incansable en el sexo, pero también por ser un profesional obsesivo: trabaja 300 días al año.

¿Pero cómo llega un monaguillo de pueblo a construir un imperio del porno? La historia es larga y llena de quiebres, la travesía de Rocco a la fama no fue un Ortona de Mare – Budapest directo. 

Un día, Carmela pescó a Rocco masturbándose con la fotonovela Supersex que escondía en el sótano de la casa, y pese a que no lo regañó, él pasó la mayor vergüenza de su vida. En su casa el sexo era tabú, y mientras su madre quería que fuera cura, su padre, que trabajaba con el municipio en obras públicas, esperaba que el penúltimo de sus seis hijos se convirtiera en técnico en electrónica para trabajar junto a su tío en una empresa telefónica.

Ni lo uno ni lo otro. A diferencia de sus amigos, Rocco usaba los domingos por la tarde para conquistar mujeres y no para oír fútbol por la radio. Su obsesión hacia ellas solo se equiparaba a su habilidad para conquistarlas, tanto que perdió la virginidad a los 13 años con una de 25. Se iniciaba así una vida sexual que sigue activa hoy, 33 años después. Rocco afirma que tiene sexo todos los días de su vida, y que solo debió parar una vez por corto tiempo, ya mayor, porque le hicieron la circuncisión.

Cuando tuvo 16 abandonó Ortona de Mare, asfixiado por la vida monótona que allí llevaba: entre semana estudiaba, los fines de semana limpiaba la playa del pueblo y lo que ganaba se lo daba a su madre. A los 16 se enroló en la tripulación de un barco donde hacía de todo, desde trabajar en cubierta hasta labores de cocina. Tenía 18 cuando uno de sus hermanos mayores le dijo que se fuera con él a París, y Rocco no lo pensó un instante. Pasó de ser considerado el maniático sexual del pueblo a vivir en una ciudad que le ofrecería todo tipo de libertades.

A la capital de Francia llegó a comienzos de los ochenta y alternó su trabajo de mesero con hacerse a un lugar en la escena sexual de la ciudad. Rocco se volvió visitante regular de un bar swinger, concepto totalmente novedoso para la época, donde noche a noche se organizaban orgías sin temor al sida, que no aparecería sino años después. En el bar conoció a celebridades como los actores Gérard Depardieu y Michel Blanc, este último ganador de dos premios del Festival de Cine de Cannes. También conoció, en lo que Rocco describe como un momento especial, a Gabriel Pontello, el extraterrestre que tenía sexo con todo tipo de mujeres, en aquella vieja fotonovela que escondía de su familia. Fue el propio Pontello quien lo introdujo en el mundo de las películas pornográficas y le dio una mano para debutar como actor, aún con su apellido de pila, Tano. Rocco asegura que no sintió miedo escénico, apenas los nervios naturales de un principiante. Frente a la cámara no actúa, es él mismo, y dice que nunca ha necesitado de estimulantes artificiales, ni en sus comienzos ni ahora, los tiempos del Viagra. Es capaz de trabajar durante ocho horas continuas y solo una abeja que lo picó mientras rodaba una escena al aire libre ha logrado atrofiarle una erección.

Rocco hizo un par de películas y luego se dedicó al modelaje convencional para volver un par de años después al porno y no abandonarlo jamás. Cuenta que alguna vez, en sus comienzos, fue a su casa natal lleno de miedo, sin saber cómo iban a reaccionar sus padres. Su madre tenía en el cuarto una revista en la que salía Rocco, y había optado por repeler a todos los vecinos que le llegaban a reportar las actividades pornográficas de su hijo con un “y qué esperaban que hiciera si le di una verga tan grande”. Su padre, también orgulloso, dio una entrevista en la cadena de televisión RAI en la que aseguraba que su hijo era bueno, pero que él de joven era mejor. La entrevista está en YouTube y Rocco la ve cada tanto, feliz de haberse metido a sus padres al bolsillo pese a todo.

Siffredi ha conocido el mundo gracias a su profesión. Ha trabajado en Brasil, en Rusia, siete años en Estados Unidos, y ha ganado más de cien premios AVN, considerados los Óscar del porno. En un negocio que mueve millones de dólares al año (dicen que 20.000), Rocco destaca por su profesionalismo, longevidad, dimensiones —23 centímetros—, pero también por su realismo y violencia frente a las cámaras. Las productoras y las actrices hacen fila para rodar con él. Ha actuado con diosas del porno como Jenna Jameson y Briana Banks, e incluso con la legendaria Savannah, una apetecida actriz porno que se suicidó en 1994.

