Rocky Balboa es la primera clave de esta historia. Existe en la ficción, pero fue por él que yo siendo niño quise meterme en el boxeo. Y lo hice, fui boxeador profesional durante 14 años. Andrew Golota es la segunda clave. Él es de verdad, y también lo fue el derechazo que estrelló contra mi ojo en 1998 y que hizo que mi retina se desprendiera. Esa es la tercera clave, la que me obligó a abandonar el boxeo profesional por un largo tiempo.

Tyson es la cuarta clave de esta historia. Mientras me encontraba sin trabajo, el antiguo entrenador de Tyson, Jeff Fenech, me contactó para que fuera su sparring. La impresión fue tan fuerte como el golpe de Golota. Desde siempre Tyson fue uno de mis héroes, verlo pelear era increíble, y ahora yo iba a pelear contra él.

Lo primero que me dijo Mike el día que lo conocí fue una advertencia clara: "Si vas a pelear conmigo, tienes que hacer tu mayor esfuerzo porque yo voy a hacer todo lo posible para noquearte". Yo, por alguna razón, lo interpreté como un acto de amabilidad. De hecho, esa persona que todo el mundo piensa impredecible y malgeniada es en realidad muy tranquila. Nunca en un entrenamiento hizo algo que no debiera. Aunque parte de eso se debe a que toma unas pastillas para la depresión, que en los entrenamientos —antes de las peleas no las puede tomar— lo tienen con la cabeza mucho más fría.

Ahora bien, eso no significa que no pegara fuerte, y ese primer día de entrenamiento me quedó muy claro. Cuando uno recibe un golpe suyo, no es raro pensar que tiene escondidos ladrillos en sus guantes. El uppercut de gancho izquierdo es fulminante, pero el peligro no es su fuerza, sino su velocidad. El estilo de Mike, sobre todo de joven, era maravilloso, sus pies se movían rápidamente y lanzaba golpes desde todos los ángulos. Por eso la clave, cuando se pelea contra él, es saber mantenerlo lejos. Nunca logré noquearlo pero, aprendida esta lección, tengo el honor de decir que él tampoco me pudo noquear.

Mike entrenaba cuatro veces a la semana, cada día con un sparring diferente. Con todos y cada uno de nosotros era una persona muy especial. Recuerdo una época en la que yo tenía problemas de dinero y Mike, al enterarse, me llamó, me dijo que no me preocupara, y me dio 2.000 dólares. Él haría mover el mundo entero con tal de ayudar a las personas cercanas.

Después de trabajar con él desde el 2005 hasta el 2007 puedo decir que es mi amigo y, cuando se puede, salimos a tomarnos algo. Pero hoy en día sale poco. Recientemente nos enfrentamos en una pelea de exhibición en la que mi trabajo fue dejar que él se luciera, casi como ser sparring, pero en vivo. Yo por mi parte pienso volver a los rings dentro de poco, y me siento mucho más confiado, pues pelear una vez a la semana con uno de los mejores boxeadores que ha dado la historia hace crecer a cualquiera. Si lo pienso bien, podría decir que Mike también me entrenó a mí.

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