Es tan famoso que alguna vez fue a Kenia para rodar la versión porno de Tarzán con su esposa, y cuando llegó a la videotienda del lugar vio que tenían solo tres películas triple X. Él era el protagonista en dos de ellas. Por supuesto, el hombre que atendía la tienda lo reconoció en el instante.

A Hungría llegó por trabajo, porque el país es uno de los centros del porno europeo, pero también por amor. Era 1993 cuando conoció a Miss Hungría, Rozsa Tassi, en una entrega de premios del porno en Cannes. Se enamoraron, se casaron, se establecieron en Budapest y tuvieron dos hijos, Lorenzo y Leonardo. 

*****

Es hora de volver a Menza, el restaurante del centro de Budapest donde estamos almorzando. Después de superar el episodio del vino caliente, de dar buena cuenta de la carne y de rematar con un helado y un espresso tan italiano como él, Rocco me invita a su casa, sugerencia a la que no puedo rehusarme. Antes le suena el teléfono y empieza a hablar en inglés de los planos para una escena de sexo anal con total naturalidad. Asuntos de trabajo que le incumben solo a él. Cuelga, paga la cuenta y nos vamos; ha llegado la hora de conocer cómo vive el mito. 

Está en moto, pero no tiene un segundo casco, así que para un taxi y le pide que lo siga. Pese a que no habla fluido húngaro, se hace entender. Nos cuesta seguirle el paso. Rocco esquiva carros y se mete entre carriles pese a estar lesionado. Es un hombre acostumbrado a la intensidad de acostarse con miles de mujeres y sufrir múltiples fracturas a causa del motociclismo. Tras un trayecto de poco menos de media hora dejamos la ciudad y llegamos a los suburbios.

El hogar de Rocco son en realidad dos casas, dos mansiones podría decirse, una frente a la otra. Me bajo del taxi y a mano derecha está la de huéspedes. Tiene dos plantas, una cancha de fútbol y un gigante parqueadero donde en el momento hay un Mini Cooper y una camioneta Toyota. A la izquierda, su hogar, con una pared blanca que lo separa de la calle. Nada más abrir la puerta me presenta a su esposa, que ahora se llama Rosa Caracciolo y con quien protagonizó un par de películas en la década de los noventa. A sus 38 años siegue siendo espectacular. Rocco no solo se ha acostado con 5000 mujeres, sino que tiene una esposa que podría volver a ganar la corona de Hungría, si así lo quisiera.

Espectacular es la casa también. El aire acondicionado central está prendido y apenas se entra hay un espacio abierto donde se mezclan la cocina y el comedor auxiliar, todo muy iluminado. Más allá, sin pared que los divida, están el comedor principal de 10 puestos y la sala, donde a medio terminar hay una cartelera sobre las Olimpiadas griegas que le han puesto de tarea en el colegio a Leonardo, de 10 años, el menor de sus dos hijos que a esta hora de la tarde se encuentra en clases de karate.

Para Rocco la familia es muy importante, no solo por el ejemplo de sus padres, sino por su abuelo, un italiano de cuero duro y tradiciones arraigadas que tuvo 24 hijos repartidos en dos matrimonios, 16 en el primero y ocho en el segundo.

Es por eso que, pese a su fama mundial, Rocco trata de mantenerse alejado de los medios de comunicación húngaros. Es un hombre abierto y sencillo, pero no es dado a conceder entrevistas a la prensa local, donde sus apariciones se pueden contar con los dedos de una mano. Y todo pensando en sus hijos, ya que quiere que lleven una vida normal, dentro de lo posible. Lorenzo y Leonardo saben a qué se dedica su padre porque lo han hablado con la mayor naturalidad posible. Conscientes dentro de su inocencia de ser hijos de un actor porno, cuando eran más pequeños y veían a una mujer le preguntaban a Rocco si ella era para él.

El latente anonimato del que goza Rocco en Hungría le permite, por ejemplo, asistir a reuniones de padres de familia del colegio como si fuera uno más. Y cuando algún papá le dice que su cara le resulta conocida, él simplemente ríe con algo de malicia y asume que está ante alguien que ha visto sus películas.

La casa continúa. Más allá del espacio abierto hay un acuario que sirve de pared y que divide la zona social de un estudio que da al patio exterior. Al salir está la piscina y una especie de casa secundaria donde funciona la oficina de Rocco. Se trata de una zona independiente donde está una oficina, el gimnasio que Rocco solía usar más antes que ahora y un apartamento en el segundo piso, todo decorado con innumerables fotos familiares.

Rocco prende el computador y empieza a mostrar cortos de su última película. Famoso y a la vez criticado por sus escenas extremas, se le puede ver teniendo sexo anal con mujeres que encadena y abofetea. Él se defiende argumentando que todo es natural y que su intención no es incitar a la violencia. Basta con leer algunos de sus títulos para entender de qué se trata todo: Obsession with Teen Supersluts, Rocco: Animal Trainer o Anal Nation.

Luego me enseña una audición que acaba de hacer con mujeres adultas en busca de alguien que interprete a una madre que en lugar de regañar a su hija por tener sexo con un desconocido termina uniéndoseles. Se trata de señoras naturales, sin experiencia, ya no digamos en el porno, sino frente a una cámara. Rocco las mira extasiado, es un fanático de la naturalidad. Frente a su cámara, un juguete del tamaño de una cajetilla de cigarrillos que le costó 200 dólares, pasan mujeres con las que bien podría uno cruzarse en el supermercado, varias de ellas están sin depilar.

Lo que se ve en la pantalla del computador capta toda mi atención, pero al voltear ligeramente la cabeza noto que en la repisa más cercana hay una foto de su madre y, junto a ella, una estampa de quien fue su santo preferido en vida: el padre Pío. Carmela murió en 1991, pero aún hoy es una influencia muy fuerte para Rocco, quien no ve nada de malo en que ella sea testigo de sus últimas producciones cinematográficas. Cuenta que cuando falleció, se le fue la sonrisa por varios años.

Termina el show y me propone ir al estudio, el corazón mismo de Rocco Siffredi Produzioni. De salida pasamos por la piscina, donde Rosa y Lorenzo, de 13 años, escapan del calor del verano. Les pido una foto juntos, por lo que ambos salen del agua. El cuerpo de ella es de tal perfección que se ve mejor en vestido de baño que en ropa de calle, lo que ya es mucho decir.

Viendo a Rosa cuesta creer la siguiente historia: Rocco anunció que se retiraría de la actuación cuando llegara a los 40 años y que solo se dedicaría a producir. Pero la decisión fue demasiado para un hombre como él, que apenas ve una mujer piensa en cómo sería llevarla a la cama. Su nueva rutina empezó a carcomerlo, y que pronto empezó a serle infiel a Rosa.

El hecho de grabar películas a diario en sus tiempos de actor nunca lo consideró como infidelidad, puesto que estaba trabajando, pero tener sexo con otras mujeres sin cámaras al frente empezó a volverse una rutina, tanto que en un año se acostó con 1000 prostitutas.

Rosa se enteró porque un día el celular de Rocco se activó por accidente y marcó al número más reciente, que era precisamente el de ella, justo la peor pesadilla a la que le teme cualquier hombre infiel. Del otro lado de la línea se oían gritos y gemidos. El incidente los tuvo sin dirigirse la palabra durante tres meses y al borde del divorcio, pero al final decidieron que lo más sano para la familia sería que Rocco volviera a la actuación.

Dejamos la casa y Rosa despide a su esposo con un beso y a mí con un jugo, como lo haría cualquier ama de casa.

Un letrero en madera que dice “Benvenuti nella casa de Lorenzo & Leonardo” cuelga a la entrada de Rocco Siffredi Produzioni, a unos tres kilómetros de casa. Se trata del mismo aviso que recibía a los visitantes cuando la familia entera residió en Roma por un tiempo años atrás. Cuando se abre la puerta metálica queda expuesto el enorme estudio. A lo lejos se ve la cancha de voleibol que ha sido usada en infinidad de películas. Enseguida un lago y un chiringuito donde se ruedan las escenas al aire libre. La decoración es complementada con un viejo helicóptero de guerra que ya no vuela y que fue usado en Rocco Never Dies.

Hoy fue día de grabación, pero ya todos se han marchado. En la construcción principal, dos señoras hacen el aseo. El lugar, de unos 200 metros cuadrados, está equipado como una casa cualquiera, con sala, comedor, cocina, cuartos, y todo él emana un fuerte olor a sexo.

Tras un breve recorrido llegamos a una especie de hangar gigantesco donde Rocco guarda varios de sus juguetes: una Range Rover blanca y al menos una veintena de motocicletas de todas las marcas, Ducati, Aprilia, Honda, Yamaha, no le falta ninguna. Y no son todas, tiene más, al menos otras 20, a 50 metros de allí, en una nueva construcción con sótano que aún no ha sido terminada. Y parece que a Rocco lo enloquecieran, en su orden, las mujeres, las motos y los aviones a escala, porque en el mismo hangar tiene al menos una veintena de ellos que vuela cada tanto.

Rocco es tan informal como serio. ¿Cómo explicarlo? En el camino al estudio nos cruzamos con tres mujeres montando a caballo y casi enloquece. Me habló de sus atributos físicos como si en lugar de periodista y entrevistado fuéramos amigos de toda la vida, y añadió después que las mujeres que gustaban de montar a caballo tenían una disposición especial para el sexo por aquello de la cabalgata, el sudor, el latido de la bestia. Vive en un mundo de sexo.

Pero ahora se concentra y se dedica a mí, a cumplir con el compromiso que adquirió. Enseña con esmero todo lo que ha construido con los 23 centímetros que mide su miembro, y no se calla nada, es solo amabilidad. Me lleva incluso a un apartado lugar del lote donde está armando una granja con aves de corral, ovejas, cultivos de tomate y donde próximamente habrá un asno. Cuando llega a donde los pollos grita “Il Polo” y posa para la foto.

Estamos en ese plan cuando llega su esposa con Lorenzo, su hijo mayor. Para él y su hermano es normal pasearse sin restricciones por los cuarteles generales de Rocco Siffredi Produzioni, pero solo cuando no hay rodaje. Así, lo que instantes atrás fue el set de una escena donde una mujer fue doblemente penetrada, minutos después es el lugar donde dos niños juegan a corretearse entre sí. Pero esta vez Lorenzo ha llegado solamente para darle unas vueltas a la pista de motocross. Rocco lo ayuda a preparar el equipo, le escoge la vestimenta, el casco y le revisa la moto. Lo acompañamos a dar las vueltas y en los ojos del actor de porno más famoso del mundo se ve el orgullo de padre, pero también la preocupación por la seguridad de su primogénito. De golpe da una curva y lo perdemos de vista, pero segundos después reaparece volando literalmente sobre nuestras cabezas.

El día se ha ido en recorridos y charlas. Van a ser las 9:00 de la noche y aún queda al menos una hora de sol. Rocco habla de lo mucho que ha querido tener un tercer hijo, ojalá mujer, pero se lamenta por lo que llama “mala calidad de su semen”. Ha eyaculado tanto en su vida, al menos unas 50 veces por mes durante más de 20 años, que cree que no tiene con qué dejar embarazada a su esposa. Vuelve a Rosa para decir que la ama y que nunca la abandonará porque no tiene ningún sentido: “Nunca dejes a tu esposa por una más joven, porque la joven se volverá como la esposa que dejaste, y no se puede vivir cambiando para siempre”, afirma.

Recuerda que no le ha ido mal, pero que su fortuna podría ser mayor de no haber gastado tanto dinero de joven, en especial ese millón de dólares que derrochó en relojes que después regaló o malvendió. También recuerda a Nacho Vidal, a quien descubrió en Barcelona en los días en que el actor español era legendario por sus faenas de sexo en vivo en el club Bagdad. Rocco lo llevó de su mano hasta ayudarlo a convertirse en la estrella que es hoy, justo como hizo tiempo atrás Gabriel Pontello con el propio Rocco.

Es momento de despedirse, y Rocco lo hace con dos besos, uno en cada mejilla. Hemos pasado el día juntos y en efecto nadie en Budapest lo ha parado para tomarle una foto o pedirle un autógrafo. Podrá ser conocido en todo el planeta, pero en su casa su mayor fortuna es el anonimato. Es un hombre normal, tan normal que pese a todo el sexo que ha tenido, aprovecha cuando la casa se queda sola para masturbarse. Justo como usted, o como yo.

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